La Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria de Francia (Anses) emitió una alerta urgente sobre la creciente contaminación de la población con cadmio. Este metal pesado, presente en los suelos y fertilizantes, se acumula en el organismo principalmente a través de alimentos básicos como pastas, panes y papas. Casi la mitad de los adultos superan hoy los niveles de seguridad permitidos.
La situación es calificada como preocupante por los expertos, ya que el cadmio es un contaminante reconocido como cancerígeno y mutagénico. Al no ser eliminado fácilmente por el organismo, se distribuye por diversos órganos, afectando el sistema cardiovascular, el páncreas y la próstata. Además, se estima que casi una cuarta parte de los casos de osteoporosis actuales son atribuibles a la exposición prolongada a este elemento.
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Metal cadmio.
Cereales y papas: la principal fuente de riesgo
A diferencia de lo que se suele creer, el chocolate es un contribuyente menor en la ingesta total de cadmio. La alimentación explica hasta el 98% de la presencia de este metal en el cuerpo, con una excepción para los fumadores, quienes reciben una dosis doble a través del tabaco. Los productos que más aportan a esta "surexposición" son los cereales, las papas y las verduras, elementos esenciales en la dieta diaria.
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El informe de la Anses, coordinado por la toxicóloga Géraldine Carne, destaca que los niveles detectados en Francia son significativamente superiores a los de países vecinos como Inglaterra o Italia. Esta diferencia podría deberse a un uso más intensivo de ciertos fertilizantes agrícolas y a un consumo elevado de productos derivados del trigo.
El mito de los alimentos orgánicos y el cambio de dieta
Una de las revelaciones más importantes del documento contradice una creencia popular: consumir productos orgánicos no garantiza estar a salvo del cadmio. La agricultura biológica puede verse igual de afectada que la convencional, ya que el uso de ciertos fertilizantes permitidos en la categoría "bio" también contiene este metal pesado. Ante este escenario, la agencia no formula recomendaciones específicas hacia los productos orgánicos debido a la falta de resultados concluyentes.
Para reducir los riesgos, los especialistas sugieren realizar un reequilibrio en la dieta cotidiana. Las legumbres, como las lentejas o los garbanzos, están hasta diez veces menos contaminadas que los cereales. Asimismo, se recomienda limitar el consumo de productos de trigo con bajo interés nutricional, como galletas o cereales de desayuno azucarados, que contribuyen a la acumulación del metal sin aportar beneficios claros.
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Finalmente, el organismo sanitario insta a las autoridades a revisar a la baja los umbrales de seguridad permitidos en los alimentos importados y a limitar la dependencia de fertilizantes minerales fosfatados. La solución definitiva requiere un compromiso de toda la cadena agrícola para reducir la presencia de este metal en el suelo antes de que llegue a nuestra mesa.