Olivicultura: el momento para resurgir

Imagen ilustrativa / Archivo
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De acuerdo a información estadística publicada por la DEIE, solo en los últimos seis años se perdieron 1.275 hectáreas de olivo en la provincia.

Mendoza se convirtió en la primera Indicación Geográfica (IG) para el aceite de oliva virgen extra (AOVE) del país y de toda América. Es una noticia sumamente positiva que abre muchas puertas y promete nuevas oportunidades de venta en el mundo, pero para que las proyecciones se conviertan en una realidad, se debe trabajar a fondo en una reconversión que garantice la subsistencia del negocio.

Calidad hay, eso no está en duda, pero es innegable que en la última década la actividad fue demasiado dura para decenas de productores, que se vieron obligados a abandonar sus fincas y migrar a otros sectores. De acuerdo a información estadística publicada por la DEIE, solo en los últimos seis años se perdieron 1.275 hectáreas de olivo en la provincia, y de acuerdo a los referentes de la industria, Mendoza está 15.000 hectáreas por debajo de la superficie olivícola que existía en el mejor momento del sector.

La buena noticia es que hay varios proyectos de inversión en camino, como se describe en la nota central de esta edición de Fincas, pero aun así se necesita un impulso mucho más grande para que la olivicultura local termine de despegar definitivamente.

¿Qué hace falta? a nivel sectorial es necesario que los productores más chicos adopten las buenas prácticas que están aplicando las empresas de mayor prestigio y, en la medida de lo posible, que se tecnifiquen para lograr mejoras de volumen y calidad.

A nivel general la olivicultura necesita lo mismo que muchos otros sectores: un escenario más predecible, costos estables, menor presión tributaria, acceso a financiamiento flexible y mayor cantidad de acuerdos comerciales para salir a negociar al mundo.

Por la situación en la que se encuentra Argentina hoy, es difícil que la macroeconomía se ordene en el corto plazo. Por eso, la industria deberá arremangarse y prepararse para, una vez más, salir a pelearla.

Lo importante es que en medio de la batalla por la subsistencia no se pierda el foco de hacia dónde va la industria. La obtención de la IG no es algo menor; es un gran logro que el sector supo ganarse tras largos años de trabajo. Ahora es el tiempo de demostrar, de “salir a sacar chapa” y enseñarles a los mercados por qué el aceite de oliva mendocino es digno de ser reconocido.

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