22 de mayo de 2026 - 21:48

"Saludos, yo", una obra que pone en escena los silencios de muchos adolescentes

Hernán Iguácel presenta "Saludos, yo", una mirada íntima sobre los silencios y la búsqueda de aceptación en la vida de los adolescentes.

Los problemas de ansiedad, aislamiento y dificultades para comunicarse entre adolescentes dejaron de ser situaciones excepcionales para aparecer cada vez con más frecuencia. Sobre ese escenario se construye "Saludos, yo", la nueva obra dirigida por Hernán Iguácel, que estrena el domingo 24 de mayo en Nave Cultural.

Las entradas están disponibles en la boletería del teatro y a través de Entradaweb.

Inspirada en el universo de Dear Evan Hansen, el reconocido musical estadounidense estrenado en 2015, la versión mendocina toma algunos elementos de la obra original, pero desarrolla una mirada propia, mucho más cercana e íntima. El protagonista es Iván, un joven con ansiedad social que, por recomendación de su psiquiatra, comienza a escribirse cartas a sí mismo como una manera de ordenar lo que siente y darse ánimo para atravesar sus días.

Saludos, yo
La obra es un musical protagonizado por Iván, un adolescente que escribe cartas para sí mismo.

La obra es un musical protagonizado por Iván, un adolescente que escribe cartas para sí mismo.

La adaptación y dirección general de "Saludos, yo" están a cargo de Hernán Iguácel, quien además se desempeña como técnico de sonido e iluminación. La dirección vocal es de Gonzalo Bendelé y la producción pertenece a Ania Josefina Ormeño junto a Tanto Ruido Teatro. El elenco está integrado por Nahuel Arce, Nacho Ruarte, Raquel Delú, Martín Durán, Camila Acosta, Eugenia Videla, Nicolás Poklava y Marina Villalba, mientras que los covers son Mariano Olibano, Gonzalo Canillas, Isabel Pereira, Gonzalo Bendelé, Josefina Canillas, María Fernanda Gómez, Ezequiel Aracena y Lucila Prat. El vestuario y la escenografía fueron desarrollados por Tanto Ruido Teatro y el diseño gráfico y manejo de redes sociales está a cargo de HI Comunicación Visual.

"Saludos, yo": una mirada íntima sobre la adolescencia

“Termina esas cartas firmándolas con un ‘Saludos, yo’”, cuenta Iguácel. “Por eso aparece el título. Tiene que ver con hablarse a uno mismo, escucharse y tratar de darse un mensaje positivo”. La obra apuesta por algo más simple y al mismo tiempo más difícil: mostrar emociones reconocibles en la adolescencia. El miedo a no encajar, la soledad, la necesidad de pertenecer y la dificultad para pedir ayuda atraviesan toda la historia.

Para Iguácel, uno de los puntos centrales de la obra tiene que ver con la importancia de hablar antes de que los conflictos crezcan. “La obra habla mucho de la necesidad de ser escuchado”, explica. “Y también de animarse a contar lo que uno está viviendo”.

El director sostiene que muchos de los problemas que viven hoy los adolescentes encuentran una amplificación permanente en las redes sociales. Rumores, burlas, imágenes privadas o situaciones cotidianas pueden viralizarse rápidamente y generar consecuencias emocionales muy fuertes.

Saludos, yo
La relación con los adultos, también se pone en escena.

La relación con los adultos, también se pone en escena.

“Vivimos en una sociedad donde todo pasa primero por las redes sociales”, señala. “Cualquier cosa puede crecer muchísimo en poco tiempo. Lo vemos mucho con adolescentes. Tal vez alguien comparte algo desde la inocencia o desde una especie de juego y de golpe eso se vuelve enorme”.

Durante la entrevista, Iguácel menciona especialmente los casos donde imágenes privadas o situaciones personales terminan expuestas públicamente. “Hay chicos que se sienten muy vulnerables frente a eso”, dice. “Y muchas veces, en lugar de hablarlo o pedir ayuda, terminan encerrándose o tomando las peores decisiones”.

Según el director, uno de los temas más importantes de la obra es justamente la dificultad para expresar lo que les pasa a muchos jóvenes. “La necesidad de hablar y no poder hacerlo es central en la historia”, explica. “Y cuando alguien no puede hablar, aparece la importancia de encontrar a otro que quiera escuchar”.

Un musical más íntimo y cercano

Aunque "Saludos, yo" pertenece al género musical, Iguácel aclara rápidamente que la propuesta se aleja bastante del formato clásico de grandes producciones teatrales. “Es más un drama musical”, resume. “Tiene momentos de humor, pequeños alivios, pero la esencia de la obra está puesta en lo emocional”.

Esa búsqueda también aparece en la puesta en escena, que según cuenta se construyó desde un lugar mucho más cercano al realismo. “La cercanía con el público obliga a que todo sea muy orgánico. No podíamos trabajar desde algo exagerado porque la obra necesita verdad”.

Para el director, ese tono íntimo genera un vínculo muy distinto con el espectador. “La idea es que el público no vea personajes lejanos, queremos que sientan que podrían ser chicos que conocen, hijos, sobrinos, alumnos o incluso situaciones que vieron de cerca”.

Esa identificación aparece como uno de los puntos más fuertes de la propuesta. Porque aunque la historia esté centrada en adolescentes, muchos adultos terminan reconociendo conflictos cotidianos que atraviesan a sus propias familias.

“La obra no busca señalar culpables”, aclara Iguácel. “Más bien intenta abrir preguntas”. Entre ellas, una aparece constantemente: cuánto conocen realmente los adultos el mundo emocional de los jóvenes. “A veces convivimos con alguien que la está pasando mal y no nos damos cuenta, o creemos que son cosas menores porque no entendemos la dimensión que tienen para ellos”.

Saludos, yo

La adaptación de un fenómeno internacional

Dear Evan Hansen, obra en la que se inspira "Saludos, yo", se convirtió en uno de los musicales más exitosos de los últimos años por la manera en que abordó temas como la ansiedad social, la soledad adolescente y la necesidad de pertenecer.

Sin embargo, Iguácel aclara que no quiso hacer una copia exacta del material original. “Lo que hice fue una versión libre. Tomé elementos del musical, de la película y también de la novela. Desde ahí armé esta adaptación”.

El director considera que la historia sigue teniendo enorme vigencia porque muchas de las problemáticas que plantea incluso se profundizaron en los últimos años. “Hoy las redes atraviesan todo, y los adolescentes están expuestos permanentemente”. En este sentido agregó: “Me importaba mucho trabajar la humanidad de cada uno, que no fueran personajes acartonados ni estereotipos”.

Sin embargo, insiste en que no busca demonizar la tecnología ni bajar un mensaje simplista. “La obra no dice ‘las redes son malas. Lo que plantea es qué pasa cuando alguien se siente solo o vulnerable dentro de esa dinámica”.

También remarca que el musical intenta mostrar cómo muchas veces los adultos quedan desconectados de ese universo emocional. “Los códigos cambiaron muchísimo y a veces cuesta entender cómo impactan ciertas cosas en los chicos”.

Saludos, yo
Los adolescentes, sus miedos, sus vínculos y sus formas de comunicarse.

Los adolescentes, sus miedos, sus vínculos y sus formas de comunicarse.

El trabajo con actores mendocinos

Para construir el elenco, Iguácel realizó un casting abierto en Mendoza donde participaron numerosos jóvenes artistas. “Fue una experiencia muy linda”, recuerda. “Siempre aparecen personas con muchísimo talento”.

Algunos integrantes ya habían trabajado previamente con él, mientras que otros se incorporaron especialmente para esta producción. “El casting sirve mucho también para descubrir gente nueva. En Mendoza hay artistas muy buenos”. La obra cuenta además con dos elencos completos: titulares y covers. Es decir, actores preparados para interpretar los mismos personajes cuando otro integrante no puede participar de una función.

Lejos de verlo únicamente como una cuestión técnica, Iguácel destaca el valor artístico de ese trabajo paralelo. “Es muy interesante ver cómo dos personas distintas hacen el mismo personaje”, explica. “Dicen el mismo texto, viven las mismas situaciones, pero cada uno aporta algo diferente”.

Según cuenta, incluso para los propios actores resulta enriquecedor observar esas diferencias. “Es increíble cómo cambia un personaje según quién lo interprete. Ahí aparece mucho de lo humano”. Aunque los personajes son adolescentes, la mayoría de los intérpretes son jóvenes adultos. “Trabajar con menores tiene otras complejidades. Entonces buscamos actores que estuvieran cerca de esas edades y que pudieran conectar con esas experiencias”.

Durante los ensayos, muchos reconocieron situaciones similares en historias propias o de personas cercanas. “Eso ayudó mucho porque nadie sentía que estaba trabajando sobre algo lejano”.

Saludos, yo
Los vínculos adolescentes en el centro de la escena.

Los vínculos adolescentes en el centro de la escena.

Una obra que apunta a generar conversación

Más allá de lo artístico, Iguácel reconoce que le interesa especialmente que la obra pueda abrir conversaciones que muchas veces no se dan. “Hay temas que todavía cuesta muchísimo hablar y a veces una obra puede funcionar como disparador”.

Para el director, el teatro todavía conserva algo difícil de reemplazar: la posibilidad de compartir una experiencia colectiva. “No es lo mismo leer algo en el teléfono que sentarse a ver una historia con otras personas”, sostiene. En ese sentido, cree que "Saludos, yo" puede interpelar tanto a adolescentes como a adultos. “Los chicos seguramente se van a sentir identificados con muchas cosas”, explica. “Pero también creo que a muchos padres les puede servir para entender ciertas situaciones desde otro lugar”.

La obra evita caer en discursos moralistas o respuestas cerradas, sino que propone detenerse en emociones y conflictos que suelen quedar ocultos detrás de rutinas cotidianas. “La idea no era hacer una obra solemne”, aclara Iguácel. “Queríamos que fuera humana”.

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