Alicia, con una rigurosidad argumental inquebrantable y soporte fotográfico, abrió los relatos y tragedias de sus antepasados a la escritora que, ávida de nuevas heroínas, encontró a dos protagonistas que la conmovieron no solo por sus proezas, sino por la humanidad que las envuelve.
“Como con muchas historias que me llegan, algunas llaman la atención y otras no. Pero cuando Alicia me empezó a contar sobre la vida de sus abuelas, supe que esto lo quería escribir”, explicó Diana en una charla exclusiva con Los Andes. Y agregó: “Son mujeres del llano, que nada tenían resuelto y se hicieron a sí mismas. Hoy diríamos ‘emprendedoras’. Ninguna vida es color de rosa, pero ambas muestran la riqueza de sus personajes. Lo más valioso es que existieron y su descendencia está hoy entre nosotros, recordándonos a nuestros abuelos y abuelas”.
Lola y Rosa, las heroínas de Diana
Lola llegó a Argentina desde Galicia con apenas 15 años. Sus padres la enviaron con un nombre en un papel, de una persona que le daría trabajo, y un objetivo: juntar el dinero suficiente para pagarle el viaje a sus hermanos. Con una personalidad aguerrida y una determinación que la distingue desde joven, se enfrentó a un destino que podría haberla puesto en riesgo apenas pisó el país.
“Cumplió los 15 años en el barco, era muy chica. Encima, al llegar, descubre que estaba en peligro y que incluso podría enfrentarse a situaciones de prostitución. Su primera acción fue escaparse y quedarse sola, buscando su propio camino”, introdujo la escritora.
Lola a sus 18 años.
gentileza
Abrió su propio camino y aprendió el oficio de modista. Su historia es la de una mujer que, pese a no contar con privilegios, demuestra que la valentía, la creatividad y la perseverancia permiten superar obstáculos y construir una vida propia de la que ella misma se siente orgullosa.
Por su parte, Rosa, italiana y profundamente familiar, huyó de su país con su marido y sus hijos en pleno fascismo, tras perder su hogar y enfrentarse a la violencia política. Su vida de rutina y tradición se vio bruscamente interrumpida.
Sentada a la derecha, Rosa.
Sentada a la derecha, Rosa.
gentileza
A través de la cocina, el cuidado de su familia y la enseñanza a sus hijas, buscó transmitir valores y prepararlas para superar sus propios obstáculos. Rosa muestra un tipo de fortaleza que la diferencia de Lola y que se expresa con más sutileza, como una caricia de madre que esconde una preocupación profunda.
Inmigrantes, una historia cercana a los argentinos
Entre estas dos mujeres de comienzos del siglo XX y las jóvenes de la actualidad que también emigran, pero en sentido inverso —de Argentina a Europa—, Diana encuentra una gran similitud: el dolor por dejar la tierra natal, los sabores de la infancia y los abrazos de una vida que ya no tiene futuro para ofrecerles.
“A Lola y Rosa el haber dejado España e Italia les dejó una herida en el corazón que, más allá de haber hecho sus vidas acá, nunca subsanaron. Y eso es algo que hoy en día también se ve en nuestros chicos cuando se van. Por más que 'triunfen' siempre está el dolor de que llegue el domingo y no tengan a la familia o la juntada con los amigos, se extraña del país”, declaró la escritora.
“Existen los temores, las malas decisiones, o tener que hacer algo que uno no quiere y que sabe que no está bien, pero es la única salida que tiene. Siguen siendo los mismos sentimientos, aunque hayan pasado cien años. Frustración, esperanza, ilusión: todo eso persiste”, rescató.
Cuando Diana estaba en plena construcción de "Más allá del mar", tuvo la oportunidad de conversar con el embajador de Italia.
A comienzos de 2025, el gobierno italiano impulsó una reforma que restringe la obtención automática de la ciudadanía por descendencia, limitándola únicamente a hijos y nietos de ciudadanos italianos —dejando fuera a bisnietos y generaciones posteriores—, aunque permitiendo que aquellos con trámites iniciados antes del 27 de marzo sigan el proceso bajo las normas anteriores.
Sin embargo, un fallo de la Corte Constitucional del 31 de julio reafirmó el principio del ius sanguinis sin límite generacional y habilitó la vía judicial para quienes fueron afectados por las nuevas restricciones.
“Con el embajador comentamos la importancia de que los nietos que buscan la ciudadanía comprendan su significado. Es fundamental que quienes inician este trámite sepan por qué serán ciudadanos italianos. Es crucial que entiendan la historia detrás de ese derecho a pertenecer a un país. Yo puedo ser ciudadana española porque mi abuelo Alfredo emigró pero, ¿quién era mi abuelo Alfredo? ¿De dónde vino? ¿Cuál fue su camino? Conocerlo transforma la ciudadanía de un simple documento en algo mucho más profundo y significativo”, razonó.
Según Diana, los jóvenes de entre 20 y 30 años están hoy bastante alejados de las historias familiares. Frente a ese panorama, considera que recae sobre su generación, de quienes tienen entre 50 y 60 años, la responsabilidad de rescatar y preservar lo que escucharon de sus abuelos, para que las nuevas generaciones no pierdan ese legado.
“Saber de dónde venimos es fundamental para entender hacia dónde vamos”, enfatizó. En los últimos años, incluso, cada vez más jóvenes se interesan en indagar sobre el pasado de sus abuelos o bisabuelos. Para Diana, quienes aún tuvieron la posibilidad de escuchar esas voces guardan una especie de “antorcha” que debe mantenerse encendida y transmitirse en el tiempo.
Diana Arias-Mas alla del mar
El valor de contar historias de vida
Desde las primeras tribus, los humanos hicieron fuego, se reunieron en rondas y prestaron atención a las historias que sus mayores tenían para contar: información, enseñanzas, anécdotas e historias para nutrir el inconsciente antes de dormir.
“Contarnos relatos nos constituye como seres humanos. Poder entender, a partir de la vivencia de otro, algo que nos sucede a nosotros, o vernos reflejados, es maravilloso. Por eso existen los libros, las películas y las series: somos, en esencia, seres que se cuentan historias todo el tiempo”, aclaró.
Y qué más humano que las narrativas donde el amor cobra protagonismo. En el caso de Lola, con romances apasionados dignos de una novela, que no duran para siempre y la llevan a enfrentar mareas tumultuosas. En cambio, Rosa y su matrimonio bajo la concepción “Susanita” de pareja enfrentan los desafíos con valores que la llevan a resistir, como lo definió la autora.
Sobre cómo hubieran vivido la concepción actual de amor, más liberal y sin ataduras, opinó: “Me imagino que cada una lo habría tomado de manera distinta. Rosa probablemente se hubiera escandalizado, quizás pensando en el dolor de un hijo que elige algo que para ella no estaba bien. En cambio, Lola estoy segura de que habría acompañado a quien fuera. De hecho, en la novela hay situaciones en las que pensamos: ‘wow, esta mujer parece que estuviese hoy viviendo con nosotros’. Era una adelantada a su tiempo”.
Aunque las nuevas generaciones estén cada vez más absorbidas por la inteligencia artificial y lo visual, las historias que reconfortan y respetan otros tiempos conservan un lugar importante. Diana afirma que, aunque escribe sobre hechos graves o dolorosos, lo hace de una forma que da calma al alma del lector.