8 de mayo de 2026 - 14:38

Gabriela Exilart y las mujeres invisibilizadas de la historia: "Siempre hubo un germen rebelde"

La escritora presenta su nuevo libro “Tierra Herida”. Cada vez más alejada del romance, la abogada da rienda suelta a su versión de justiciera innata.

La escritora presenta su nuevo libro “Tierra Herida”, que toma a los personajes infantiles de su escrito anterior “El Secreto de Azucena” y los convierte en adultos con un bagaje casi crismorenezco de abandono y orfandad, y con una lucha que los reunirá nuevamente, en mayor o menor medida: los derechos de los trabajadores y las mujeres.

"Tierra Herida", el nuevo libro de Gabriela Exilart.

"Tierra Herida", el nuevo libro de Gabriela Exilart.

Un vicio profesional que tengo es estar siempre buscando estos hechos que no tuvieron justicia legal en su momento y otro de los ejes que siguen a mi obra, inconscientemente y vaya a saber por qué, es el tema de la identidad, de saber de dónde venimos, quiénes somos, los niños robados, los vínculos ocultos. Son temas que a mí me atraviesan. No sé por qué”, cuenta Gabriela en una charla con Los Andes.

La escritora aclaró que quizás debería ir a decodificar o constelar sus vínculos para saber por qué siempre inclina sus obras hacia la búsqueda de las raíces. “El tema de la identidad me desvela mucho”, analiza, casi introspectivamente en voz alta.

Si bien Exilart recomienda leer “El secreto de Azucena” y “Tierra Herida” consecutivamente —huyendo de la fiebre de las secuelas para las que hay que esperar dos años entre una y otra— son historias concebidas como unidades separadas. Ambas ocurren en Tandil: la primera habla de la masacre de “Tata Dios” y la nueva novela cuenta la lucha de los picapedreros en las canteras donde se fabricaban los adoquines que modernizarían la ciudad de Buenos Aires en las vísperas del Centenario de 1910. Pero, ¿a qué costo?

Surgió la idea de escribir esta novela cuando estaba investigando la masacre de Tandil, porque me prestaron un libro que se llamaba, justamente, ‘Los Picapedreros’. La persona que me lo dio lo hizo para ayudar en la investigación de ‘El secreto…’, pero no había nada, apenas una leve mención. Lo que sí contaba era la vida en las canteras, las huelgas y las luchas de los trabajadores. Y yo dije: ‘acá tengo otra novela que puedo escribir en el mismo escenario, con un salto temporal’”, explica.

Buen día, ayer estuve recorriendo librerías de Buenos Aires y dejé ejemplares firmados en @elat
Gabriela Exilart y su nuevo libro sobre una historia real no contada.

Gabriela Exilart y su nuevo libro sobre una historia real no contada.

A diferencia de sus últimas novelas, donde relató las masacres de Napalpí en Chaco, de Oberá en Misiones y ahora la de Tata Dios en Tandil, esta vez la lucha de poder y la injusticia tienen una resolución que, por fin, deja caer la balanza levemente para el lado de los desamparados. Los picapedreros se organizan en un movimiento obrero para exigir disminución de la jornada laboral, un franco dominical e incremento salarial.

Se logra, pero con muchos daños en el medio, atropellos, violencia y desprendimiento por parte de los personajes. Se logra, pero tardíamente, como siempre ocurre, que tiene que correr sangre o pasar algo grave para que se produzca un cambio”, responde. Y analiza: “Creo que es parte de la historia, que los cambios nunca han sido fáciles. Todo lo que implica modificar el status quo siempre es resistido y eso genera esas fracturas. Pero sí, ellos logran los cambios, aunque no gratuitamente”.

Las mujeres (no tan) heridas de Gabriela Exilart

Aunque el título “Tierra Herida” plantea un agrietamiento vivo que sangra y duele, el libro es una especie de parche para distintas desigualdades: la de los trabajadores, las mujeres y los indios. Tanto en las historias grupales como en las individuales de las protagonistas mujeres, Azucena Caballero aparece como una versión de un progreso femenino que evoluciona generacionalmente y tiene como resultado a Ana, su sobrina huérfana que vivió en la estancia de sus tíos, y a Celestina, la hija de su marido Facundo, resultado de un amorío anterior.

Monumento a los picapedreros en Tandil.
Monumento a los picapedreros en Tandil.

Monumento a los picapedreros en Tandil.

Las mujeres han sido siempre contadas desde el punto de vista masculino, entonces aparecen por lo general como sumisas, que se amoldan al régimen legal de la época, al patriarcado, a la administración de los padres o los maridos. Pero no todas acataban eso. Siempre había un germen, una rebelde que quería salirse del molde o que sabía que en otros países existía una lucha femenina”, razona.

En este caso es Ana quien ocupa el rol de justiciera: se muda por cuatro años a Buenos Aires a estudiar para convertirse en docente y así poder educar a los niños de su pueblo. Hacia fines de 1890, en Argentina las mujeres comenzaban a organizarse por la igualdad civil, la educación y los derechos laborales, impulsadas por anarquistas, socialistas y librepensadoras, la mayoría extranjeras europeas: una de ellas, Julieta Lanteri, se menciona en el libro.

Gabriela Exilart y las mujeres invisibilizadas de la historia: "Siempre hubo un germen rebelde"
Gabriela Exilart y las mujeres invisibilizadas de la historia: “Siempre hubo un germen rebelde”

Gabriela Exilart y las mujeres invisibilizadas de la historia: “Siempre hubo un germen rebelde”

De Ana, la escritora destaca especialmente la dureza de su infancia y la violencia que atravesó desde pequeña, atravesada por la orfandad. “Yo creo que eso marca la vida de cualquiera. Todo lo que nos pasa en la infancia nos quema a fuego y a veces es muy difícil salir”, reflexionó. Esa complejidad emocional fue, según explica, uno de los aspectos más atractivos al momento de escribirla.

Celestina, por su parte, lo hace de una forma más personal: su decisión de no estar con un hombre hasta sus treinta y tantos, el ejercicio de su profesión como modista y su paso por la cárcel, por un crimen que no cometió, donde se entrecruza con historias de mujeres dentro de la prisión de Tandil, la mayoría injustamente como desobedecer a sus padres. Es en ella donde surgen algunas contradicciones internas y sesgos dentro del mismo feminismo, como cuestionar a una mujer que asesinó en defensa propia.

Creo que eso nos pasa hasta hoy. Yo, que no soy feminista extrema, a veces digo cosas y mi hija, que tiene 20 años, me dice: ‘Mamá, sos re machista’. Y yo pienso: ‘Ay, por Dios, tiene razón’”, cuenta. Y suma: “Si nos cuesta a nosotras, imagino en esa época lo que habrá sido. Esas luchas internas y no saber si uno está bien parado en sus ideales. Existen esas contradicciones, pero creo que todavía mi generación, por lo menos, está atravesada por eso”.

Para reivindicar estas luchas, Exilart decide incluir en su relato a Ernesta Mosca, la “heroína roja” de Tandil, bajo el nombre de Ernestina Di Luca. La anarquista, junto a otras mujeres, defendió los puestos de los trabajadores, en su mayoría sus maridos y parejas, y expulsó a los rompehuelgas que llegaban en tren.

Ese es un homenaje. Fue una de las mujeres de la cantera que murió, que mataron de un culatazo en la huelga. Ellas existieron, no es que son solo personajes de ficción. No han sido visibilizadas y cuando encuentro algún hecho así, que no se quedaban con los nenes en la casa y no hacían nada, sino que acompañaban estos movimientos, me parece lógico mostrarlo”, desanda.

Como el caso de Ernestina Di Luca, muchos de sus personajes están basados en personas reales de la época, relatos que sus descendientes, nietos o hijos, que aún viven en Tandil, le contaron a la escritora en uno de sus tantos viajes de investigación a la tierra de los picapedreros.

Los picapedreros de Tandil
Los picapedreros de Tandil

Los picapedreros de Tandil

“Esa es la riqueza que tienen las novelas románticas e históricas, que a veces uno puede acceder a testimonios y anécdotas que retratan muy bien lo que ocurría ahí dentro”, comenta, aunque sus historias cada vez están más lejos de la categoría vinculada al amor y más cerca de relatar sucesos del pasado reciente.

Más cerca de la historia y aún más lejos del romance edulcorado

“Lo que más me cuesta es escribir la historia romántica”, reveló sorpresivamente la escritora, cuyas novelas generalmente —y tal vez por una decisión publicitaria y comercial— aparecen en la sección de novelas románticas.

A Exilart lo que le interesa es el hecho histórico, contar qué le sucedió a la gente en ese contexto, a qué luchas sociales se enfrentaron y los abusos que sufrieron. “Es contar más la historia en sí que una historia de amor”, sostuvo. Y agrega que no está dispuesta a forzar un romance donde no lo hay. El problema es que cada vez menos lo encuentra entre sus personajes, quienes explicitan en su relato esta visión más madura y menos idealizada del amor.

Celestina rechaza aceptar un matrimonio porque la sociedad le demanda estar casada a su edad y Ana, la que más lucha contra los mandatos, está presa dentro de su propia relación. Este último personaje marca un cambio de su versión estudiante y la ilusión de la primera mirada de deseo de un hombre, con la realidad de la convivencia, las finanzas familiares y la maternidad. Incluso, Azucena abandona sus celos, que la caracterizaron en la novela que la tiene como protagonista, para encontrarse de forma más madura con Facundo.

“También tiene que ver con una cuestión de edad, en la cual yo ya soy una mujer grande, que no cree en el amor como lo creía cuando era jovencita y escribía novelas. Ese amor idealizado, edulcorado, que todo lo puede. A esta edad esa ilusión no está. No creo en ese amor romántico incondicional. Hoy las relaciones son tan líquidas, tan fuera del compromiso, con tan poca responsabilidad emocional”, aclara.

Su próximo libro, la historia de lo que “nos pasó a las mujeres”

En la misma línea de “Tierra Herida”, aunque con una historia completamente distinta, Gabriela ya tiene el 70 por ciento de su próxima novela escrita. Ahora está en el proceso de destriparla, volver a armarla y jugar con este Frankenstein de páginas e ideas. Si bien en un principio iba a ser una historia lineal, decidió que recorrerá tres tiempos que irán y volverán durante todo el relato.

“Estoy desarmando para volver a conectarlo”, contó. Sobre la trama da un pequeño adelanto, que presentó con la palabra “lamentablemente”: “La introduzco así porque son hechos históricos muy fuertes y crudos, que recién en estos años se están destapando. Es una novela bastante dura por todas las cosas que nos han pasado a las mujeres, pero me gusta estar en ese compromiso”.

Lejos de autoimponerse una fecha para empezar a escribir a nada de haber lanzado otro libro, la novelista asegura que es una decisión egoísta y no una presión autoimpuesta o editorial. La necesidad de escribir es la que la impulsa. “El cuerpo me pide escribir”, cierra la mujer a la que su mente y corazón le piden ser vocera y desempolvar las injusticias enterradas en tierras heridas.

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