Pasó por Mendoza Living Colour, una ecléctica y notable banda de Nueva York que tuvo su momento de mayor brillo en los años 90, pero que este domingo dio muestras claras de su calidad y vigencia.
Más de 1.400 personas quebraron la pereza dominical para presenciar un show histórico en Mendoza de la banda de Nueva York.
Pasó por Mendoza Living Colour, una ecléctica y notable banda de Nueva York que tuvo su momento de mayor brillo en los años 90, pero que este domingo dio muestras claras de su calidad y vigencia.
Living Colour existe desde hace más de cuarenta años. Se destaca, más que nada, por ser un grupo de músicos negros que tocan rock. Pero esa característica, de por sí llamativa, no es la única. Transmiten desde el escenario la experiencia de provenir de una de las ciudades más cosmopolitas del mundo.
El cruce de culturas marca su identidad, como dijo su baterista Will Calhoun en la entrevista que publicó Los Andes este domingo, antes del recital. Entonces, el pulso es rockero, pero por esa puerta entran y salen como arrebatos muchos de los sonidos de la música negra (funk, hip hop, jazz), de la que nunca reniegan.
Cómo van a renegar de ella, si la impecable voz del cantante Corey Glover (61) es el reflejo más contundente de esa esencia afroamericana.
Estas credenciales alcanzaron para que más de 1.400 mendocinos se atrevieran a quebrar el rito de la pereza de las noches dominicales -con inevitable efecto en la mañana del lunes laboral- con un explosivo show de rock en los jardines de 23 Ríos Craftbeer.
Fueron 19 canciones en total las que Living Colour interpretó a lo largo de un concierto sin fisuras, muchas de ellas provenientes del disco Vivid (1988), el primero y más importante de la banda. Desde el comienzo, pasadas las 22.30, jugaron con la fusión de estilos, con Glamour Boys, una canción que mezcla ska y rock; para luego pasar al potente cover de Talking Heads Memories Can't Wait, y Leave It Alone, del disco Stain (1993).
El recorrido incluyó casi todas las canciones emblemáticas de la banda, como la bellísima Open Letter (to a Landlord), que fiel al estilo de Living Colour, mezcla de todo: soul, funk y rock. También tuvo su lugar en la lista el mejor tema del disco Times Up (1990): el sensual y minimalista Love Rears Its Ugly Head.
Por supuesto que sobre el final llegó la canción más famosa del grupo, Cult of Personality, esa que les dio alguna vez la enorme vidriera de los premios Grammy y que consuma al hard rock como uno de los estilos que la banda navega sin trauma.
En muchos momentos, los solos rabiosos del guitarrista Vernon Reid marcaron ese espíritu rockero, mientras que el virtuoso bajista Doug Wimbish, con efectos sonoros y hasta punteos en el instrumento, hacía mucho más que sostener la línea rítmica de la banda.
Los Living Colour ocupan sin dudas un lugar entre las bandas de culto de todo el mundo. Tanto que el propio Mick Jagger los elogió y apadrinó en sus inicios.
Portan además y son defensores de la cultura negra en el mundo. Como muchas veces pasa, no hace falta un discurso que realce esa característica. Alcanzó este domingo con que el baterista Calhoun exhibiera con honor al final del show, como mensaje final, su remera con el rostro de María Remedios del Valle, la olvidada "parda" afrodescendiente que ha sido calificada como la "madre de la Patria", por su rol destacado en las milicias criollas durante la Revolución de Mayo, ni más ni menos.
La gente a veces se olvida y abandona, claro, a la gente importante. Pero una oportuna presentación en el ciclo de recitales Tiny Desk también nos hizo acordar hace unos meses, a nivel global, que los Living Colour todavía existían y estaban en forma.
Y la productora Sayaland, encabezada por Oscar Sayavedra consiguió, ni más ni menos, que vinieran a Mendoza a dar fe de ello, en su primer show en Argentina -darán solamente dos en este país- del tour que llevan adelante por sus cuatro décadas de existencia. El privilegio valió la pena.