Mano a mano con Alejandro Fadel, el director mendocino que trabajó en “La sociedad de la nieve”, la megaproducción de Netflix

Detrás del film que relata la tragedia de Los Andes hay una mirada mendocina, que transmite amor por la montaña, respeto por la historia y pasión por el cine. Alejandro Fadel habló con Diario Los Andes y dio detalles de la producción de Netflix, dirigida por J.A. Bayona.

Alejandro Fadel, el director mendocino que trabaja en "La sociedad de la nieve"
Alejandro Fadel, el director mendocino que trabaja en "La sociedad de la nieve"

A 50 años de la tragedia de Los Andes, Juan Antonio Bayona se lanzó a la épica tarea de llevar al cine, y a Netflix, la historia de los rugbiers uruguayos que sobrevivieron, y los que no, en el accidente de avión en lo que hoy se conoce como el “Valle de las lágrimas”, en Malargüe.

Juan Antonio Bayona, director de "La Sociedad de la Nieve"
Juan Antonio Bayona, director de "La Sociedad de la Nieve"

Detrás del film, que lejos de la vieja “Viven” (en donde los uruguayos hablan en inglés y hay mucho de proeza impostada), hay una mirada mendocina, y es la de Alejandro Fadel, consagrado director, conocido por películas como “Muere, monstruo, muere”, que además trabajó a la par de Pablo Trapero, como guionista, en filmes como “Elefante Blanco” y “Leonera”.

En una charla íntima con Diario Los Andes, nos cuenta cómo llegó a trabajar con J.A. Bayona. Pero, lo más importante, nos transmite las emociones que vivió el equipo que grabó en el Valle de las Lágrimas. Escucharlo a Alejandro es sentir la pasión con la que se trabajó y el respeto que hubo por la memoria y la montaña.

El director mendocino que trabaja en "La sociedad de la nieve", la mega superproducción de Netflix
El director mendocino que trabaja en "La sociedad de la nieve", la mega superproducción de Netflix

En la producción también participa Ezequiel Fadel, hermano de Alejandro, quien por un golpe del destino terminó encarnando al arriero chileno que se cruza con Roberto Canessa y Fernando Parrado, y se convierte en una pieza clave para salvarle la vida a todos.

-¿Cómo fue la experiencia de participar en esta película y cómo fue que llegaste a ser el director de la unidad en Mendoza?

-Fue a través de una amiga en común con Juan Antonio Bayona, una crítica de cine española, que le había mostrado mis películas a él porque sabía que Juan Antonio venía a firmar al Valle de las Lágrimas parte de la película y necesitaba alguien que hiciera lo que serían los fondos. Entonces mi primer encargo de la segunda unidad, siendo de la provincia y habiendo filmado dos películas en nuestra montaña, fue ir a registrar, con un equipo de montañistas y cineastas, toda la luz y la configuración del valle en invierno. Se montó un campamento grande en el valle. Fue la primera vez que se montaba un campamento ahí, y nos quedamos 10 o 15 días ahí registrando todas las horas de luz, las caras del cerro. No tuvimos nieve, como queríamos, así que volvimos al valle el invierno siguiente. Fue una experiencia alucinante poder estar en el mismo lugar del accidente, en la misma fecha donde sucedió y vivir una tormenta grande el mismo día del aniversario del accidente. Son esas cosas que te da el cine y el contacto con la realidad, filmando en la naturaleza que son conmovedoras.

El director mendocino que trabaja en "La sociedad de la nieve", la mega superproducción de Netflix
El director mendocino que trabaja en "La sociedad de la nieve", la mega superproducción de Netflix

-Más allá de lo profesional, de tener que grabar al aire libre y todas las dificultades que eso conlleva, no alcanzo a imaginar las emociones que los atravesaron por estar en ese lugar, tan cara a cara con la historia

-Es alucinante porque, generalmente, la gente va, visita, y a los sumo se queda una noche un poco más abajo para aclimatarse. Nosotros nos quedamos 15 días arriba, entonces empezás a ver, día a día, que la historia está muy presente, todavía, en cada objeto que te podés encontrar en cualquier lugar. Cincuenta años después del accidente, parece que hubiera ocurrido hace poco, y hay una energía muy particular, también, con un gran cementerio homenaje a las víctimas que murieron ahí y a los sobrevivientes que pudieron salir. Nosotros, el mismo día del accidente, estábamos esperando la nieve que no llegaba. Esa noche caminamos 40 minutos hasta el lugar exacto y cuando llegamos hicimos un rezo, cada uno a su manera, agradeciendo, también, cada uno por sus cosas, y a la tarde llegó la nieve que estábamos esperando, pero no en forma de nevada “navideña”. Hubo vientos fuertes, volaron carpas y tuvimos que ser evacuados en helicópteros. A los días decidimos volver, pero sentíamos que la montaña nos hablaba.

La sociedad de la nieve estrena en cines el 15 de diciembre en cines y el 4 de enero en Netflix. (Gentileza Netflix/Foto:Germán Romani)
La sociedad de la nieve estrena en cines el 15 de diciembre en cines y el 4 de enero en Netflix. (Gentileza Netflix/Foto:Germán Romani)

-A la hora del resultado final, ¿sentís que están plasmadas esas emociones en las imágenes?

-Yo creo que sí. De entrada, la idea de Juan Antonio fue que la película estuviera más cercana a cierta experiencia del cine como emoción, que de una película meramente narrativa, como es el caso de las dos películas anteriores, que la más conocida es “Viven”, que tiene un formato muy norteamericano de guion, y de la idea del héroe que puede con todo y que puede vencer a la montaña. En esta película, Juan Antonio cambia el punto de vista de la historia que, sin spoilear demasiado, está del lado de los que no pudieron cumplir con ese legado de heroísmo, está más volcada hacia el lado de la emoción y de la experiencia. Hay, también, una cuestión muy cinematográfica de cómo se ha trabajado el sonido y la luz para que uno sienta que está en ese lugar con esos personajes. La película encuentra una manera muy profunda de emocionarte.

-¿Cómo fue el feedback con los sobrevivientes? ¿Alguno de ellos participó del proceso?

-Todos. En este caso, a diferencia de la película anterior de los 90, ha sido un trabajo de muchos años porque está basada en un libro llamado “La sociedad de la nieve” de Pablo Vierci, que recopila el relato de cada uno de los sobrevivientes, cada uno de ellos cuenta su versión de la historia. Entonces, Juan Antonio tomó ese recurso y pasó varios años haciendo entrevistas a cada uno de los de los supervivientes, recolectando material y conociéndolos. Los actores, después, hicieron un proceso de ensayo y, además, se relacionaron con las personas que los iban a interpretar. Hubo un acercamiento muy fuerte y estaban todos involucrados en el proceso. Me pasó, mientras filmábamos, que dos o tres de ellos se sentaron detrás mío, era bastante alucinante tener en el encuadre al personaje que estaba interpretando un actor, y atrás estaba la persona que lo había vivido. En ese momento tenía, por un lado, la presión de contarlo bien, y, por otro lado, la bendición de que esa persona estaba estaba ayudándonos a que las cosas salieran bien.

-Es una producción a la que le han dedicado muchísimo tiempo.

-La película tuvo seis meses de rodaje, que es un montón para una película. Después de mi trabajo en el Valle de las Lágrimas, me llamaron para continuar el trabajo en la parte más ficcional de la película, con los actores. Finalmente, me incorporé al proceso completo de la película, viajando a España, en donde había tres sets. La producción siempre estuvo muy preparada para contar lo que el director quería contar y sobre todo había una cuestión de que se trabajaba con un guion, pero a la vez permitía que todos los días las escenas pudieran tomar propia vida y su propio curso, de acuerdo a lo que sucedía. Esta película, salvando las distancias, está trabajada como un documental, en donde se registra todo y después, en el montaje, uno se organiza. Obviamente quedó mucho material fuera, pero estaban dadas las condiciones económicas y recursos para grabar todo lo que se quería grabar. Creo que la apuesta arriesgada por parte de los productores, porque no contaba con un reparto de actores conocidos, sino que la mayoría eran actores jóvenes, muy talentosos, pero que venían con poca experiencia y eso le da a la película un importante grado de verdad porque tienen la misma edad que los personajes, hicieron todo un proceso de trabajo con nutricionistas para adelgazar e ir transformando sus cuerpos. Fue un trabajo maravilloso y quien vaya a ver la película se va a encontrar con actores alucinantes que, literalmente, le pusieron el cuerpo a la historia que se quería contar.

El director mendocino que trabaja en "La sociedad de la nieve", la mega superproducción de Netflix
El director mendocino que trabaja en "La sociedad de la nieve", la mega superproducción de Netflix

-Tu hermano, Ezequiel, también trabaja en la película y lo llamativo es que no tiene nada que ver con el mundo del cine...

-Mi hermano es veterinario, pero tiene una bodega y un restaurante en Valle de Uco. Un día se cruzó con Juan Antonio cuando veníamos del Sosneado a Mendoza e intercambiaron algunas palabras. Meses después yo estaba en España cenando con la directora de casting y todavía le faltaba el personaje del arriero. Habían hecho un montón de castings, pero no daban con el actor. Yo le dije “acá tenés al arriero” y le mostré una foto de mi hermano. Él no quería saber nada con hacer el casting, pero lo convencieron e hizo una prueba excelente, a mi criterio. Al final, él se pone en la piel de Sergio Catalán, el arriero chileno que se cruza con Roberto Canessa y Fernando Parrado, el hombre que les salva la vida.

Ezequiel Fadel, el hermano del director Alejandro Fadel, en su rol del arriero chileno, clave para rescatar a los uruguayos
Ezequiel Fadel, el hermano del director Alejandro Fadel, en su rol del arriero chileno, clave para rescatar a los uruguayos

-¿Cómo fue hacer cine para una plataforma tan grande como Netflix?

-La plataforma financia la película, los productores son las productoras históricas de Bayona, Belén Atienza y Sandra Hermida, que son personas alucinantes y que, para hacer una película así como se hizo y con este nivel de producción, se necesitaba a alguien que creyera mucho el proyecto, que no fuera simplemente a pensar si iba a funcionar comercialmente.

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