i-Sat deja de existir: el fin de era de la irreverencia

El canal cumplió 30 años y será dado de baja muy pronto. Deja un hueco en el imaginario colectivo de una generación que se acercó al arte audiovisual gracias a su transgresión.

A 30 años de su lanzamiento, I.Sat dice adiós. Foto: ámbito
A 30 años de su lanzamiento, I.Sat dice adiós. Foto: ámbito

Días atrás, y mediante un comunicado, Warner Bros. Discovery lanzó (así, sin más) la noticia de que cerrará definitivamente los canales: i-Sat y Glitz a partir del jueves 29 de febrero de 2024.

La baja de Glitz no generó mayores repercusiones, al menos no hubo en redes un lamento generalizado por esta señal que había nacido en 2011 para reemplazar a Fashion TV.

Pero con i-Sat pasó todo lo contrario, aún quienes hace tiempo no tenemos la señal a disposición lloramos la pérdida como si con ese cierre se fuera parte de nuestra adolescencia y juventud, parte de nuestra desfachatez.

Es que para aquellos que vimos nacer y crecer el canal de las transgresiones, esta noticia cayó como un balde de agua fría. Yo hace mucho que no veo i-Sat y sin embargo siento que nada podrá igualar esa señal que entró en la grilla del cable para cambiar por completo la forma de ver y vivir el cine.

No bien se supo la información, las redes sociales de una parte de mi generación se llenaron de comentarios nostálgicos sobre aquellos programas que nos formaron ética y estéticamente a partir de los 90.

Cine Zeta, Karate Forever, Primer Plano con Alan Pauls, Sexorama, fueron algunos de los contenidos que ciertos usuarios lloraron en las redes. Muchos de ellos están disponibles en YouTube, así que podremos revivirlos cuando queramos. Aunque ya no sea lo mismo.

Extraño esa fascinación

I-Sat, que este 2023 cumplió 30 años, estuvo durante mucho tiempo a la vanguardia de los formatos audiovisuales. La experimentación en sus formas, la transgresión de sus contenidos y la independencia de sus producciones, marcaron un antes y un después dentro de la televisión que llegaba a Argentina y venía signada por canales de cine estándar con programación holliwoodense.

No recuerdo cuándo fue la primera vez que sintonicé i-Sat, pero sí me acuerdo el cambio profundo que generó en mi forma de concebir los consumos culturales, los contenidos que me interpelaban.

Después de una infancia en la que alternaba entre el cine de Disney con los primeros dramones de Hallmark o de Cinecanal, en mi preadolescencia se intercaló cierta programación de Space con los primeros cortos y largos de i-Sat.

Recuerdo que en ese momento (antes del uso fuerte de internet y las redes) conocer de ciertas bandas under, haber habitado cierto cine clase B, era para nosotros una forma de estar en el mundo, una especie de diferenciación de nuestros padres.

Si tuviera que destacar tres contenidos de i-Sat que me llevaría a una isla desierta para volver a ver serían: Video Maní (mi forma preferida de explorar la música), Cortos i-Sat (en cuya apertura se ponderaba la palabra “actitud”) y los Cuentos de terror.

Este último programa de medianoche me abrió camino hacia la literatura de terror, pero además me hizo conocer el trabajo de intérprete de Alberto Laiseca, el escritor encargado de leer magistralmente los textos. Un plus: el programa Cuentos de terror era producido por Mariano Cohn y Gastón Duprat (el dúo detrás de lo que luego serían mis películas favoritas).

Si tuviera que darle las gracias a i-Sat diría que su educación audiovisual me sigue hasta hoy, cuando en Mubi elijo las películas en cuya portada la imagen está granulada y se parece a aquel cine grabado de manera casera. Entonces remato diciendo: “Esto es muy i-Sat”.

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