El artista plástico Sergio Roggerone dice haber descubierto que es la reencarnación de un gran rey de la India

El aclamado artista mendocino, Sergio Roggerone, siempre sintió una fuerte conexión con la cultura de la India, hasta que un hecho inesperado y una foto que llega a él de manera misteriosa lo conectan con su vida pasada como el Maharajá de Kapurthala.

El artista plástico Sergio Roggerone dice haber descubierto que es la reencarnación de un gran rey de la India
Sergio Roggerone, artista plástico

El artista Sergio Roggerone está siendo noticia por estos días y no gracias a su inacabable talento ni su extensa trayectoria, sino por una situación muy especial que le tocó experimentar y a partir de la cual su vida dio un vuelco, tomando un sentido totalmente inesperado y extraño, pero a la vez liberador de un gran pesar y revelador de una vida inimaginada.

En 1925, el Maharajá de Kapurthala llegó a Mendoza en tren, venía desde Buenos Aires y su destino final era Valparaíso, Chile, desde donde retornaría a su India natal. La crónica de la época, publicada en la tapa de Diario Los Andes, da cuenta de las horas que el ilustre visitante estuvo en la provincia y que le permitió apenas conocer el monumento del Cerro de la Gloria, recientemente inaugurado, antes de una presurosa partida rumbo al país trasandino.

Foto del Maharajá joven
Foto del Maharajá joven

Casi 100 años después, el Maharajá volvió a ser protagonista de una historia mendocina, pero esta vez a través de la persona de Sergio Roggerone. “En realidad es un tema que he tenido secreto durante muchos años porque es desopilante”, se escucha a Sergio, a través del teléfono, luego de haber tenido la amabilidad de estacionar su auto en algún punto de la ruta que une Buenos Aires con Mendoza, para hablar con Los Andes.

“Mucha gente cree que estoy loco o que es una chifladura pero es algo que me pasó a raíz de la muerte de mi padre”, cuenta. Todo salió a la luz luego de una entrevista que la periodista Cristina Pérez, quien días antes había estado comiendo en la casa de Roggerone, le hizo en Radio Rivadavia. En esa charla al aire, el artista dijo ser la reencarnación del Maharajá de Kapurthala.

El primer punto de referencia que tiene Sergio para establecer las conexiones que lo llevan a semejante afirmación fue un libro de fotos de la India en el cual, sorpresivamente, se vio a sí mismo vestido al estilo hindú de principios del Siglo XX.

“En el año 2006 voy a exponer al Museo de Bellas Artes, en Chile, y una mujer que vende libros de arte a quien yo le compro siempre, me dice ‘Sergio, ha llegado un libro para vos’. Pensé que era raro porque yo nunca compro fotografía, siempre compro pintura o escultura. Era un libro de fotografías de la India de finales del 1800 y principios de 1900. Apenas lo abro, me veo en una foto”, cuenta.

Daguerrotipo de la época
Daguerrotipo de la época

Este hecho fue el primero de una secuencia que terminó por cerrar una profunda herida que había surgido en él a partir de la muerte de su abuelo, primero; y luego de su padre. “El siguiente soy yo”, pensó en aquel momento.

Tal vez la angustia de los duelos y la sensación de pasar a encabezar la lista menos deseada, desató en él un estado de alerta máxima que su organismo manifestó en forma de ataques de pánico. “Empecé a tener dolores de pecho -mi papá murió de un infarto- e iba al hospital día por medio”, recuerda. “Estuve dos años así, un psiquiatra me dio pastillas para calmarme pero no me hacían nada y seguía con los ataques”.

Por ese entonces es que se suscita el viaje de Roggerone a Chile con motivo de la exposición en el Museo Nacional. Allí, la vendedora de libros le entrega el ejemplar de fotos del Maharajá, que le produce un gran impacto.

El Maharajá en la boda con la española Anita Delgado
El Maharajá en la boda con la española Anita Delgado

Como una cuenta más del rosario de coincidencias que acuña en este descubrimiento, un año antes había salido un libro del escritor español Javier Moro, llamado “Pasión India”. “Es la historia de Anita Delgado, una mujer malagueña que termina siendo una de las cinco esposas del Maharajá de Kapurthala. Empecé a leer el libro y a encontrar un montón de similitudes que hay en mi vida con la de este hombre: el gusto por el arte y la arquitectura, por ejemplo. Entonces pensé ‘si fui este hombre, y ahora soy este otro, la muerte no existe, es un cambio de estado y nuestra energía se transmuta’. Esa fue mi conclusión”, explica Sergio.

Captura de la noticia en un diario chileno
Captura de la noticia en un diario chileno

A partir del momento en el que tomó conciencia de la posibilidad de ser la reencarnación del Maharajá, sus ataques de pánico desaparecieron. Desdramatizar la muerte de su padre y de su abuelo (y la propia, claro) con la certeza de que solo se trata de un cambio de estado caló tan profundamente en él que arrasó con el temor más atávico que tiene cualquier ser humano. “Yo nací en una familia católica, y esa religión no cree en la reencarnación, pero el hinduismo sí. Entonces empecé a creer en la reencarnación, que era algo que no se me había pasado por la cabeza”.

–¿Alguna vez sentiste conexión con la cultura hindú antes de esta experiencia?

–Yo no fui a la India todavía en esta vida, pero el living de mi casa estaba forrado con saris hindúes, colección de objetos hindúes y he tenido una conexión muy fuerte con lo asiático y con el hinduismo. Entonces todo esto me lleva a un mismo punto donde hay un sentimiento interno que me dice que soy ese hombre, que vine a Mendoza, que del Diario Los Andes llevan a ver el Cerro de la Gloria porque acababan de inaugurar el monumento de un escultor de apellido Ferrari, que también es el apellido de mi mujer. Hay miles de coincidencias que te puedo contar

–Tu estilo como artista es muy detallado y tiene muchas similitudes con el arte de la India.

–Creo que no es un tema menor, yo canalizo muchas cosas a través de la pintura entonces todo esto de algún lado viene. Me preguntaban ‘¿por qué pintás los ojos así?’ Y no sé por qué lo hago. Es muy fuerte todo esto, tuve que sacarme la barba porque al que estaba viendo en el espejo no era a mí sino al otro, al Maharajá de Kapurthala.

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