A 40 años del primer disco de los Enanitos Verdes: el comienzo del éxito mundial

Se cumplen cuatro décadas del debut discográfico de esta banda, que había sido fundada cinco años antes. Fue el inicio de una carrera brillante y sin parangones en el rock local. Entre las canciones del disco está el himno “Aún sigo cantando”. Felipe Staiti, el único miembro original de la formación, aún vigente, rememora esos tiempos.

A 40 años del primer disco de los Enanitos Verdes: el comienzo del éxito mundial

Se puede usar el nombre de otros de sus discos para expresar lo que estamos celebrando: se cumplen 40 años del verdadero big bang de los Enanitos Verdes. El momento crucial, fuera del de su fundación, que provocó una onda expansiva que aún continúa y que llevó a la banda mendocina no sólo a convertirse en la más popular e importante entre las nacidas en esta tierra, sino en una de las más importantes del rock en español de todo el mundo.

Y es que, sí, hace ahora exactamente cuatro décadas, se editaba por el sello Mordisco el álbum debut (homónimo) de esta banda que había sido fundada en 1979 y que, a la sazón, estaba integrada por una formación irrepetible: Mariano Cantero (voz y bajo), Felipe Staiti (guitarras), Daniel Piccolo (batería) y Sergio Embrioni (guitarras).

Los Enanos llegaron a esa grabación merced al éxito que venían acumulando en su provincia natal, pero especialmente el conseguido tras un show en La Falda (Córdoba), que terminó llamando la atención en tiempos de verdadero resurgir del llamado rock nacional tras la vuelta a la democracia. Así, compusieron un grupo de nuevas canciones, se sumó Leo Sujatovich como productor y entraron a grabar en Del Cielito, estudio de grabación de David Lebón, quien, además, aportó la voz en una de las canciones emblemáticas.

El disco terminó teniendo un éxito moderado, pero allanó el camino para el que sería el verdadero estallido de popularidad de la banda (el álbum siguiente, Contra reloj). Sin embargo, consiguió que varias de sus canciones sonaran una y otra vez en radios y boliches, especialmente La nena de diecisiete, La miraba de atrás y Comiendo en el plato del perro. A la vez, en el disco había dos gemas: Detrás de las ruinas y el que quizá pueda ser considerado el himno absoluto del rock mendocino: Aún sigo cantando, una de esas canciones capaces de emocionar hasta las piedras.

Hoy los Enanitos siguen cantando. Han pasado muchas cosas en medio, claro: la muerte de Marciano Cantero, quizás, es el golpe más duro. Ya no están en la agrupación ni aquel Embrioni, ni Tito Dávila (tecladista que ingresó después) ni Daniel Piccolo, ni Eduardo Lalanne. Staiti encabeza hoy el grupo, que completan Jota Morelli, Guillermo Vadalá, Damiano Castroviejo y Bosco Aguilar. Para el virtuoso guitarrista, igual, evocar esos inicios es algo que lo emociona y responde con hondas reflexiones a las preguntas que le proponemos.

Marciano Cantero, Sergio Embrioni, Daniel Piccolo y Felipe Staiti, los Enanitos Verdes que grabaron el álbum debut.
Marciano Cantero, Sergio Embrioni, Daniel Piccolo y Felipe Staiti, los Enanitos Verdes que grabaron el álbum debut.

–Se cumplen 40 años de la edición del primer disco de los Enanitos Verdes y, primero que nada, quisiera que recordaras cómo llegan a grabar ese primer disco (en el estudio de David Lebón), cómo se convierte Leo Sujatovich en productor?

–Llegamos a grabar en El Cielito ya que habíamos firmado nuestro primer contrato discográfico con Mordisco de Alberto Ohanian. Era un sello independiente y no había tampoco un gran presupuesto para grabar. También quedó ligado el contrato de manager por varios años. El estudio no era de David según creo, era de Gustavo Gauri y era un estudio chico que arrancaba. Leo llegó a ser nuestro productor artístico, creo, también por la cercanía con Ohanaian, ya que Leo era el tecladista de Lebón y también era artista de Ohanian. Estábamos muy ingenuos e inocentes en ese momento, ¡o por lo menos yo! Nos dejamos llevar por la corriente, digamos, sin haber barajado otras opciones que quizás hubieran sido mejores… o no. ¡Nunca se sabrá! La cosa era llegar a grabar un disco. Una vez grabado, uno se da cuenta que desde ahí empieza todo. Lo que era objetivo pasó a ser la punta del ovillo.

–¿Cómo fue el proceso de composición y selección de las 11 canciones?

–La memoria tiene sus puntos grises. O no muy claros, o reversionados. Sí te digo que cuando llegamos a grabar el primer disco no incluimos ninguna canción de las que veníamos tocando desde nuestra formación a principios de los 80. Ya otros actores decidían el repertorio como Ohanian y Leo. Dejándonos llevar por los que tenían la “experiencia”, digamos, se hizo el repertorio. Empujados quizás por el new wave o por quién sabe qué extraño designio, la única canción que tenía algo de historia con la banda fue Aún sigo cantando, a la que llamábamos Recordando. Las demás fueron canciones que surgieron en ese lapso de corto tiempo entre la incorporación de Sergio a la banda y el festival de La Falda. De hecho, la canción más aclamada de ese festival del 84 fue Vengo de última, y no la grabamos en ese primer disco. Recién vio la luz de forma tímida en el disco Carrousel, del 88.

–¿Cómo considerás el momento artístico, el nivel musical, que tenía la banda?

–Sergio llegó a la banda de una forma quizás inesperada. Ya habíamos estado en Buenos Aires por el 83, en un país que estaba más esperando la vuelta de la democracia que el surgimiento de una banda mendocina. Después de una gira por el sur mendocino terminamos mal entre nosotros tres y la banda se rompió. Marciano y Daniel empezaron a tocar con Sergio y terminamos tocando los cuatro. Artísticamente, su incorporación nos desestructuró, digamos. Sergio tenía una forma de enfocar la música más libre y despojada. Con él compusimos Amor callejero, la canción más The Clash del disco, que abría la puerta a una nueva impronta. Fue muy poco tiempo el que compartimos tocando: en el 85 Sergio ya no estaba con nosotros. La pregunta es qué hubiera sido si esa formación maduraba. Sin duda, hubiera sido algo exquisito. Fue bueno mientras duró…

–Hablando de las canciones, hay una que sigue muy presente, Aún sigo cantando. ¿Por qué tenían unos jóvenes de menos de 25 años esa mirada tan nostálgica de la vida como la que expresa ese tema?

–Yo creo que es un manifiesto o una misiva al hombre del futuro. Al hombre en el que, con los años, nos convertiríamos. Hablábamos de un pasado que aún no era tal. Fue una reflexión de Marciano sobre algo que intuyó y lo expresó. Poniéndolo en perspectiva, una canción que veníamos tocando desde el 82 y con 20 años de edad no teníamos idea del potencial o de la huella que dejaría. Sobre todo, que se convertiría con el paso del tiempo en una especie de himno del rock mendocino.

–¿Qué repercusiones tuvo el álbum?

–El disco salió de una manera tibia, ya que fue un disco independiente donde no actuó el aparato de una compañía multinacional. Le pusimos el hombro con giras promocionales, pero siempre acotados por el presupuesto. Nos visibilizó que en las revistas hablaron de la edición del disco. ¿Quién dijo que el camino sería fácil? Para Mendoza quizá fue el primer disco de una banda de rock que se editaba en todo el país. Los seguidores mendocinos acérrimos del momento quedaron un poco decepcionados por la no inclusión de esas canciones que veníamos tocando, pero fue lo mejor que pudimos hacer en ese momento. Resumiendo, el disco no fue un éxito, pero quedaron canciones inolvidables. Y la deuda sigue pendiente para esos que esperaban la inclusión de esas canciones que no vieron la luz en ese primer disco.

Publicidad del disco debut de los Enanitos Verdes en la revista Pelo.
Publicidad del disco debut de los Enanitos Verdes en la revista Pelo.

–Actualmente los Enanitos se encuentran de gira y viviendo esta nueva etapa tan especial, que te tiene como el único integrante original de la formación. ¿Cuáles son los planes a corto y mediano plazo de la banda?

–¿Qué sería la vida sin proyectos? Grabar para girar, girar para vivir. A fines del 79 empezamos los Enanos a tocar en mi casa, en mi habitación, a hacer canciones e intercambiar ideas musicales. Construimos el mundo en el que queríamos vivir. Un mundo donde la pertenencia no está en duda, una historia discográfica vasta, un montón de vivencias de toda índole, un bagaje de canciones que muchas son patrimonio de la gente. El proyecto es el mismo, el de siempre: seguir adelante construyendo el mundo que quiero habitar. Lo mejor siempre está por venir…

Crítica al recital de presentación del primer disco de los Enanitos Verdes.
Crítica al recital de presentación del primer disco de los Enanitos Verdes.

El elogio de Los Andes

A pesar de que una reseña breve dedicada a su disco era tibia, Los Andes dedicó elogios resonantes a la presentación del disco debut de los Enanitos, que se hizo el 24 de noviembre, en un desbordante teatro Independencia.

Aquí, algunos fragmentos de la crónica sin firma que se publicó tres días después del show, bajo el título “Los Enanitos Verdes empezaron a despegar”.

Los Enanitos Verdes presentaron su primer L.P., a toda música y tirando el Independencia por la ventana. Suena extraño pero es así. Es como cuando uno, a la vuelta de los años, se encuentra con un viejo y querido amigo, crecido y cambiado. Hay mucho para decir y escuchar. Y escuchamos. Felipe Staiti en guitarra, Sergio Embrioni en guitarra y voz, Daniel Píccolo en batería y por supuesto, Marciano Cantero en bajo y voz estuvieron el sábado para contarnos, en sus canciones, todo lo que les ha pasado”.

“Todos los temas de este L.P., tienen un sabor y un ritmo muy particular. Es rock, música popular contemporánea indudablemente, pero tiene cosas muy nuestras en las que podemos identificarnos. Es como tomar vino blanco helado en una siesta de verano, o caminar bajo los árboles en la avenida San Martín, o refugiarse en un café con ventana a la calle cuando el frío del invierno mendocino nos aprieta”

“Esto es recién el comienzo, queda mucho por andar. Hay un futuro promisorio para Los Enanitos Verdes, para todos los jóvenes que en ellos se ven expresados, para una generación que está aprendiendo a ganar su lugar con trabajos serios, profesionales, como el de Staiti, Embrioni, Piccolo y Marciano. Y, además, sin perder la alegría”.

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