¿Hincarse, por qué no?

Enrique Santos Discépolo
Enrique Santos Discépolo

Recordaba uno de los famosos y maravillosos tangos de Discépolo, llamado “Malevaje”. Pensando a la vez en el contexto y en el tiempo en que lo escribió, como muchos otros de su autoría y que se escuchan hasta hoy.

Rememoraba que al primero que escuché hablar de este autor, fue a mi padre. Porteño y canyengue él. Recuerdo y admiro lo buen bailarín de tango que fue. Con cortes y quebradas. De esos que en sus días francos salía de zapatos lustrados, saco, corbata y ‘funyi’ con el ala baja adelante.

Esos tangos de Discépolo: pinturas y sentires de una época. Sentires estos que con el tiempo más rápido o más lento fueron cambiando. Letras que aún a muchos hacen decir, “escuchá…parece que fuera ahora”.

Pero no, es ahora: muchas cosas han cambiado, para bien o para mal.

Hay cosas que a los hombres y mujeres de este mundo le han cambiado cada vez más rápido. Hubo y hay una lucha sin cuartel en favor de igualdades, libertades, respeto. Ya cada vez es más difícil esconder maldades e injusticias. Hay cosas que las personas debemos cambiar para bien y así poder subirnos a este tren de cambios positivos.

Recuerdo que, durante nuestra vida, alguien nos aconsejó o nos enseñó la palabra de Jesús, donde se podía leer la insistente predica que insistía que “había que cambiar, que había que convertirse”…y esto de convertirse era un cambio total, no cualquier macana.

Pero muchos de nosotros, los varones en especial, llevamos durante muchos años en el subconsciente esa parte de aquel tango de nuestro autor que dice: “Te vi pasar tangueando, altanera…” Y sigue: “No me has dejado ni el pucho en la oreja. De aquel pasao malevo y feroz. Ya no me falta pa’ completar, más que ir a misa e hincarme a rezar”.

Esos dos últimos renglones del genial Discépolo, hoy son buenos para leer y cantar y nada más...

Nosotros, las personas, hombres y mujeres estamos hechos para hincarnos (tenemos rodillas) para llorar, pedir perdón y perdonar, rezar y amar, curar nuestras heridas, caer y levantarnos, abrazar y permitir que nos abracen. Hemos nacido para amar…

Hoy los tiempos están hablando a gritos de todo esto. Destapemos nuestros oídos de una vez.

* Oscar Carlos Laguna DNI 8.144.258.

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