Cristina Mariscotti, conocida por millones como la “Abuela Lalala”, falleció a los 79 años debido a una insuficiencia cardíaca. La vecina de Liniers se transformó en un ícono de la consagración en el Mundial Qatar 2022 cuando un grupo de jóvenes empezó a cantarle durante los festejos callejeros, convirtiéndola en un símbolo de alegría colectiva.
La noticia de su fallecimiento genró una profunda tristeza en el ambiente futbolístico. Mariscotti no era una hincha convencional; su fama no nació dentro de un estadio, sino en la vereda de su casa, donde su presencia se volvió obligatoria tras cada triunfo argentino en la última Copa del Mundo.
El fenómeno tomó dimensión global en diciembre de 2022. Todo comenzó cuando un grupo de jóvenes de Liniers improvisó el cántico “Abuela, lalalalalá” cada vez que ella salía a festejar los goles. El video de ese momento cruzó fronteras y la posicionó como una de las figuras más queridas de la histórica fiesta mundialista.
El amuleto que no miraba los partidos por cábala
A pesar de ser una ferviente hincha de Boca y admiradora de Lionel Messi, Cristina tenía una superstición inquebrantable: no miraba los partidos de la Selección por cábala. Esta decisión la llevó a enterarse de los resultados por los gritos de sus vecinos, transformándose ella misma en un amuleto de la suerte para los fanáticos que pasaban por su casa.
Su hogar se convirtió rápidamente en un punto de encuentro para la gente del barrio y de zonas alejadas. Los hinchas se acercaban no solo para cantar y para agradecerle por el "empuje" místico que le daba al equipo de Lionel Scaloni.
Un detalle que define su historia es que Mariscotti no tenía hijos ni nietos biológicos. Sin embargo, el fenómeno popular la terminó bautizando como “la abuela de todos”, llenando un espacio familiar con el afecto de miles de desconocidos que la adoptaron como propia durante aquel diciembre inolvidable.
Su muerte ocurre en un momento particular para el fútbol argentino, a poco tiempo de un nuevo Mundial y con la Selección preparándose para jugar amistosos en la Bombonera. La partida de la "Abuela Lalala" resignifica su figura como una de las postales más genuinas y espontáneas de la conquista de la tercera estrella.
A partir de ahora, aquel grito nacido en una esquina de Liniers dejará de ser únicamente una canción de festejo. Se convertirá en un homenaje permanente a la mujer que, sin buscarlo, le puso rostro y voz a la felicidad de todo un país que hoy la despide con el mismo cariño con el que le cantó.