Un paro prematuro luego del silencio cómplice

Quedó en evidencia que la CGT, al convocar a un paro vespertino, de media jornada, también buscó disimular una de sus falencias cada vez más notorias: su poder de convencimiento para lograr un nivel de acatamiento alto a las medidas de fuerza.

Paro Nacional de la CGT. Hablan en el acto Pablo Moyano, Facundo Moyano y Héctor Daer. (Clarín)
Paro Nacional de la CGT. Hablan en el acto Pablo Moyano, Facundo Moyano y Héctor Daer. (Clarín)

La Confederación General del Trabajo (CGT) llevó a cabo su primera huelga general en contra de las medidas económicas presentadas por el gobierno de Javier Milei.

Una actitud sorprendente por lo rápida, pero que deja traslucir claramente una estrategia de confrontación lisa y llana.

Como se ha dicho, fue el paro que más rápido el gremialismo peronista le organizó a un gobierno no peronista: 45 días después de la asunción de Milei. Curioso y criticable a la vez; los dirigentes cegetistas estuvieron 4 años y 7 meses sin convocar a ninguna medida de fuerza.

La última fue cuando todavía Macri era presidente de la Nación. Luego, silencio a pesar de que el gobierno identificado políticamente con la CGT generó un descalabro económico y social pocas veces visto en las últimas décadas en la Argentina.

Debe recordarse, y reiterarse hasta el cansancio, que el gobierno de Alberto Fernández dejó en el país una inflación de más 1.000 por ciento acumulada en cuatro años.

La deuda pública se multiplicó largamente, la pobreza llegó al 45%, las reservas del país quedaron en negativo por 12 mil millones de dólares, mientras que el dólar informal pasó de 70 a 990 pesos en los cuatro años de gestión reciente.

Y no debe dejarse de tener en cuenta el tremendo e irresponsable uso de recursos del Estado por parte del ministro Sergio Massa para financiar y apuntalar su campaña presidencial.

Si bien con la concentración en Congreso el gremialismo peronista mostró que mantiene su capacidad de movilización, hay que destacar que el marco multitudinario se completó con militantes de la izquierda, de organizaciones sociales que dependen de la ayuda del Estado y miles de ciudadanos independientes que concurrieron preocupados por la continuidad de la crisis económica y a la vez interesados en escuchar qué proponían los convocantes.

Por otro lado, quedó en evidencia que la CGT, al convocar a un paro vespertino, de media jornada, también buscó disimular una de sus falencias cada vez más notorias: su poder de convencimiento para lograr un nivel de acatamiento alto a las medidas de fuerza.

Hubo movilización, pero el paro fue muy relativo. Sólo repercutió el paro parcial en el transporte público de pasajeros.

Para la mayor parte de la sociedad no es fácil olvidar el fracaso con el que terminó la gestión anterior el 10 de diciembre último.

Y aun con el apoyo explícito del PJ a través de sus bloques parlamentarios, que se expresan totalmente en contra del mega proyecto de ley del Poder Ejecutivo, tampoco el gremialismo peronista puede disimular la deriva en la que parece encontrarse el principal sector de la oposición nacional luego del estrepitoso fracaso de su gobierno reciente.

Queda claro que en estos momentos el peronismo necesita una reorganización interna que redefina roles y liderazgos.

La cerrada oposición parlamentaria a los principales proyectos del Gobierno y la apuesta a la protesta social encarada por una dirigencia gremial desprestigiada pueden no resultar suficientes como para lograr incomodar a un gobierno que, justo es reconocerlo, sufre en estos primeros tiempos de su gestión la inexperiencia de la mayoría de sus miembros.

En política, la Argentina transita por un sendero de recambio dirigencial cuyos resultados dependerán de la capacidad que tengan los que llegan para suplir a los ya desprestigiados.

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