jueves 16 de julio de 2020

Editorial

Un documento en defensa de la democracia

Que vivamos tiempos extraordinarios no justifica eludir las formas democráticas para la implementación de las políticas públicas.

La pandemia del coronavirus no sólo representa una amenaza para la vida y la economía en todo el mundo. Además, está provocando una crisis política que podría amenazar el futuro de la democracia.

Esa percepción es compartida por líderes políticos, intelectuales y organizaciones de la sociedad civil de las más diversas ideologías, tal como se puede ver en las más de 500 firmas que acompañan el documento “Una llamada para defender la democracia”, difundido por el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral.

Por ejemplo, el documento fue suscripto por la organización internacional que defiende los derechos de las minorías sexuales LGBT, la Fundación Konrad Adenauer y el Instituto George W. Bush; expresidentes latinoamericanos como Fernando Henrique Cardoso (Brasil), Juan Manuel Santos (Colombia) y Mauricio Macri (Argentina), e intelectuales de diferentes trayectorias como Jorge Castañeda, Guy Sorman, Mario Vargas Llosa, Francis Fukuyama y Beatriz Sarlo.

Aunque preocupe, no sorprende que los regímenes autoritarios usen la crisis sanitaria “para silenciar a sus críticos y endurecer su control político”. Lo novedoso es que “algunos gobiernos democráticamente elegidos vienen combatiendo la pandemia concentrando poderes de emergencia que restringen los derechos humanos y reforzando el Estado de vigilancia sin consideración alguna por las restricciones legales, la supervisión parlamentaria o los marcos temporales para la restauración del orden constitucional”.

Aquí es donde los firmantes llaman a “defender la democracia” frente a quienes se valen de la pandemia para legitimar procedimientos autoritarios.

Que vivamos tiempos extraordinarios no justifica eludir las formas democráticas para la implementación de las políticas públicas. Por el contrario, más que nunca se tornan imprescindibles el debate y la pluralidad, la libertad de expresión y el pensamiento crítico.

“La democracia se encuentra amenazada y quienes se preocupan por ella deben acopiar la voluntad, la disciplina y la solidaridad necesarias para defenderla. Están en juego la libertad, la salud y la dignidad de los pueblos en todas partes”, concluye la declaración, que omite hacer señalamientos país por país.

Sobre el caso argentino, es preocupante la simplificación en la que caen algunos representantes del oficialismo nacional cuando responden “cuarentena o muerte” a quienes critican la duración del aislamiento preventivo y obligatorio; el reciente silenciamiento de la oposición en el Senado, o algunos exabruptos presidenciales .

Con todo, si se considera la debilidad institucional que nos caracteriza, hasta aquí ha primado la razonabilidad.

No obstante, hay tendencias preocupantes en algunos sectores del gobierno que están avanzando sobre la justicia buscando impunidad, sobre la libertad de expresión difamando periodistas o sobre la actividad privada con expropiaciones innecesarias. Es por eso que los moderados se deben imponer sobre los extremistas del oficialismo.