Los grandes desafíos del gobernador electo

Tras la ratificación de liderazgo político en la provincia por parte de los mendocinos, la próxima gestión de Alfredo Cornejo deberá enfrentarse a desafíos de importancia. En ese marco le compete al futuro gobernador acelerar desde el inicio, de modo de encarar los mecanismos necesarios para conducir hacia un mayor bienestar de los mendocinos.

El gobernador electo Alfredo Cornejo  su vicegobernadora Hebe Casado.. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
El gobernador electo Alfredo Cornejo su vicegobernadora Hebe Casado.. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

Hace una semana los mendocinos votaron y eligieron a sus autoridades en una jornada cívica enmarcada en la celebración de 40 años de vida democrática en la Argentina.

En primer lugar, es importante destacar que nuestra provincia hace uso de su propio calendario electoral, lo que permite cada dos años diferenciar claramente las propuestas locales de las que se realizan a nivel nacional, más allá de la influencia lógica de éstas, en especial en un contexto tan complicado como el que le toca vivir a cada uno de los argentinos en la actualidad.

También es bueno rescatar el nuevo mecanismo de votación puesto en práctica este año. La Boleta Única Electoral, impulsada por el Ejecutivo, pero fruto de un saludable consenso entre las agrupaciones partidarias, le permitió a Mendoza sumarse a un puñado de distritos que ya adoptaron mecanismos de emisión del voto similares. Ejemplo que bien podría trasladarse paulatinamente al ámbito nacional si se tienen en cuenta la simpleza de su aplicación y el ahorro en gastos que representa.

En lo que se refiere a la elección llevada a cabo, debe destacarse el aval de la mayor parte de los votantes a la propuesta de Alfredo Cornejo. Se mantiene vigente el modelo político ideado por Cornejo, que en 2015 dio origen al espacio Cambia Mendoza y que tuvo continuidad a través de la gestión de Rodolfo Suárez. El reconocimiento ciudadano adquiere mayor valor si se tiene en cuenta que en esta oportunidad el gobernador electo tuvo como competidor a un contrincante de experiencia y mucho peso político, como Omar de Marchi, que generó un escenario competitivo que Cornejo y Suárez no tuvieron en las elecciones anteriores que ganaron.

Tras la ratificación de liderazgo político en la provincia por parte de los mendocinos, la próxima gestión de Alfredo Cornejo deberá enfrentarse a desafíos de importancia. En su primera gestión, entre 2015 y 2019, el gobernador Cornejo tuvo el mérito de ordenar las cuentas de la provincia, algo sumamente necesario y muy valorado en un contexto complejo como el que genera la crónica inestabilidad económica nacional. Sin embargo, a partir de diciembre próximo es indudable que su misión deberá tender a lograr un crecimiento de Mendoza en la mayoría de los órdenes. Acusar permanentemente a la Nación de los males que sufre la provincia adquiere ya la apariencia de un discurso agotado.

Se ha señalado desde nuestras páginas que los datos que determinan que hay en la provincia un 40% de personas que están en la pobreza obliga a las autoridades a contribuir a la generación de condiciones dignas en el plano laboral. Siempre, insistimos, reconociendo las dificultades que ocasiona a toda economía regional la baja performance nacional en materia de políticas que orienten dicho derrotero.

Empresarios consultados por Los Andes señalaron recientemente que ven con expectativa que el ahora gobernador electo haya tenido durante la campaña previa al 24 de setiembre un saludable acercamiento hacia los estratégicos sectores productivos de la provincia, lo cual genera esperanzas de la puesta en marcha de mayor cantidad de medidas concretas a favor de dicha fuente generadora de producción y empleo. Posiblemente se trate de un asunto pendiente de su primera gobernación. La actividad minera, que, justo es destacarlo, tiene propuestas en marcha con el aval del Estado, también requiere de la voluntad política para destrabar otros emprendimientos que siguen paralizados.

Es alentadora la perspectiva que traza el gobernador electo con respecto a una gestión que requiera de menos funcionarios y que se base en estrictos criterios de austeridad en el manejo de los fondos públicos. Siempre es valorable poner freno a todo intento de transformar los ámbitos de gobierno en un lugar de empleo seguro para allegados y militantes.

Por otro lado, con la aparición de una nueva fuerza política gravitante, como es La Unión Mendocina, el oficialismo verá la necesidad de dialogar y consensuar, una actitud que tendrá que consolidarse en todos los resortes del Estado. Siempre es pertinente limpiar cualquier sospecha de accionar autoritario.

Además, el nuevo gobierno debería generar un diálogo fluido con los sectores de trabajadores estatales en general y con los docentes, más allá de reconocerse los beneficios que produjo para el sistema la aplicación del llamado Ítem Aula.

También se deberá poner empeño en el funcionamiento de la Justicia, Consejo de la Magistratura y organismos de control en general, de modo de garantizar la imagen de transparencia, sin injerencia política, que dichas instituciones requieren inevitablemente. Párrafo para la política de seguridad, una de las mayores preocupaciones y demandas de la sociedad en estos años.

Retomando la mirada sobre el armado político que surge de las recientes elecciones, es importante rescatar que después de bastante tiempo existe la posibilidad de que una tercera fuerza política adquiera participación en el escenario provincial, en especial otorgándole a la conformación de la Legislatura un marco de mayor paridad y un mejor marco de negociación. Hasta ahora sobresalían dos espacios mayoritarios.

El fortalecimiento del concepto de contrapoder es beneficioso para el funcionamiento democrático en general. Con más razón en nuestra provincia, que al menos desde la restauración democrática de fines de 1983 supo de la convivencia política de tres espacios trascendentes en el plano legislativo, el ámbito por excelencia a la hora de congeniar lineamientos que beneficien a la gente.

En cuanto al peronismo, además de haber padecido en el plano local las consecuencias de los errores derivados de la gestión nacional, también demostró con los bajísimos resultados de la reciente elección continuar sufriendo las consecuencias de años identificado con el kirchnerismo nacional, un espacio regido por idearios y metodologías que evidentemente nunca resultaron atractivas para el mendocino medio.

Como corolario, es importante destacar que el 70% de participación ciudadana en nuestras recientes elecciones confirma una vez más el clima de apatía y descreimiento que, en general, mostró la ciudadanía argentina a lo largo del año en la mayoría de las convocatorias a votar, incluyendo las PASO presidenciales de agosto.

Si bien votaron el domingo pasado unos 60.000 mendocinos más que en las primarias locales de junio, el dato elocuente radica en que se perdieron 15 puntos porcentuales de votantes con respecto a la anterior elección de gobernador, en 2019.

Queda claro que Mendoza no escapa al descontento de la gente en el país con una dirigencia que es responsable de muchos años de inestabilidad en lo económico y de una situación social endeble en amplios sectores de la sociedad.

En ese marco le compete al futuro gobernador Cornejo acelerar desde el inicio, de modo de encarar los mecanismos necesarios para conducir hacia un mayor bienestar de los mendocinos.

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