El tiempo de la definición de propuestas

Se debe reencarrilar a una Argentina con rumbo incierto por culpa de sus dirigentes. Es por ello de suma importancia que los nuevos liderazgos que aparecen en el escenario político tengan las convicciones necesarias para encarar la difícil misión que les espera.

El tiempo de la definición de propuestas

A poco menos de un mes de las elecciones primarias, y a tres de las generales presidenciales, cabe esperar de los distintos candidatos una clara mirada hacia el futuro. La ciudadanía requiere una definición seria de propuestas para salir de la actual crisis económica y social.

Se debe reencarrilar a una Argentina con rumbo incierto por culpa de sus dirigentes. Es por ello de suma importancia que los nuevos liderazgos que aparecen en el escenario político tengan las convicciones necesarias para encarar la difícil misión que les espera.

En este punto es bueno recordar la acertada mirada de hace un año a esta parte del gran politólogo Natalio Botana, que en una entrevista concedida a Los Andes ya efectuaba una fuerte advertencia a través de un fino análisis de las características de la política argentina. Hablaba entonces de un choque entre dos cuadros muy opuestos. Uno, con clara tendencia a la hegemonía, característica que abunda en el actual oficialismo; el otro, con tendencia al a lo que el doctor Botana define como faccionalismo. “Esto último es lo que está pasando en la oposición”, decía el analista sobre el espacio Juntos por el Cambio. Esa postura parece subsistir, si se tienen en cuenta las diferencias conceptuales que suelen distinguir a los contendientes.

Desde el punto de vista institucional, el faccionalismo es sinónimo de política de baja calidad, con argumentos sectarios que muchas veces sobrepasan los preceptos que marcan el rumbo de una agrupación o de una coalición y terminan horadando esos pilares.

Y este deterioro en el funcionamiento de sectores partidarios que deberán ofrecerse como opción de gobierno este año, se produce en momentos en los que el actual oficialismo procura transitar por un sendero que ponga fin a desencuentros y rencores que desarticularon en estos tres años largos su de gobierno y con ello la estabilidad económica y social de la Argentina.

La generación de nuevos liderazgos que se propone atinadamente implica, previamente, la definición de planes de gestión que sean consensuados por los dirigentes llamados a constituirse en válida opción electoral.

No sólo es necesario que quienes pretendan liderar un espacio político con elevadas posibilidades de éxito electoral moderen sus ímpetus. También es menester consensuar políticas básicas que sustenten un proyecto político que pueda ser puesto en práctica sea cual fuere el ejecutor, el vencedor en primarias o el elegido eventualmente en un marco de consenso interno de cada agrupación.

Por ejemplo, el manejo de la actual estructura del Estado debería ser un aspecto de inevitable debate en la campaña electoral venidera si lo que se propone, realmente, es optimizar recursos para que la economía pueda repuntar. Se conocen posturas habituales de los sectores minoritarios, a izquierda o derecha del abanico partidario, pero no termina de haber precisiones por parte de la oposición mayoritaria, llamada a confrontar electoralmente con el eterno asistencialismo justicialista.

No se puede pretender seguir circulando a contramano de las necesidades de la gente, que tiene hartazgo por la política, como ya se sabe, y muestra apatía a la hora de ir a votar. Pero que de ninguna manera es ajena a la realidad que nos toca a los argentinos.

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