De la bronca acumulada a la esperanza acotada

Cada vez se ve con más claridad que si algo reverdece en la vida de los argentinos es mayormente como consecuencia del esfuerzo de la gente que por la iniciativa de los políticos que deben representarla.

Milei saludando desde la Rosada este jueves.
Milei saludando desde la Rosada este jueves.

Llega el final de un año muy duro para la mayor parte de la sociedad argentina. Este 2023 marcó, en gran medida, el punto más alto de una crisis con pocos antecedentes recientes en el país. El resultado negativo de una gestión de gobierno con poco para recordar en lo que a eficiencia se refiere.

El presidente Alberto Fernández llegó al poder, en medio de una crisis económica, con la promesa de unir a los argentinos y comenzar a recomponer los ingresos de los más necesitados.

Pese a sus preceptos, fracasó rotundamente y fue así como a lo largo de sus cuatro años de mandato la crisis se agigantó y la pobreza llegó al 40 por ciento, cinco puntos porcentuales más que cuando asumió, y hay un 10 por ciento de argentinos en la indigencia.

En los cuatro años del gobierno anterior la inflación tuvo un aumento de mil por ciento prácticamente.

El voto de la mayoría de la gente en las elecciones legislativas de 2021 ya había castigado al oficialismo de entonces por sus desaciertos, otorgándole crédito, nuevamente, a la oposición de Juntos por el Cambio para que controlara al poder y aportara ideas desde el Congreso.

Sin embargo, los frutos de ese desafío nunca se vieron y así una significativa mayoría puso su mirada atentamente en el emergente que hoy es el nuevo presidente de la Nación.

Sin ninguna duda, Javier Milei supo captar el sentimiento de buena parte de la sociedad, principalmente necesitada de poder optar por un político nuevo, que fuese más allá del ir y venir de promesas incumplidas bajo al amparo discursivo de la alternancia democrática.

El cambio de gobierno es aún muy reciente.

La sociedad se enfrenta ahora a un período de expectativa por la gran cantidad de reformas encaradas por la nueva conducción, pero también reina la incertidumbre si se tienen en cuenta los pronósticos sobre la lenta y complicada evolución de la economía luego de años de políticas regulatorias, distorsivas y restrictivas.

La crisis heredada por la nueva administración nacional es, realmente, muy complicada.

Pensar en un todavía extenso proceso inflacionario importante no es descabellado; es altamente probable que siga formando parte de nuestro diario trajinar.

No obstante, no es esperable la resignación entre los argentinos; todo lo contrario.

Se impone, por un lado, la exigencia de avances por parte del grueso de la sociedad y, esta vez sí, el esfuerzo compartido de los que más tienen y producen.

Ese enfoque se sustenta en la clara orientación hacia fuertes políticas de desregulación ya anunciadas y que serán puestas en práctica en plazos no muy lejanos.

El mayoritario aval dado en las elecciones de noviembre a quien llegó a la presidencia sólo prometiendo orden en medio de una política de ajuste puede representar un signo de madurez de una ciudadanía cansada de promesas.

Cada vez se ve con más claridad que si algo reverdece en la vida de los argentinos es mayormente como consecuencia del esfuerzo de la gente que por la iniciativa de los políticos que deben representarla.

La sociedad parece estar siempre un paso adelante.

Es de esperar, por lo tanto, que en este caso la política sea una sana excepción.

La sociedad pasó de una bronca muy grande a una esperanza acotada. No la defraudemos.

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