Arte en las calles y vandalismo

Para llegar a una solución efectiva, en cuanto a la protección del patrimonio expuesto al aire libre, la única manera de hacerlo es fomentando su resguardo y preservación a través de la educación y la formación.
Para llegar a una solución efectiva, en cuanto a la protección del patrimonio expuesto al aire libre, la única manera de hacerlo es fomentando su resguardo y preservación a través de la educación y la formación.

Aunque los garabatos efectuados a la obra de Quino, expuesta en la avenida Arístides Villanueva, ya han sido corregidos y la escultura está otra vez “en servicio”, continúa siendo una gran deuda la preservación y exhibición de obras de arte al aire libre. Un desafío en el que debemos comprometernos los mendocinos y tratar de sumar a los que, irresponsablemente, vandalizan estos productos de creatividad e imaginación del hombre.

El esquema de seguridad de los bienes culturales que se exhiben en el espacio público, prevé distintos aspectos de protección.

Uno de ellos es la vigilancia del objeto expuesto por medio de personas que cuiden el área de exposición y, en otros casos, se apela al monitoreo del lugar a través de cámaras de observación y disuasión.

Pero, no obstante, las precauciones, el arte callejero, los frentes de los edificios históricos y las esculturas expuestas en calles, plazas y parques, libran una batalla contra el vandalismo y la incomprensión.

Es lo que pasó en parte con la representación de Mafalda y dos de sus amiguitos: Susanita y Manolo, ubicada en la esquina de Arístides Villanueva y Huarpes de la ciudad, frente a la Universidad de Mendoza, que fue irrespetuosamente garabateada por dos jóvenes de 25 y 26 años, a los que se sorprendió in fraganti en la madrugada del lunes pasado.

Los autores del irrespetuoso acto estamparon leyendas con un fibrón negro sobre el rostro de Mafalda y la cabeza de Susanita.

La efigie había sido reinaugura en ese punto de la Quinta Sección como parte de los homenajes dispensados a su genial creador, Joaquín Salvador Lavado, “Quino”, al conmemorarse un año de su desaparición física.

Coincidimos con el intendente de la Ciudad, Ulpiano Suárez, quien por el triste suceso señaló que la obra de arte contemporáneo afectada “representa parte de nuestro patrimonio cultural y también nos representa como sociedad.

Vandalizarlas o destruirlas no sólo es agredir una obra; es agredir nuestra cultura y nuestra historia”.

Los autores del desatino serán castigados con una pena prevista por el ordenamiento jurídico previsto.

Lo interesante sería que pudieran asumir como una suerte de compensación frente a la maldad realizada, un sincero arrepentimiento y comprendieran el esfuerzo y la dedicación de los artistas que se dedican a plasmar esculturas como la atacada.

Muchos pensarán que es intento vano esperar una vuelta atrás en este tipo de acciones porque la forma de proceder, malsana a todas luces, se repite con cierta regularidad.

La escritora y docente universitaria Elia Ana Bianchi Zizzias, se lamenta del siguiente modo: “No podemos olvidar fácilmente este cruel episodio, porque nos habla de ignorancia, violencia y falta de educación”.

La sanción judicial es procedente y deberá aplicarse, pero nos parece que no es el camino final.

Para llegar a una solución efectiva, en cuanto a la protección del patrimonio expuesto al aire libre, la única manera de hacerlo es fomentando su resguardo y preservación a través de la educación y la formación; insistir en que las camadas infantiles y juveniles conozcan y aprecien los productos del arte colectivo.

Para cuidar algo hay que conocerlo primero, y comprender que estos objetos culturales no pertenecen solamente a un municipio, a una autoridad determinada sino, sobre todo, a la comunidad mendocina.

Los bienes patrimoniales son propiedad de todos los mendocinos, a las actuales y a las futuras generaciones. Los que nos sucederán tienen tanto derecho como nosotros para conocer ese arte, apreciarlo y hacerlo parte de su vida.

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