El origen de Escala Humana Wines se remonta al año 2015, iniciando un recorrido vitivinícola que durante sus primeros años transitó sin una locación propia. Fue recién en 2021 cuando el enólogo Germán Masera y su equipo encontraron un campo completamente virgen en Gualtallary, Tupungato, un territorio al pie de la Cordillera de los Andes dotado de una rica biodiversidad autóctona. La elección de este suelo no fue al azar; conllevó la firme decisión de forjar La Masía que respetara de manera genuina el entorno precordillerano.
Para lograrlo, el desarrollo de la infraestructura estuvo precedido por estudios específicos y detallados sobre los tipos de suelo, la flora nativa, la fauna, la entomología y la microbiología del lugar, trabajando en conjunto con especialistas de diversas áreas. Este enfoque permitió realizar un desmonte quirúrgico y conceptual. De este modo, las viñas se acomodaron orgánicamente entre islas naturales de cactus, chañares y vegetación silvestre del Valle de Uco, mientras que la edificación se asentó en las zonas donde el impacto en el ecosistema preexistente fuera mínimo.
Tupungato: el valor de las miradas compartidas
25-06 Fabricio Prosperi, Escala Humana Wines ©Luis Abba (6)
El desarrollo edilicio en el campo respetó los tiempos de consolidación del lugar.
Luis Abba
La concreción del proyecto materializó una colaboración estrecha entre Escala Humana y el estudio mendocino Monte Arquitectura, liderado por Fabrizio Prosperi. Al tratarse de un terreno totalmente virgen, el punto de partida exigió el diseño de un masterplan integral para definir el destino y la ubicación precisa de cada elemento. Con el propósito de enriquecer las perspectivas del diseño y romper con los esquemas tradicionales de la arquitectura vitivinícola local, Fabrizio Prosperi decidió invitar a los estudios cordobeses Rare y Unamuno a sumarse al proceso bajo una modalidad de trabajo colaborativo.
Esta sinergia de equipos permitió amalgamar la experiencia técnica en la construcción de bodegas —con la que ya contaba el estudio mendocino— con la mirada fresca de los profesionales de Córdoba, quienes no habían proyectado establecimientos de este tipo previamente. El proceso incluyó viajes de intercambio, recorridas por diferentes bodegas de la región y un profundo aprendizaje sobre la dinámica productiva local. El cruce de visiones entre el arraigo territorial y la interpretación externa consolidó un lenguaje arquitectónico versátil, enfocado en conectar la producción técnica con la habitabilidad cotidiana.
El refugio primigenio y la escala productiva en Gualtallary
El desarrollo edilicio en el campo respetó los tiempos de consolidación del lugar. La primera construcción en emerger dentro de la villa agrícola fue el denominado "refugio", un espacio de 100 metros cuadrados concebido inicialmente para establecer base en el terreno virgen. En la actualidad, este sector centraliza las funciones administrativas como oficina técnica, pero también opera como un espacio de recepción y encuentro doméstico, donde se coordinan actividades gastronómicas y catas de vino.
25-06 Fabricio Prosperi, Escala Humana Wines ©Luis Abba (10)
El edificio se estructura mediante muros pesados de piedra extraída del mismo lugar.
Luis Abba
Posteriormente se erigió la nave principal de la bodega, una estructura que abarca 450 metros cuadrados netamente cubiertos y destinados a las tareas de elaboración. El diseño de la planta baja libera la nave central para optimizar la flexibilidad durante las etapas de vendimia, estiba y crianza del vino, la cual se lleva a cabo en vasijas y ánforas de hormigón. El programa se completa hacia el este con un ala que concentra los laboratorios, sanitarios, depósitos y salas de máquinas, mientras que en el sector sur se dispuso una cava semienterrada que asegura condiciones óptimas de resguardo.
Sostenibilidad y tectónica de la materia
La propuesta arquitectónica se define formalmente a partir del contraste tectónico y estereotómico de sus envolventes. El edificio se estructura mediante muros pesados de piedra extraída del mismo lugar, los cuales emergen del suelo imitando la aridez del desierto mendocino y aportando una gran masa térmica. Sobre esta sólida base mineral se apoya una cubierta metálica de chapa, liviana y precisa, que genera un recinto protegido de sombra y frescura. Esta dualidad constructiva plantea una síntesis formal entre los conceptos del rancho y la cueva, o la masía y el galpón tradicional.
25-06 Fabricio Prosperi, Escala Humana Wines ©Luis Abba (25)
El ingreso de la luz natural está calibrado rigurosamente para evitar excesos de radiación, propiciando una atmósfera interior dominada por la penumbra.
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La estrategia bioclimática resulta un pilar central para regular el funcionamiento de la bodega de manera natural. El uso de la gran masa de los muros de piedra, combinado con aberturas controladas, ventilación cruzada y aleros de enramada, permite estabilizar el microclima interior frente a las amplitudes térmicas externas de Gualtallary. Asimismo, el ingreso de la luz natural está calibrado rigurosamente para evitar excesos de radiación, propiciando una atmósfera interior dominada por la penumbra, ideal para el reposo del vino y el confort laboral. Aunque la volumetría exterior resguarda las vistas en primera instancia, el cruce del umbral de acceso abre el edificio hacia el oeste, enmarcando la Cordillera de los Andes en el centro de la experiencia espacial.
Una masía contemporánea en el Valle de Uco
El complejo integral adopta conceptualmente el funcionamiento de "La Masía", evocando las antiguas unidades agrícolas mediterráneas de los inmigrantes, donde convivían de forma autosustentable el hogar, la naturaleza y las tareas de la tierra. Bajo este esquema de mosaico cultural y productivo, la villa agrícola articula parcelas de viñedos, la nave de la bodega y áreas específicas destinadas a diversificar la experiencia del espacio.
25-06 Fabricio Prosperi, Escala Humana Wines ©Luis Abba (103)
La propuesta global de Escala Humana Wines apunta a un turismo biocultural y sustentable.
Luis Abba
Entre estos sectores se destaca una casa de té destinada a la firma "Eres", un proyecto liderado por Ayelén —esposa de Germán Masera— orientado al desarrollo de blends de té y hierbas orientadas a estimular los sentidos de los visitantes. El predio incorpora también un reservorio de agua que potencia el ecosistema local para la fauna, rincones de frutales y la denominada viña de los niños.
A nivel turístico, la villa suma dos módulos habitacionales de formato loft integrados quirúrgicamente al paisaje, pensados para quienes buscan una vivencia de alojamiento inmersiva en el desierto. La propuesta global de Escala Humana Wines apunta a un turismo biocultural y sustentable, donde el visitante no solo contempla el entorno, sino que se vincula con la materialidad, la biodiversidad y la escala humana de la producción vitivinícola regional.
Fotos: Luis Abba