Durante décadas, Lumilagro fue una de las marcas líderes del mercado argentino de termos, con fuerte presencia en el segmento de ampolla de vidrio y en el consumo cotidiano vinculado al mate y sus productos. En los últimos años, la irrupción de los termos de acero inoxidable y el posicionamiento de marcas globales como Stanley modificaron el escenario.
En ese contexto, la empresa avanza en una reconversión de su modelo productivo, combinando fabricación en China con operaciones industriales que mantiene en la Argentina, como el ensamblado, la personalización y el control de calidad. Este esquema se da en un escenario atravesado por la recesión del consumo y los desafíos de competitividad para la industria local.
Para analizar este proceso, entrevistamos a Martín Nadler, director de la compañía, quien detalla la estrategia detrás del nuevo Luminox Pampa, el impacto de la coyuntura económica y los desafíos de producir y competir desde Argentina.
- Lumilagro cumple 85 años ¿por qué decidieron entrar ahora con un termo de acero inoxidable premium?
- Nosotros ya fabricábamos y ofrecíamos al mercado nuestro termo de acero Luminox desde hace aproximadamente 20 años. El Luminox Pampa es una ampliación de nuestra línea como respuesta a nuestra exigencia de mejora continua en nuestros productos. Logramos dar un gran salto de calidad y bajar los costos por la economía de escala, y menores costos impositivos y laborales que encontramos en China. Eso, combinado con nuestro diseño 100% pensado para mate, patentado y con matriceria propia, nos permitieron lograr un producto disruptivo para el mercado actual.
-Ustedes prometen un producto a un tercio del precio de la competencia: ¿dónde está la diferencia que les permite ser más baratos?
- El costo de fabricación de nuestro producto frente a la competencia es muy similar. La única diferencia es que el termo de nuestra mayor competencia se posicionó como un producto aspiracional, invirtiendo muchísimo en marketing. Pero nosotros no solo estamos a del precio, sino que a diferencia de nuestra competencia estamos pensados 100% para tomar mate.
- Marcas globales como Stanley instalaron el termo como producto aspiracional: ¿cómo compite una empresa argentina frente a ese fenómeno?
- Haciendo exactamente lo contrario. Buscamos ser la antítesis de lo aspiracional. Queremos ofrecer el mejor termo para mate a un precio lógico y conveniente. Además, dentro del mercado del lujo, en el mercado mundial se está virando hacia una tendencia de lujo silencioso, donde se busca la calidad por encima de exhibirse con una marca llamativa. Nosotros queremos transmitir eso: quien usa Lumilagro lo hace porque realmente quiere el mejor termo para tomar mate, y no porque necesite demostrarle nada a nadie.
-Lumilagro fue históricamente sinónimo de termo de vidrio, ¿el acero inoxidable representa un cambio de etapa para la empresa?
- Así es. Nos ha costado mucho ser competitivos con nuestro termo de acero fabricado en Argentina. Lamentablemente, por un tema de escala y de costos laborales e impositivos, la fabricación local frente a los termos de acero importados no nos permitía competir fuerte en ese segmento, y por eso nos mantuvimos como líderes indiscutidos en el termo de vidrio.
Planta Lumilagro
-Fabrican en China con control propio: ¿a qué se debe esta decisión?
- Decidimos fabricar en China porque nos resultaba mucho más conveniente a nivel costos. La escala que se maneja allá para este producto en particular, sumada a que sus costos laborales e impositivos son menores, hacen que sea la opción más inteligente. Nos costó más de 1 año en encontrar la fabrica adecuada con la que íbamos a trabajar porque son realmente muy pocas las que cumplen con los estándares que trabaja Lumilagro hace 85 años. De todos modos, nos queremos mantener flexibles: si el día de mañana llegara a ser más competitivo fabricar este modelo en Argentina, podremos hacerlo sin problemas, ya que toda la matricería de los aceros y plásticos del producto es de nuestra propiedad.
- ¿Hoy es más difícil para una empresa argentina producir o vender?
- En cuanto a la producción, sin dudas aumentó la dificultad ante las barreras de la importación abierta. Con los costos laborales e impositivos que seguimos teniendo, creo que las fábricas locales que van a sobrevivir más holgadamente son aquellas que tienen un menor costo logístico o por ser fabricadas acá, como es el caso de los colchones, los envases de gran volumen o el hormigón. En cuanto a la venta, estamos atravesando una recesión lógica producto de la normalización económica. Soy cautelosamente optimista con el futuro, una vez que se terminen de acomodar las variables macroeconómicas.
- Pensando a mediano plazo, ¿qué necesita la industria argentina para volver a crecer de forma sostenida?
- Por un lado, hay muchas industrias relacionadas con la minería y los hidrocarburos que creo que van a crecer a medida que se vayan materializando las inversiones anunciadas. Por otro lado, hay industrias que se deberán seguir desarrollando localmente porque traer esos productos de afuera conlleva un costo logístico enorme (por ejemplo, envases con mucho aire, colchones donde la relación volumen/valor es muy alta, o el hormigón, que no se puede estoquear por demasiado tiempo). Para estas industrias es fundamental que se reactive la economía y salgamos de la recesión de consumo. Para el resto de las industrias, lo primordial es que bajen los costos laborales e impositivos. Pero, aun logrando eso, deben contar con una escala suficiente para poder competir con China, India o cualquiera de los países asiáticos de bajo costo. Hay industrias que, por más que bajen sus costos de fabricación, no van a poder competir por una simple cuestión de escala.