- reconstruir el crédito
- reducir el costo argentino
- combatir la competencia desleal y el contrabando
- garantizar energía a precios competitivos
- facilitar la baja de la morosidad
- desarrollar infraestructura para exportar
- y consolidar la modernización laboral.
El objetivo, explicó, es que la apertura de la economía pueda avanzar sin que los sectores industriales queden expuestos a una competencia internacional para la cual enfrentan condiciones internas desfavorables.
“Si es la industria la que enfrenta la exigencia de la apertura, también es la industria la que necesita las condiciones y las herramientas para atravesar la transformación”, sostuvo.
La industria compite con el mundo, pero paga costos argentinos
Uno de los principales argumentos de la entidad fabril es que la apertura comercial no expone de la misma manera a toda la economía.
“Cuando abrimos la economía, proceso necesario para la integración, no ponemos al 100% de la economía argentina a competir con el mundo”, señaló Rappallini. Y agregó: “Ponemos a competir principalmente al 25% que produce bienes y servicios transables, es decir, aquellos que pueden importarse o exportarse. Dentro de ese sector está gran parte de nuestra industria”.
Por eso, el dirigente sostuvo que la competitividad internacional es la condición concreta bajo la cual producen las empresas industriales.
El problema, según el diagnóstico de la UIA, es que las fábricas deben enfrentar precios internacionales mientras continúan absorbiendo costos locales elevados. De allí surge el pedido de reducir el denominado costo argentino, que incluye presión tributaria, logística, infraestructura, energía, financiamiento y regulaciones.
La entidad propuso avanzar en un Pacto Fiscal Industrial Federal que comprometa a Nación, provincias y municipios en una reducción gradual y coordinada de la carga sobre la producción.
Entre los tributos mencionados aparecen Ingresos Brutos, el impuesto de sellos, las tasas municipales, el impuesto a los créditos y débitos y la carga sobre la renta empresarial.
Crédito para sostener la actividad
La reconstrucción del crédito fue presentada como una de las herramientas centrales para atravesar la transición. La UIA reclamó instrumentos que permitan financiar capital de trabajo, inversión, vivienda y consumo sin comprometer el equilibrio fiscal. Para la entidad, la recuperación de los préstamos es necesaria para que la estabilidad macroeconómica pueda traducirse en una recuperación efectiva de la actividad.
El pedido adquiere relevancia para las empresas que enfrentan dificultades para financiar su funcionamiento cotidiano en un contexto de actividad industrial todavía por debajo de los niveles de años anteriores.
Rappallini también incluyó entre los ejes la necesidad de reducir la morosidad, con mecanismos para reprogramar deudas bancarias y fiscales, suspender embargos y acelerar la devolución de saldos a favor de las empresas.
Energía: la apuesta es que Vaca Muerta impulse a la industria
Otro de los reclamos estuvo relacionado con la energía. La UIA planteó que el desarrollo de Vaca Muerta debe servir no sólo para aumentar las exportaciones de petróleo y gas, sino también para mejorar las condiciones de producción de las industrias.
La entidad pidió garantizar el abastecimiento y contar con energía a precios competitivos en todo el territorio nacional.
Según Rappallini, algunas empresas, especialmente pymes, recibieron facturas de gas y electricidad que llegaron a multiplicarse entre tres y cinco veces. Por eso reclamó mecanismos de acompañamiento que permitan amortiguar el impacto sobre los costos industriales.
La propuesta apunta a transformar la disponibilidad de recursos energéticos en una ventaja para toda la economía productiva y no únicamente en una fuente de exportaciones de materias primas.
La salud de los trabajadores: según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, SRT, la evolución de la accidentabilidad laboral durante los últimos años tuvo un repunte durante el 2025.
La riqueza, según la UIA, está en transformar los recursos
Uno de los conceptos centrales del discurso de Rappallini fue el papel de la industria en la generación de valor. “La riqueza de un país está en su capacidad de transformar”, afirmó el presidente de la UIA. En esa línea, sostuvo que un país puede disponer de capital y recursos naturales, pero que si pierde la capacidad de transformarlos también pierde capacidad para generar nueva riqueza.
La definición adquiere especial relevancia en un escenario en el que el Gobierno nacional impulsa sectores vinculados con los recursos naturales, como energía y minería, y busca atraer grandes inversiones mediante el RIGI.
La UIA respaldó los regímenes de incentivo para grandes inversiones, pero reclamó que las condiciones de competitividad no queden restringidas a esos proyectos y alcancen también al entramado industrial existente. Para Rappallini, el sector privado debe ocupar un lugar central en esa estrategia. “Hay que priorizar al sector privado, verdadero motor de la economía argentina”, sostuvo.
Competencia desleal y contrabando
La apertura comercial también generó otro de los reclamos de la central fabril: la competencia desleal. La UIA advirtió sobre el impacto del contrabando, la subfacturación, la informalidad y las diferencias entre las exigencias aplicadas a los productos nacionales y a los importados.
Según los datos expuestos por Rappallini, en algunos sectores los productos que ingresan por circuitos irregulares representan entre 30% y 50% del mercado.
La entidad sostiene que una economía abierta necesita reglas de competencia equivalentes y controles que impidan que la producción nacional quede en desventaja frente a productos que ingresan incumpliendo normas o evitando cargas tributarias.
Infraestructura y modernización laboral
El sexto eje planteado por la UIA fue la infraestructura. La entidad reclamó inversiones en rutas, puertos, ferrocarriles, redes eléctricas, gasoductos, conectividad y pasos fronterizos.
El argumento es que las deficiencias en esas áreas se transforman en costos adicionales para las empresas y reducen su capacidad de competir tanto en el mercado interno como en el exterior.
La modernización laboral completó el esquema de siete puntos. Rappallini consideró que la nueva legislación constituye un punto de partida y pidió avanzar en la actualización de los convenios colectivos y en una reducción de la litigiosidad.
La UIA sostiene que contar con reglas laborales previsibles es necesario para que las empresas puedan contratar, invertir y generar nuevos puestos de trabajo.
La industria reclama respeto y un lugar en el desarrollo
Rappallini también aprovechó el acto para pedir un cambio en el tono del debate público alrededor del sector privado. “Debemos dejar atrás las descalificaciones y las agresiones hacia quienes producen. Podemos tener diferencias, incluso debatir qué políticas necesita la Argentina, pero el respeto tiene que ser parte fundamental de nuestra convivencia democrática”, afirmó.
El reclamo coincidió con declaraciones mucho más duras de Guillermo Moretti, vicepresidente de la UIA, quien antes del acto cuestionó directamente al Gobierno. “Esta gente no conoce el país y segundo no conoce lo que es una industria. No tienen idea de lo que es una industria”, lanzó.
Moretti sostuvo que mientras el Gobierno apuesta fuertemente por sectores como minería, energía, petróleo y agro, la industria manufacturera atraviesa “una situación muy, muy difícil”. “Todo lo que se está haciendo es una política de desindustrialización”, afirmó, y reclamó una política específica para el sector fabril.
Una transición con empleo y capacidad productiva
La celebración del Día de la Industria encontró así a la principal entidad fabril del país reclamando que la estabilización macroeconómica se traduzca en recuperación de la actividad.
El diagnóstico de la UIA combina algunos avances —como la desaceleración de la inflación— con una advertencia sobre la situación de las empresas que producen bienes transables y enfrentan directamente la competencia internacional.
Rappallini destacó que, durante los últimos dos años, mientras los servicios aumentaron alrededor de 400% y el nivel general de precios cerca de 190%, los precios industriales crecieron 140%. Según su planteo, la industria contribuyó al proceso de desinflación, pero ahora necesita condiciones que le permitan recuperar producción y empleo.
“La industria compite con el mundo”, reiteró el titular de la UIA. Por eso, el “puente” que propone la entidad busca que la apertura y la estabilización no impliquen perder capacidades productivas antes de que puedan generarse las condiciones para que las empresas argentinas compitan en igualdad de condiciones.
Rappallini cerró su discurso con una frase de Juan Bautista Alberdi: “La nueva política debe tender a glorificar los triunfos industriales, a ennoblecer el trabajo y a rodear de honor las empresas”.