El presidente de la Nación dijo hace pocos días que ”la Argentina solo produce dulce de leche y biromes”.
No puede interpretarse como otra cosa que una humorada, la expresión del presidente al decir que la Argentina solo produce dulce de leche y biromes, ignorando la matriz productiva industrial de alto valor agregado que poseemos.
El presidente de la Nación dijo hace pocos días que ”la Argentina solo produce dulce de leche y biromes”.
Fueron declaraciones radiales anteriores al partido del seleccionado nacional con su similar suizo, en el Campeonado Mundial de Fútbol de Estados Unidos. Queremos creer que lo hizo irónicamente y no por desconocimiento sobre el entramado productivo del país que gobierna.
Milei hablaba en una entrevista sobre su proyecto de cerrar el estado en determinado momento si fuera necesario, como suele hacerlo Estados Unidos, y continuó refiriéndose a la apertura de las importaciones, en detrimento de la industria local, con la intención de copiar normas del país del Norte.
Como se había jugado al fútbol con el país helvético, puso el acento en la producción de la nación europea que, según él, era de turismo, relojes, chocolates, cortaplumas y servicios financieros, además de ser la cuna de un gran tenista, Roger Federer.
"Bueno, nosotros en Argentina -prosiguió- solamente comeríamos dulce de leche. Tendríamos unos problemas de sobrepeso tremendos porque sería lo único que comeríamos. Y andaríamos con biromes en colectivo nada más. No tenemos más cosas”. Finalmente, cuestionó lo que calificó como “nacionalistas, digamos, de pacotilla”.
El ocupante del sillón de Rivadavia debe estar ya arrepentido de esas declaraciones. Ni Suiza produce el pequeño listado de cosas que dice que elabora y nuestro país va más allá del dulce de leche y el tan útil implemento para escribir creado por el periodista húngaro, argentino nacionalizado, László Biró, en 1938.
Una rápida consulta con la Embajada Argentina en Berna le hubiera permitido saber que los fabricantes de chocolate tienen un indicador muy amplio de bienes y servicios finales producidos, con enorme valor agregado: desde maquinarias y armas, a equipos eléctricos y de medición, instrumental médico, laboratorios medicinales, donde inclusive trabajan Premios Nobel. Empresas como Oerlikon, Brown Boveri (ahora convertido en la multinacional ABB Group), Landis & Gyr, y tantas otras, además de importante industria aeronáutica. Claro, también poseen el mejor chocolate del mundo que venden a cientos de países.
El Presidente quiere ser mordaz e ironiza que solo producimos dulce de leche y biromes, cuando todos saben que la matriz productiva nacional desarrolla tecnología de punta en la fabricación de satélites de comunicación, energía, agroalimentos y manufacturas diversas, sin olvidar la importante industria automotriz y la producción de aviones que tuvimos en la histórica Fábrica Argentina de Aviones (Fadea), en la provincia de Córdoba, renglón industrial que se puede restablecer a su plenitud con los apoyos necesarios del Estado.
Argentina cuenta con una matriz industrial y energética diversificada que le ha permitido desarrollar capacidades competitivas en sectores estratégicos, y que tiene que ser reimpulsada con más proyectos de ejecución, con el acceso de cientos de jóvenes al empleo y no a la salida por Ezeiza para dar potencialidades a otros países.