Días pasados el presidente Javier Milei dijo que, si no importáramos productos, sólo comeríamos dulce de leche. Que el presidente de una potencia exportadora de alimentos diga ese disparate muestra el desconocimiento de la economía real que tiene mientras se dedica a visitar a jugar de profeta en el mundo en nombre de la libertad de ideas que atentan contra la misma o a escribir monografías de teoría económica. A propósito: ¿Quién gobierna? Porque la tarea de investigar, analizar documentos, evaluarlos, seleccionar, redactar requiere tiempo y se sabe que los cargos públicos, incluso de menor jerarquía que la presidencia demandan horas de trabajo, reuniones, audiencias, informes, análisis, consultas.
También dijo que en Suiza solo comerían chocolates si no importaran.
El presidente ha ofendido a todos los que producen en este país que además de ser una potencia agroindustrial siendo una de las grandes proveedoras de alimentos al mundo, es capaz de elaborar vacunas, poner en el espacio satélites fabricados aquí o exportar reactores nucleares en licitaciones competitivas a países como Holanda y Australia.
Por suerte para el país, la Argentina tiene una buena oportunidad, en parte por méritos propios y también por el contexto internacional, para mostrar que puede ampliar sus exportaciones. No hay dudas que, si terminamos de una vez con las retenciones a las exportaciones agropecuarias, el salto de producción sería impresionante. De paso el presidente, cumpliría una promesa electoral pues, así como aseguraba que suprimiría el Banco Central, también afirmaba que las retenciones las suprimiría al asumir el gobierno. Las ha reducido, pero no suprimido.
Petróleo, gas, minería son otros sectores que ya están influyendo en la solución de un problema de la economía argentina que viene desde los últimos años de la década del cuarenta del siglo pasado y es la carencia de divisas que ha sido el freno al desarrollo. Exportaciones crecientes de petróleo, de litio y cobre, las inversiones en gasoductos y barcos gasíferos permiten pronosticar un salto muy fuerte de las exportaciones a partir del año próximo.
No obstante, hay que considerar que el contexto internacional que hoy nos favorece puede cambiar. Por eso hay que buscar la baja de los costos de producción, que en el caso de Vaca muerta son superiores a los de yacimientos ubicados en los Estados Unidos o la recuperación de la producción de Venezuela. En esa reducción es clave la cuestión logística. Vaca Muerta insume con la producción actual un consumo de 6 millones de toneladas anuales de arena provenientes de Entre Ríos que se transportan en camiones para recorrer más de mil doscientos kilómetros, una carga que por su volumen y valor debe ser transportada en ferrocarril lo que requiere inversiones para modernizarlo, ampliar la capacidad de carga, conectar ramales.
Lo mismo sucede con la producción agrícola del norte argentino adonde se ha expandido la frontera agropecuaria. Los productores de esa región, se puede decir algo parecido de Cuyo, pagan además de todos los tributos “un impuesto a la distancia”.
Debemos encarar la exportación de más valor agregado que es lo que genera más empleo y mejores salarios. Convertir la soja y el maíz en biocombustibles y en carne; el trigo en más pastas y galletitas. El gas en Urea así no solo dejamos de importar la mitad del abono que necesita el campo, sino que también podemos exportar gas con valor agregado.
Para ser equilibrados, no sólo el presidente suele mostrar este desconocimiento del país. Tenemos el caso de algunos gobernadores de feudos subsidiados que para hacer demagogia localista barata dicen “que exporta Buenos Aires”. Esa ciudad exporta más de siete mil millones de dólares al año en “materia gris”, es decir software, consultoría, servicios profesionales, patentes. A esto debemos agregar las industrias culturales, y los ingresos del turismo internacional. En cifras significa, sin las industrias culturales, un 50 % más que todo el norte oeste argentino., En esas actividades la siguen ciudades de la provincia de Buenos Aires, Cordoba, Santa Fe y Mendoza, en coincidencia con los índices de calidad educativa.
Por eso es preocupante la indiferencia cuando no la hostilidad hacia la educación universitaria que ha mostrado el gobierno nacional como la disminución de los presupuestos para ciencia y tecnología.
Cuando investigamos sobre cómo China y la India lograron salir de la miseria y la hambruna hasta convertirse en la segunda y la quinta economía del mundo observamos que hace medio siglo en China y al poco tiempo de su independencia en la India sus gobiernos invirtieron en la formación de grupos de jóvenes talentosos en ciencia y tecnología.
En este mundo donde ahora vemos el desarrollo de la inteligencia artificial y los desafíos civilizatorios que implica no se puede estar en tonterías y debemos distinguir en lo que es gasto y lo que es inversión.
Para eso en primer lugar hay que conocer mejor el país que lo que muestra el presidente y algunos de los gobernadores.
* El autor es presidente de la Academia Argentina de la Historia.