30 de agosto de 2026 - 00:00

Despertares

La gestión libertaria parece que solo se despierta después de recibir un golpe. Quizá necesite a alguien como el doctor Oliver Sacks, interpretado por Robin Williams en el film “Despertares”, quien aplica la Levodopa a pacientes en estado catatónico.

Consultor político

Fue una semana muy particular para el gobierno, a partir de tres cuestiones: 1) las victorias en el Congreso, 2) los desbordes discursivos del Javo, y 3) medidas para reactivar la economía. De las tres, solo la primera es superavitaria. Las otras dos son la muestra palmaria de que “tenemos un problema, Houston”.

Respecto a las victorias en el Congreso, después de la Cancha Rayada que significó la caída de dos capítulos de la ley de propiedad privada -venta de tierras a extranjeros y manejo del fuego- esta semana fue pletórica de triunfos en ambas cámaras. Acá se deben computar varios factores. Primero, el gobierno ajustó las marcas en la relación con los aliados (así armó su propio “frente para la victoria”), no entorpeciendo la tarea de los que más saben de política, Santilli y Bullrich (alias “la disidente”, ya que todas las semanas se desmarca de algo que hace o dice su presidente). Segundo, esta vez tuvo temas que no despertaban sensibilidades en la opinión pública (reforma de la carta orgánica del BCRA, inocencia fiscal II, pliegos del Poder Judicial), es decir, todo demasiado técnico. Tercero, el oficialismo se decidió a repartir maníes, porque otra cosa no tiene debido a un superávit fiscal que se va achicando. En este caso fueron los juzgados, la eliminación del IVA a algún producto regional (¡fécula de mandioca para todos y todas!), o las múltiples “capitales nacionales” (desde el teatro para CABA, hasta el coleccionismo para Chivilcoy). Éramos tan pobres…

Estas victorias le vienen como anillo al dedo para mostrar que tiene las riendas de la gobernabilidad frente a encuestas que no le sonríen y un riesgo país que se declara en rebeldía. Para que los mercados no crean que al león se lo puede psicopatear, endureció su discurso en las últimas dos semanas, transmitiendo que él encarna “la leyenda del indomable” (gran film con Paul Newman). Claro, los brokers no consumen declaraciones altisonantes, sino datos contantes y sonantes. Por ejemplo, la disciplina con el ajuste, el disponible para honrar deudas y la no tentación de medidas populistas.

Esto último va de la mano con la tercera cuestión de la semana: medidas para reactivar la economía. Como la economía parece que no es solamente “una cuestión entre privados”, Toto se animó a usar el “becerro de oro” del Fondo de Garantía de la Anses para dar una dosis homeopática de ánimo al consumo (y hasta hay un intento de incidir en la fijación de salarios mínimos). Lo anunciado no tendrá gran impacto por su volumen, pero sirve para dos cosas. Por un lado, “algo es algo”, diría la calle. Por el otro, los gobiernos de todo tipo y color hacen cosas para construir una coartada, más que por el efecto sobre la realidad. Ahora no se les podrá criticar que se queden de brazos cruzados a esperar que las inversiones derramen. Quizá no modifique la percepción popular en el corto plazo, pero le servirá a sus huestes para dar la batalla cultural (por ejemplo, que con esto se hace “justicia social”). Además, téngase en cuenta que la actual gestión recibe una mala calificación por su falta de empatía y sensibilidad, dicho incluso por sus propios votantes.

Esta nueva versión de la máxima nestorista “miren lo que hago, no lo que digo” y la búsqueda de coartadas para hacerle una gambeta a la realidad, no son gratis. Como decíamos, a los mercados financieros y el mundo empresarial les puede generar sospechas. En segundo término, así como la inflación da una ilusión monetaria que al final es negativa, los anuncios pueden generar una ilusión en un sector de la opinión pública, pero después quizá concluyan en una decepción. Algo así como “peor el remedio que la enfermedad”. Tratar de volver de la decepción es una de las cosas más difíciles en política. De modo que se debe hacer un movimiento de cirugía muy fino. La mayoría de los gobiernos pecan de exceso de optimismo y recurren a la vieja táctica de “huir hacia adelante”, imaginando que los beneficios en algún momento llegarán. Eso es lo que se debate hoy en la mesa política que encabeza Karina. Si no, la disidente Patricia no hubiese marcado la cancha diciendo que “lo que necesitamos es más velocidad en los resultados para que el cambio se sienta en la vida cotidiana”.

Pero ahí no terminan las dificultades. Parece que también hay problemas de comunicación (con la sociedad e internos). Como lo hemos analizado en muchas oportunidades en esta columna, la agresividad le trae más problemas que soluciones al oficialismo. Da la impresión de que no encuentra el ecualizador perfecto para cada ocasión. Esa dificultad se presenta cuando se abraza una estrategia como un dogma existencial. Al respecto hubo dos ruidos en los últimos días. Por un lado, la entronización accidentada del cineasta Santiago Oria, desplazando al otro Santiago (nombre de pila cuyo significado es, curiosamente, “recompensado por Dios”). Por el otro, las críticas públicas del exégeta Agustín Laje, quien reconoce que con la batalla cultural no alcanza, y aconsejó “mejorar formas, aliviar gestos y acercar”. Una lección de realismo. ¿Y la teoría de las “minorías intensas” dónde quedó? ¿El centro no era para tibios? Parece que no. ¡El Santo Grial de “la avenida del medio” no ha muerto, señoras y señores! Peor aún: el desgaste de la gestión libertaria la ha ensanchado (como la Autopista Dellepiane).

En esta semana intensa, también se conoció el Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Di Tella. Tuvo una recuperación, aunque la tendencia no es positiva: está más bajo que el mismo mes del año pasado, perdió el 16,5 % en lo que va de 2026, y tuvo solo 3 mediciones positivas en los últimos 10 meses, post elección legislativa. Parece que tiene un movimiento “serrucho”, como la actividad económica.

La gestión libertaria parece que solo se despierta después de recibir un golpe. Quizá necesite a alguien como el doctor Oliver Sacks, interpretado por Robin Williams en el film “Despertares”, quien aplica la Levodopa a pacientes en estado catatónico.

* El autor es consultor político.

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