Facundo Martínez Maino, de IERAL: “Este Gobierno tiene que convivir con la inflación”

Facundo Martínez Maino, de IERAL. - Gentileza
Facundo Martínez Maino, de IERAL. - Gentileza

A poco más de 10 días desde que la presentación del “plancito” del superministro, el economista advierte cómo llegará el país y los argentinos a fin de año, si se sigue con las pautas delineadas que apuntan a “recortar, descomprimir y ganar tiempo”.

Facundo Martínez Maino, de Macroview, la consultora de Melconian y Santangelo, y uno de los directores de Ieral, en entrevista con Los Andes, adelantó qué esperar con la economía argentina, en un escenario de “recorte”, “descompresión” y “gasto”; con el principal objetivo de “ganar tiempo” para llevar el barco a puerto, de cara a un “necesario cambio de régimen económico”.

De acuerdo con el Licenciado en Economía, hoy el país está mejor con Massa que con Guzmán o Batakis, y se empezó a delinear algo que “no es un plan, pero tampoco es la nada”. “Se puso arriba de la mesa, en términos de anuncio, un plancito, con medidas formales o de cotillón, medidas fiscales tendientes a solucionar un problema más urgente y un gasto”.

“Otras medidas son más para ganar tiempo, hasta que pase la necesidad de la demanda de dólares por las importaciones de energía de la Argentina”, agregó.

-¿Cuánto se va a ahorrar si se implementa esas medidas señaladas?

-Con respecto a las medidas atenuadoras del déficit fiscal, lo más fuerte es lo energético, la suba de tarifas producto de la segmentación que se está proponiendo. Pero ya estamos en agosto, y si se aplica, se va a notar recién en septiembre, y el ahorro va a impactar en 2023.

Después viene otra medida fiscal, el adelanto del Impuesto a las Ganancias, el neto de la coparticipación que se le envía a las provincias, y la contraparte de todo esto, el refuerzo a los jubilados.

Así, con los ahorros por lo energético, el adelanto en la recaudación, y el gasto. De acá a fin de año tenemos un ahorro calculado en alrededor de 250.000 millones de pesos; y de ser así, todavía estaríamos con un faltante de caja de 2,3 billones de pesos.

Vamos a cerrar por encima de lo que está pidiendo el FMI, con un ajuste del déficit fiscal que lo ubique en una cifra cercana a los 2 billones de pesos; después tendrá que negociar un waiver (exención).

Esta es una medida atenuadora, con respecto a lo fiscal. Después se prometió no pedir más adelantos transitorios al Banco Central, pero existen artilugios como liberar pesos de los bancos vía devolución de Leliqs, de manera que se continúa con la expansión monetaria en el rango de la inflación actual, que es del 80% al 90%.

Luego, está por verse si el Gobierno va a lograr los préstamos Repo que se anunciaron, ya que no hay detalles escritos al respecto, de ningún desembolso que pueda venir de bancos internacionales.

- ¿Qué se puede esperar en términos cambiarios en este escenario?

El Gobierno tiene que pasar agosto, en septiembre, con un clima más cálido, las importaciones de energía disminuyen, se equilibra el mercado cambiario.

Desde que asumió este Gobierno, el Banco Central vendió 700 mil millones de dólares, equivalentes a un desembolso prometido por el BID.

- ¿Es posible aplicar alguna medida de shock que termine con esta aceleración inflacionaria, o en cualquier caso se necesita ‘ganar tiempo’?

La oposición tiene que hacer sus declaraciones, pero a este Gobierno patorengo, con un triunvirato al mando, con problemas de coordinación y rencillas continúas, lo que necesita es tiempo.

Descartamos de plano que el Gobierno pueda aplicar un plan antinflacionario. Lo que tendremos serán medidas a evaluar día a día, de acá hasta las presidenciales de octubre, cuando se llegue a puerto con un rumbo que aún no se ha definido.

Hoy se está haciendo de golpe (segmentación de tarifas, frenar la emisión), lo que la sociedad le exigía a este Gobierno hacer cuando perdieron las elecciones de medio término.

Pero este Gobierno tiene que convivir con la inflación, cuidar las reservas, restringir lo que haya que restringir. Lejos de eso, dilapidaron reservas, y se encontraron con una guerra (Ucrania-Rusia) que, además del terrible saldo negativo en términos humanos, también dejó un saldo negativo económico, se vendieron más granos, pero se pagó más caro por la importación de energía.

El Gobierno se durmió, o no hizo los números y estuvo en piloto automático hasta la renuncia de Guzmán, que se fue agobiado por los resultados y reprobado en todos los indicadores.

La pandemia también obligó a tomar medidas excepcionales, todos los países expandieron el gasto en 10 o 15 puntos, pero en 2021, países como Brasil volvieron a 0 y Argentina les cambió el nombre a las ayudas, pero las continuó. Mientras que Brasil tiene un déficit primario de 0 puntos, Argentina tiene un inercial de 3,5 puntos, y está viendo si puede llegar a 2,5 puntos.

Hoy hay tres cabezas en el Gobierno y con Massa estamos mejor que con Batakis, y mejor que con Guzmán, pero hay que pasar de los anuncios a la implementación, para que la inflación siga boyando en torno al 5 y 7%.

- ¿Se puede hablar de dolarización, convertibilidad, o algún régimen económico que traiga calma?

Argentina necesita un cambio de régimen que anteceda a cualquier decisión sobre el tipo de esquema que quiere tener. Involucra, un presidente entrante con fortaleza y decisión para aplicarlo. Magia no hay, lo sabe Cristina Fernández y lo supo Macri, así como lo saben todos los aspirantes a la presidencia.

Pero la dolarización no resolvería el problema, eso está fuera de discusión, así como la convertibilidad, porque Argentina no tiene solvencia fiscal para implementar ese esquema.

La bimonetaridad es un esquema en estudio, pero falta mucho para poder decir que ese es el esquema más adecuado, todavía no se conoce el punto de partida que tendrá la próxima administración, y todavía falta.

Recuperar la confianza en el peso va a tomar más de una administración, es un objetivo, pero será inevitable un cambio de régimen organizacional (constitucional).

-En un nuevo esquema, ¿el Banco Central tendría que tener mayor o menor protagonismo?

El Banco Central es una entidad autónoma y autárquica concebida así en todo el mundo. El problema no es el Banco Central, sino que este esté dominado por fisco sobre lo capitalista.

Un Banco Central independiente que no permita que se emite, es lo que hace falta, pero hay que recordar que desde 2003 hasta 2015 y desde 2019 hasta 2022 hay una clase dirigente que cree que la emisión no tiene como consecuencia a la inflación, cuando es así, salvo por economías o tiempos determinados.

Hoy la economía no crece, el crecimiento del 10% del año pasado fue un rebote pospandémico y hoy estamos iniciando un proceso de estancamiento. No es un esquema macroeconómico que derive en caídas del consumo como ocurrió en 2018-2019, porque con la inflación también el aumenta la circulación del dinero.

Hoy quienes pueden guardar pesos prefieren comprar un bien durable si pueden, bienes de consumo si no, y a quienes no les sobra nada, pierden. Por eso el impuesto que más afecta a los pobres es la inflación.

-Estas crisis también recuerdan a las más recientes que ha tenido la Argentina, y no hace mucho se cumplieron los aniversarios de la de 2001, ¿cómo están hoy los bancos?

Así como estos esquemas de alta inflación monetaria no derivan en shocks donde las recesiones son furibundas, sino en estancamiento y recesión, tampoco son esquemas en donde los bancos puedan tener problemas de solvencia o liquidez, a lo sumo están peleando por un margen de rentabilidad.

Para esta crisis no hay que buscar comparativos en el 2001, porque esa no fue por la inflación, fue por liquidez. Esta crisis se parece más a la de los 80, acá no hay crisis financiera ni bancaria, porque es imposible llevarse los pesos de los bancos y no hay riesgo confiscatorio en los depósitos. No hay Corralito, ni va a haber, hoy quien quiere defenderse de la inflación, gasta.

-Facundo Martinez Maino, director del Ieral ex director del Banco Nación y Economista en Jefe de Macroview.

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