Damián Di Pace: "La economía crece, pero el consumo y las Pymes siguen atrapados en una lógica defensiva"
En su visita a Mendoza, el periodista afirmó que la economía argentina muestra un crecimiento dispar, con sectores clave que no logran recuperar actividad.
Damián Di Pace, director de Focus Market, durante su paso por Mendoza para la presentación de su libro El futuro de las Pymes.
Este martes previo a la presentación de su libro El futuro de las Pymes en el hotel Hilton de Mendoza, el especialista en economía y periodista Damián Di Pace habló en exclusiva con Los Andes sobre el momento que atraviesa Argentina. El director de Focus Market ofreció un diagnóstico detallado del escenario económico actual, con foco en la macro y la microeconomía, el consumo y el desempeño desigual de los distintos sectores productivos.
En un contexto de reformas estructurales, inflación persistente y altas tasas de interés, el analista puso el acento en las dificultades que enfrentan las Pymes, la fragmentación de la clase media y los cambios en los hábitos de consumo, variables importantes para entender el funcionamiento de la economía argentina en esta etapa.
Una economía desdoblada, con crecimiento sectorial y tensiones que persisten en el mercado interno
Damián Di Pace define el momento económico de Argentina como un escenario atravesado por fuertes contrastes. No se trata, aclara, de una economía en recesión generalizada, pero tampoco de una recuperación homogénea. “Es una economía que crece, pero crece dispar”, sintetizó, al describir un mapa productivo donde algunos sectores avanzan con dinamismo mientras otros continúan estancados desde hace años.
En ese esquema, los sectores vinculados a bienes transables aparecen como los principales ganadores. Minería, petróleo, gas, agro y ganadería muestran buenos niveles de actividad y perspectivas favorables. Sin embargo, ese impulso no logra trasladarse al conjunto del entramado productivo. “Hay tres sectores que no crecen en términos reales desde el año 2017: comercio, industria y transporte”, señaló Di Pace, y subrayó que no se trata de actividades marginales: concentran cerca del 40% del Producto Bruto Interno y tienen un peso decisivo en el empleo y el consumo.
Vendedora empleada de comercio
La coexistencia de estos dos mundos explica, en parte, por qué la mejora macroeconómica no se percibe con la misma intensidad en la vida cotidiana. A este cuadro estructural se suman factores coyunturales que profundizan las tensiones. “La inflación comenzó a acelerarse un poquito y le comenzó a ganar al salario registrado privado”, advirtió el economista, mientras que el salario público arrastra un atraso mayor. Al mismo tiempo, las tasas de interés heredadas siguen siendo elevadas, lo que impacta tanto en los hogares como en las empresas, generando mora en tarjetas de crédito y encareciendo el financiamiento para capital de trabajo.
Del motor público al desafío de reconstruir el crecimiento desde el sector privado
Para comprender por qué algunos sectores no logran despegar, Di Pace propone mirar el cambio de modelo económico que atraviesa el país. Durante años, explicó, el crecimiento estuvo sostenido principalmente por el Estado. “El gran motor de crecimiento de la economía no era el sector privado, sino el sector público”, afirmó, al describir un esquema basado en emisión monetaria, expansión del gasto y financiamiento con deuda.
Ese motor fue deliberadamente apagado en el marco de una reforma estructural profunda. El Gobierno decidió cortar la emisión, limitar las transferencias discrecionales del Banco Central y dejar de tomar deuda para sostener ese esquema. El problema, según Di Pace, es que el reemplazo no es automático. “Compensar ese crecimiento con un motor que es solamente el sector privado requiere un proceso de cuatro pasos”, explicó: que el ahorro se transforme en inversión, que la inversión genere empleo y que el empleo impulse el consumo.
Ese recorrido es lento y enfrenta un obstáculo central: la confianza. “La mayor institución argentina perdida no es el Estado ni las leyes, es la confianza”, sostuvo. Incluso con incentivos como el RIGI o el futuro régimen para medianas inversiones, la inversión doméstica avanza con cautela. La experiencia previa pesa más que los beneficios fiscales, y el inversor local necesita ver casos concretos de éxito para animarse a dar el paso.
Clase media fragmentada y una movilidad social cada vez más frágil
Uno de los impactos sociales más relevantes de este proceso económico es la fragmentación de la clase media. Di Pace lo definió como “un temón”, porque altera la lógica histórica de movilidad social en Argentina. “La fragmentación de la clase media implica que la movilidad de los ascensos sociales está más fragmentada”, explicó, a partir de los estudios realizados por Focus Market.
La tradicional escalera social se reconfiguró. Muchos hogares que estaban en situación de pobreza lograron ascender a la clase media baja, lo que contribuyó a la baja de los índices de pobreza, pero quedaron en una situación muy vulnerable. Al mismo tiempo, sectores de la clase media tradicional descendieron a ese mismo escalón, mientras que parte de la clase media alta cayó a niveles intermedios. “La clase media es el sándwich de todo este proceso”, sintetizó el economista.
El impacto, además, es territorialmente desigual. “Si estoy en Neuquén, Salta, Jujuy o Río Negro y me monté al sector minero o petrolero, subí la escalera”, explicó Di Pace. En cambio, quienes dependen de sectores más rezagados enfrentan mayores dificultades para sostener su nivel de ingresos, especialmente en un contexto de quita de subsidios y aumento del costo de los servicios.
Un consumo que cambia de lógica y expone las tensiones entre macro y microeconomía
El consumo se transformó en uno de los principales indicadores del nuevo escenario económico. Según explicó Damián Di Pace, las ventas minoristas muestran señales persistentes de debilidad, en especial en las grandes superficies, donde se registran caídas interanuales y desestacionalizadas. Este comportamiento responde tanto a la incertidumbre política y económica del último período como al impacto del alto costo del financiamiento, que condiciona las decisiones de compra de los hogares.
Damián Di Pace 3
Más allá de los números, el economista destacó un cambio estructural en la conducta del consumidor. “La gente compra por reposición, ya no por stock”, señaló. A diferencia de otros momentos de la historia económica argentina, ya no predomina el apuro por adelantarse a los aumentos de precios. “Nadie piensa que mañana va a comprar más caro, al contrario, puede comprar más barato”, explicó, en un contexto de mayor oferta, promociones constantes y descuentos agresivos.
Este cambio de expectativas derivó en un consumo masivo fragmentado. Los formatos de cercanía muestran un desempeño relativamente mejor, sostenidos por compras frecuentes y de bajo volumen, mientras que las grandes superficies concentran ventas, pero con márgenes cada vez más ajustados. Di Pace sintetizó que esta transformación se debe a que durante años, los hogares acumulaban ingresos futuros en la alacena; hoy compran lo justo y necesario, con decisiones más racionales y defensivas.
Aun con estas tensiones, el consumo masivo continúa siendo el termómetro más fiel de la economía. “No hay nada más fidedigno para medir el barómetro de la economía que el consumo masivo”, afirmó el economista, al recordar que se trata de bienes de demanda inelástica. Sin embargo, incluso en este segmento aparecen señales de alerta. Los ingresos ajustados, la compra casi diaria y el uso creciente del financiamiento dificultan la planificación de los hogares. “Probablemente los niveles de ingreso estén complicando ese grado de previsión respecto de las compras”, advirtió.
De cara a los próximos meses, el panorama sigue siendo desafiante. Di Pace sostuvo que sin una baja de tasas, la recomposición del consumo será lenta, en un contexto de endeudamiento elevado en tarjetas de crédito y otros instrumentos financieros. “Todavía le queda un semestre muy complicado a la economía argentina”, afirmó.
Las Pymes, frente a un mercado interno frágil y una estructura de costos asfixiante
El escenario de consumo impacta de manera directa sobre las Pymes, que dependen del mercado interno y operan con márgenes cada vez más reducidos. Para Di Pace, la dificultad no es solo coyuntural, sino estructural. “La estructura impositiva es el gran problema”, afirmó, al señalar que la presión tributaria distorsiva limita la competitividad del sector productivo, especialmente en un contexto de apertura comercial.
El economista ejemplificó esta situación con la industria textil, donde cada eslabón de la cadena productiva paga Ingresos Brutos. “El botón paga Ingresos Brutos, la tela paga Ingresos Brutos, la confección paga Ingresos Brutos, la distribución paga Ingresos Brutos”, enumeró, y remarcó que en una prenda hay más carga de Ingresos Brutos que de IVA, una anomalía que no se observa en otros países.
A este esquema se suman impuestos nacionales como el tributo a los débitos y créditos bancarios, que castiga la formalización y encarece la operatoria diaria. En este contexto, las Pymes enfrentan mayores dificultades para sostener el empleo, invertir y competir con productos importados que ingresan con estructuras de costos más livianas.
Di Pace advirtió que, sin una reforma tributaria integral que involucre a Nación, provincias y municipios, el entramado Pyme seguirá en desventaja. Además, remarcó que la persistencia de tasas de interés elevadas limita el acceso al financiamiento para capital de trabajo, profundizando las tensiones sobre un sector clave para el empleo y la producción.
Pymes, ante un cambio ineludible: tecnología, productividad y una barrera cultural que define el futuro
En su libro El futuro de las Pymes, Damián Di Pace plantea que cambiar no es una opción, sino una condición para poder crecer. Para el economista, el desafío más urgente para las pequeñas y medianas empresas en Argentina no pasa solo por el contexto macroeconómico, sino por una transformación interna que muchas todavía no terminan de asumir.
Pymes
“El proceso de adaptación tecnológica es clave”, afirmó, al enumerar la incorporación de herramientas de programación, informática, software, robótica y automatización de procesos como factores determinantes para sostener la competitividad. Sin embargo, advirtió que el principal obstáculo no es técnico ni financiero, sino cultural. “Las Pymes no saben sobre la importancia de esos conceptos, pero lo peor es que no conocen las herramientas para aplicarlos”, explicó, al señalar que muchas están gestionadas por generaciones a las que el cambio tecnológico les resulta ajeno o innecesario, en parte porque durante años el modelo les permitió sostenerse sin grandes modificaciones.
Di Pace remarcó que ese escenario cambió de manera acelerada. Mientras algunas empresas incorporan tecnología, mejoran productividad y amplían mercados, otras quedan rezagadas e incluso fuera del sistema por no adaptarse al nuevo entorno competitivo. “Van a quedar muchas Pymes rezagadas y muchas fuera del mercado si no logran romper esa barrera cultural, que es mental”, sostuvo.
El economista explicó que uno de los objetivos centrales de su libro es justamente derribar ese límite invisible. Según contó, recibe con frecuencia mensajes de empresarios que reconocen no comprender los nuevos conceptos que dominan la economía actual. “Me escriben y me dicen: ‘Damián, ¿cómo me adapto a esto? No entiendo qué es un algoritmo, cómo mejorar mi empresa en relación a lo que se viene’”, relató. Para Di Pace, la divulgación es una herramienta clave para acompañar ese proceso de transición.
“Las Pymes que adoptan tecnología están creciendo 2,5 veces más que las que no lo hacen”, afirmó. Los ejemplos son concretos: empresas que incorporan comercio electrónico amplían ventas y alcance; aquellas que utilizan software de gestión o CRM para enviar promociones segmentadas por WhatsApp u otros canales logran mayor flujo comercial y fidelización de clientes.
En esa línea, Di Pace advirtió que el desafío de las Pymes no pasa únicamente por expandirse, sino por hacerlo sobre bases sostenibles. “Las Pymes no es que no crecen; primero tienen que cambiar, porque si no, el crecimiento se choca con la inviabilidad de sostenerse en el tiempo”, explicó. Para el economista, la falta de adaptación tecnológica y cultural puede terminar funcionando como un límite estructural para el desarrollo del sector, incluso en contextos donde aparecen oportunidades de mercado.