En un contexto de caída del consumo global y de las ventas en el mercado interno, en el que factores de coyuntura se conjugan con otros persistentes, analizar El Futuro del Vino Argentino, con datos que permiten entender tendencias, resulta ineludible. La tercera edición de este encuentro se propuso ese objetivo.
En esta ocasión, quienes aportaron su mirada para poder desmenuzar lo que está sucediendo en el negocio global y en el mercado local fueron el politólogo experto en relaciones internacionales Andrés Malamud; la presidente de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) Yvette Van Der Merwe; la especialista en consumo masivo Carolina Nuñez; y el consultor en estrategia de negocios y tendencias de consumo Guillermo Oliveto.
El encuentro es organizado por el Fondo Vitivinícola y la Corporación Vitivinícola Argentina. El presidente de la Coviar, Mario González, expresó que el foro permite mirar a largo plazo, estudiar lo que está pasando en la industria y proyectarse con mirada estratégica.
Reconoció que el presente no es fácil para la vitivinicultura, pero que es esencial contar con datos, porque “lo que no se conoce no se puede cambiar”. Apostó, además, al trabajo en conjunto para atravesar la coyuntura.
El ministro de Producción de la provincia, Rodolfo Vargas Arizu, destacó la importancia de comprender qué sucede en la vitivinicultura, un sector de incluye unas 800 bodegas, 208 restaurantes en ellas y unos 2 millones de personas que las visitan cada año. En este sentido, resaltó que no es un negocio que manejan 4 o 5 empresas, como sucede con la cerveza.
Señaló que en los últimos 10 años se han producido muchos más cambios que en décadas anteriores, que la tecnología ha cambiado la agricultura y la sustentabilidad ha ganado protagonismo. Ante este panorama, consideró fundamental empezar a adaptarse a los cambios que vienen.
El politólogo Andrés Malamud habló del contexto globlal y nacional
El politólogo Andrés Malamud habló del contexto globlal y nacional
Cambios globales disruptivos
Andrés Malamud fue el primer disertante y se enfocó en reflexionar sobre “la paradoja argentina, que es haber elegido un loco para que nos haga normales, para que nos estabilice”. Su disertación giró en torno a “Estabilizando Argentina en un mundo inestable” y propuso analizar hacia dónde va el mundo, para entender qué puede suceder con el vino argentino.
Así, revisó los tres grandes cambios que se están produciendo. Uno de ellos se vincula con la geografía y el clima, ya que, con el derretimiento del Ártico, se generará un nuevo canal de navegación, más corto y barato, que hará que el sur se vuelva cada vez más lejano.
El segundo, detalló, es el cambio demográfico: en Europa la población está en declive, en América comienza a verse, en Asia se sostiene -aunque con indicios de empezar a reducirse- y África está creciendo (al punto que, a fin de siglo, tendrá casi tantos habitantes como Asia). Seis de cada 10 humanos es asiático. “Imagínense si todos tomaran vino”, lanzó el politólogo.
La tercera fuerza es la tecnología y Malamud señaló que la mayor parte de las innovaciones se están desarrollando en Estados Unidos y China, donde se encuentran las grandes empresas tecnológicas.
“¿Y por qué nos importa eso? Porque el desarrollo nacional depende de la geopolítica, no solamente de que hagamos las cosas bien. Sino de que, además, encontremos condiciones propicias, que las generan la geografía y el poder”, resaltó el experto en relaciones internacionales.
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Anomalía argentina
Malamud explicó que todo indicaba que lo más racional era apuntar a Asia, donde está el 60% de la población mundial, se concentra buena parte de la innovación y la economía seguirá creciendo; de hecho, ya ha superado a la de occidente desarrollado.
Pero, en cambio, la apuesta del presidente Javier Milei fue “colgarse del cuello de Estados Unidos”, que está en descenso. Sumo que Donald Trump ha planteado que no va a aceptar esa decadencia, sino que, por el contrario, la resistirán con innovación, fracking para petróleo y con una reindustrialización que se financia con los aranceles al comercio exterior.
Si bien evaluó que las ideas de Trump, como la de utilizar el dinero de los aranceles para subsidiar al campo, son antiguas, pero pueden funcionar en un país grande, que produce todo lo que consume.
Otro factor que evidencia esta “paradoja” es que el comercio dentro de las regiones está cayendo y la distancia que viajan los bienes que se exportan crece. Por eso, era natural pensar en Asia como mercado.
“La apuesta de Milei va contra la corriente. Es un poco loca, pero no es tonta, porque Estados Unidos resiste y esa resistencia no es inviable”, lanzó, dando a entender que habrá que esperar para ver si fue una buena apuesta.