Son días en los que el deporte argentino parece no encontrar límites. Mientras la Selección Argentina acaba de escribir otra página inolvidable al eliminar a Inglaterra en una semifinal mundialista cargada de dramatismo, a miles de kilómetros de distancia otro argentino protagonizó una hazaña de dimensiones extraordinarias.
Sin estadios repletos ni millones de espectadores siguiendo cada movimiento, Gustavo Oriozabala volvió a desafiar lo imposible. A los 55 años, el mendocino conocido como "El Nadador del Fin del Mundo" completó la histórica vuelta a la isla de Manhattan y sumó un nuevo capítulo a una carrera construida sobre resistencia, coraje y una búsqueda permanente de nuevos límites.
Su escenario fue el agua. Su desafío, una de las pruebas más emblemáticas de la natación en aguas abiertas mundial.
48,5 kilómetros y una travesía contra la corriente
Oriozabala recorrió la isla en sentido contrario a las agujas del reloj, atravesando tres de los ríos que rodean Manhattan: el East River, el Harlem River y el Hudson River.
Durante el recorrido pasó por debajo de los 20 puentes históricos que forman parte del circuito conocido como "20 Bridges Swim", una competencia que exige una combinación extrema de preparación física, estrategia y adaptación a las condiciones naturales del agua.
El nadador mendocino junto a sus hijas luego de nadar durante más de 7 horas en las aguas de Manhattan
Gentileza.
El mendocino completó los 48,5 kilómetros (30,1 millas) en un tiempo récord de 7 horas y 27 minutos, una marca que vuelve a ubicarlo entre los grandes protagonistas internacionales de la especialidad.
La prueba forma parte de la Triple Corona de Natación en Aguas Abiertas, junto al Canal de la Mancha y el Canal de Catalina, en California, consideradas las tres travesías más prestigiosas y difíciles del mundo.
Una vida dedicada a desafiar los límites
Para Oriozabala, los desafíos extremos dejaron de ser una excepción hace mucho tiempo. Se transformaron en una forma de entender el deporte y la vida.
Lo que comenzó como una búsqueda personal para conocer hasta dónde podía llegar terminó convirtiéndose en una trayectoria que lo posicionó como uno de los máximos referentes sudamericanos de la natación en aguas abiertas.
Después de años de entrenamiento en piscinas y competencias tradicionales, encontró en mares, ríos y lagos el escenario donde realmente podía poner a prueba sus capacidades.
Así nacieron expediciones cada vez más exigentes y una carrera marcada por cruces que parecían imposibles.
El mendocino volvió a establecer un récord atravesando el East River, el Harlem River y el Hudson River en Manhattan.
Gentileza.
El "Nadador del Fin del Mundo" y una colección de hazañas
El apodo que lo acompaña resume una trayectoria construida lejos de los caminos habituales.
Oriozabala acumula más de 70 travesías internacionales, entre ellas el Canal de la Mancha, el Estrecho de Gibraltar, el Canal de Beagle, el Lago Titicaca y las Islas San Juan, en Canadá.
También protagonizó cruces con una fuerte carga simbólica, como el realizado en el Estrecho San Carlos, en las Islas Malvinas, en homenaje a los excombatientes argentinos de la Guerra de 1982.
Ese compromiso volvió a aparecer recientemente cuando unió a nado las costas del Lago Nahuel Huapi en una travesía dedicada a los veteranos y caídos en Malvinas.
La bandera argentina como motor
Para el nadador mendocino, cada desafío representa mucho más que una marca deportiva.
"Para mí, dar la vuelta a Manhattan es conectar con la historia viva de las aguas abiertas. Es una de las pruebas de la Triple Corona de la natación mundial", había explicado antes de la competencia.
Con la experiencia del Canal de la Mancha, el doble cruce del Estrecho de Gibraltar, las Islas Malvinas y decenas de desafíos internacionales, Oriozabala entiende que cada brazada también representa una forma de llevar a la Argentina al mundo.
"Llevar la bandera argentina en esta maratón acuática es mostrarle al mundo de qué estamos hechos los argentinos", sostuvo Gustavo antes de sumergirse en las aguas neoyorkinas.
Otra página escrita a fuerza de brazadas
La imagen de Messi definiendo partidos a los 39 años y la de Oriozabala venciendo al cansancio en aguas abiertas tienen un punto en común: la vigencia de atletas capaces de reinventarse y seguir superando sus propios límites.
Mientras Argentina se prepara para disputar una nueva final del mundo, un mendocino volvió a demostrar que las grandes historias deportivas también pueden escribirse en silencio.
Esta vez, el escenario fue Manhattan. Y las palabras fueron reemplazadas por brazadas.