Muchos años después de ser contratado por el Real Madrid, donde no pudo asentarse por su flojo rendimiento, el brasileño Zé Roberto confesó el insólito motivo que lo llevó a salir de la institución: la adicción a los videojuegos y la comida.
Se trata de un crack del fútbol brasileño, que confesó haber tenido problemas de adicción a los videojuegos mientras jugaba en la Casa Blanca.
Muchos años después de ser contratado por el Real Madrid, donde no pudo asentarse por su flojo rendimiento, el brasileño Zé Roberto confesó el insólito motivo que lo llevó a salir de la institución: la adicción a los videojuegos y la comida.
En diálogo con Globo Esporte, el exvolante central de amplia trayectoria en el fútbol profesional remarcó los problemas que se enfrentó al partir de su país, cuando todavía era muy joven. "La adicción a los videojuegos me llevó a fracasar en el Real Madrid", soltó sin tapujos.
A partir de su corta edad, el mediocampista padeció para intentar controlar la cantidad de horas que pasaba delante de la pantalla jugando Crash Bandicoot, un adictivo juego que lo obsesionó. “Fue muy difícil asimilar todo eso. El videojuego me perjudicó mucho porque yo era muy joven: 21 años. Mi esposa también era muy joven, de 18 para 19", comenzó explicando.
Llegar al Real Madrid le permitió a Zé Roberto cumplir su sueño, tener una PlayStation. "Uno de mis sueños, además de convertirme en jugador y comprar un coche, era tener una PlayStation. Y la compramos. Recién casado, yo parecía un gallo. Salía con mi esposa todo el día y, por la noche, iba a jugar videojuegos. Perdí todo mi rendimiento, llegaba al club para entrenar con ojeras. Imagina: el tipo sale con su esposa todo el día y, por la noche, pierde el sueño jugando videojuegos", lanzó.
El nulo descanso era apenas un problema, ya que también se hizo adicto a las galletas y la comida poco sana. “Aquella fue la única época en la que perdí mi forma física, porque el juego me generaba mucho estrés. Quería terminarlo y no podía. Entonces me daba hambre en la madrugada. Comía galletas. Comía muchas galletas. Decía: ‘Tráeme una galleta’. Iba a comer una y terminaba la cajita. Luego venía el bocadillo, el refresco... Fui engordando sin darme cuenta. Y estresado por el juego. Eso es algo que hoy también quita la concentración y el foco a muchos deportistas", explicó.
Sin embargo, esa experiencia lo fortaleció y le permitió retornar rápidamente a Europa, donde jugó en la élite durante casi 15 años y participó de la Selección de Brasil. “Pude notar que la mayoría de los que no tenían la familia como base acabaron regresando. Yo fui uno de ellos. Volví porque no estaba preparado. Cuando regresé a Brasil, en 1998, cedido al Flamengo, y me quedé seis meses, pude analizar muchos puntos que tendría que cambiar para poder volver y permanecer allá por mucho tiempo”, cerró.