12 de enero de 2013 - 23:27

El vulcanismo desplazó a los puelches del sur mendocino

La geoarqueología, disciplina que une la geografía con la arqueología para el estudio de temas ambientales del pasado, está aportando evidencias que apoyan la teoría de un impacto ambiental severo causado por la actividad volcánica en el pasado. El estudi

En el momento de la conquista española, siglo XV, sociedades de cazadores-recolectores habitaban el sur de Mendoza bajo el nombre de puelches. Los orígenes de estas sociedades se remontan al límite Pleistoceno-Holoceno, hace 10.000 años. En los últimos tiempos, se ha debatido intensamente sobre la posibilidad de que se haya producido durante el Holoceno medio (7.000 y 5.000 años antes del presente), un período extenso de desocupación puelche de amplios espacios del sur de Mendoza provocado por razones climáticas.

Sin embargo, investigaciones recientes proponen la posibilidad de que haya sido el vulcanismo una de las causas o la causa principal del despoblamiento, reflejado en la disminución de registros arqueológicos para el período citado.

En este sentido, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo, bajo mi coordinación y la del doctor Raúl Mikkan, dentro del programa denominado "El vulcanismo andino y su impacto en ambientes y paleoambientes de la provincia de Mendoza", se están aportando numerosas evidencias que apoyan la teoría de un impacto ambiental severo causado por la actividad volcánica en el pasado. El estudio se concentra en la zona denominada Payunia, uno de los campos volcánicos más importantes del planeta (Malargüe) y en el pedemonte sur de Mendoza (Malargüe y San Carlos).

En Payunia se han descripto las características y extensión de una serie de eventos eruptivos holocénicos ordenados cronológicamente mediante fechados por termoluminiscencia (TL). Estos resultados se articulan con estudios referidos a la caracterización y fechado de "lluvias" de material piroclástico ubicadas en sitios arqueológicos y en cavernas de ambientes cordilleranos, con la intención de relacionar el impacto de esos eventos sobre el ambiente y discutir la propuesta lanzada para explicar las discontinuidades temporales observadas en los registros arqueológicos sureños.

Impacto ambiental

Los volcanes se presentan en Mendoza alineados de norte a sur en la cordillera de los Andes, aislados en pedemontes, o agrupados en la región de la Payunia en el sureste provincial con una superficie aproximada de 30.000 km². Es un espacio volcánico que presenta un elevado número de conos (unos 800), dilatadas coladas de lava y extensos campos de escoria. Esta área atestigua una actividad magmática intensa desde el Terciario hasta épocas históricas, producto de un vulcanismo de retroarco como consecuencia del encuentro entre las placas de Nazca y Sudamericana en el Hemisferio Sur.

En las superficies afectadas por eventos volcánicos, se destacan claramente los ocurridos durante el Holoceno medio (Campo Oriental I, Caldera del Payún Matrú, Campo Occidental I y Oriental II). El primero de ellos abarcó una superficie de más de 14.000 km² (casi la mitad de Payunia), al expulsar coladas de lava que impactaron especialmente las planicies orientales del Complejo Volcánico. Amplios espacios se cubrieron de espesos mantos basálticos, lo que debió afectar en forma catastrófica a las comunidades vegetales y animales preexistentes.

A esa destrucción directa y masiva, deben sumarse los efectos producidos por los incendios en las zonas adyacentes, sobre las que se desarrollaba una estepa arbustiva sumamente sensible a estos fenómenos. Los siguientes eventos del Holoceno medio, uno de naturaleza explosiva y el otro efusiva, generaron un enorme flujo de material piroclástico y lenguas de lava que se desplazaron sobre los faldeos orientales y occidentales del volcán Payún Matrú, provocando efectos sobre el ambiente semejantes a los descriptos en el caso anterior.

Complejo Payún Matrú

En cuevas de la región cordillerana y en el pedemonte del sur mendocino, la presencia de material piroclástico (tefras) arrojado por volcanes situados en la cordillera, es prácticamente constante en sedimentos que contienen restos de origen humano. Estas tefras permiten determinar las cronologías y magnitudes de los eventos volcánicos explosivos que las produjeron, como por ejemplo en El Manzano, Cañada de Cachi y Caverna de Las Brujas (Malargüe), entre otros.

El depósito de El Manzano es un manto de lapillis y cenizas de más de tres metros de espesor cuya edad es 7.195 años AP (antes del presente). En el sitio arqueológico Cañada de Cachi se descubrieron cenizas y lapillis de 10 cm de espesor de 3.060 años AP. En Caverna de Las Brujas se efectuaron excavaciones en la Sala de La Virgen que, a lo largo del Holoceno, ha actuado como una trampa de material piroclástico. En esta sala se encontraron tres niveles de tefras que fueron fechadas, obteniéndose los siguientes resultados: tefra 1, 765 años AP; tefra 2, 4.700 años AP y tefra 3, 7.780 años AP.

El evento de El Manzano, ubicado a 60 km de su foco de emisión (Complejo Volcánico de Laguna del Maule), permite inferir afectaciones graves en los ambientes andinos y extra-andinos del sur de Mendoza. Consecuencias menores, pero también de gran magnitud, debieron generar las tefras encontradas en la Caverna de Las Brujas, cuyo foco fue el volcán Quizapú.

Estas catástrofes naturales corresponden al Holoceno medio y coinciden con el período, con una mínima evidencia arqueológica para ambientes de cordillera. El área pudo haber visto afectada en su productividad primaria al cubrirse valles y vegas de depósitos de caída, lo que debe haber dañado las economías de las sociedades que hacían uso durante el verano de los recursos de los valles interandinos.

Conclusión

Algunos de los eventos volcánicos descriptos tuvieron características extraordinarias, afectaron amplios espacios e incluso generaron nuevos ambientes. En lo que hace a las lluvias de material piroclástico, fueron recurrentes y coincidieron con el impacto de enormes emisiones de lavas y flujos piroclásticos en Payunia. Esto hizo que tanto las planicies y pedemontes sufrieran una modificación profunda al cubrirse con espesos mantos de lavas y material piroclástico, desestructurando comunidades de vegetales y animales, sustento de las sociedades del pasado del sur mendocino.

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