El espectáculo bochornoso de un presidente actuando, como un patotero, en el Congreso Nacional, en respaldo a un personajillo que además de su ineptitud para la jefatura de gabinete es un corrupto, distrae la atención de otros hechos tanto negativos como positivos del acontecer nacional.
El presidente y sus acólitos tienen una inquina contra la libertad de prensa propia de los que descreen de las instituciones republicanas liberales. Porque el liberalismo es ante todo limitación del poder político, sea ejercido por un monarca, un grupo aristocrático o una mayoría circunstancial. Es decir, se trata de limitar el poder sin diferencias sobre la fuente de la soberanía.
Esa limitación es el pilar de la libertad, de la económica también. Una de las libertades indelegables como establece la constitución en los artículos 14 y 14 bis es la de que todos los habitantes gozan del derecho de “publicar sus ideas sin censura previa”. Y en el artículo 32 la Constitución es muy precisa: “El Congreso Federal no dictará leyes que restrinjan la libertad de imprenta o establezcan sobre ella la jurisdicción federal”.
El presidente no da conferencias de prensa porque no quiere afrontar el riesgo de preguntas sobre promesas de campaña no cumplidas, o anuncios triunfalistas sobre la inflación que iba a bajar a un digito el año pasado y en otro anuncio a principios de este año en agosto.
No puede dar explicaciones sobre el caso Libra, ni sobre el caso ANDIS ni por qué sostiene al jefe de gabinete.
Nunca ante las preguntas en campaña sobre la democracia manifestó su adhesión al sistema representativo. No llama la atención, sus guías intelectuales como Peter Thiel, quiénes son abiertamente antidemocráticos. Creen en el gobierno de un grupo tecno digital que controle la vida de todos.
Desde 1983 cuando al iniciarse la reinstalación de la legalidad democrática había que conformar el poder judicial que no había tantas vacantes a cubrir, dando la oportunidad de un salto cualitativo necesario en ese poder que viene con vicios como la servilleta de Corach o los desmanejos en el Consejo de la Magistratura donde predominan las postulaciones que los que peores calificaciones obtuvieron en los concursos.
Sin embargo, las postulaciones repiten los vicios anteriores y se da el caso que no promueven a otros cargos de más jerarquía a quienes mostraron celo en castigar la corrupción. Al contrario, se premia a los que facilitan la impunidad. Se ve en los casos vinculados con los escándalos de la AFA, a la que tan vinculado está el ministro de justicia y él caso Sira del gobierno anterior. La secretaria general de la presidencia está involucrada en estos desmanes.
También las iniciativas de reformas política proponen fomentar la dedocracia, una superlista sábana, o propuestas de financiamiento que nos llevará al riesgo que las candidaturas dependan de aportes privados. En los Estados Unidos, dos empresarios con sus contribuciones lograron imponer la candidatura del vicepresidente Vance, una señal plutocrática preocupante.
Por estas tropelías les molesta la libertad de prensa, siempre hay alguien que cumple con su deber que es buscar la verdad y contarla a la ciudadanía. El gobierno prefiere los 678 de Cristina, puesto que seguimos con un gobierno populista. La diferencia es en el discurso económico, aunque falta mucho para un programa realmente liberal, por ejemplo, la independencia del Banco Central o la liberación total del Cepo.
No todas son pálidas. El primero de mayo entró en vigencia el Acuerdo Mercosur- Unión Europea que significa la integración de un mercado de casi 800 millones de habitantes, de los cuales más de quinientos millones de europeos tienen un alto poder adquisitivo. Un 75% de exportaciones de nuestra región podrán ingresar sin aranceles. Cabe señalar que la Unión Europea es el mayor inversor en la región. El proceso de liberación total llevará varios años, en algunos rubros siete años, en otros quince. El acuerdo que lleva veinte años de negociaciones, con marchas y contramarchas, en particular en Argentina y Brasil, pero también en países de la Unión Europea, permite a los estados del Mercosur un grado de autonomía importante para no depender en inversiones y comercio de un solo polo de poder.
En cuanto a los intereses de Mendoza debe destacarse que entrarán sin aranceles los vinos embotellados y el aceite de oliva de inmediato. Por contrapartida los vinos espumosos europeos tendrán liberación inmediata; en cuanto al aceite de oliva de Europa hacia nuestra región la liberación será gradual. La fruta en fresco de Mendoza podrá entrar sin aranceles y las conservas en un esquema gradual y de cuotas en un plazo de siete años. Los vinos argentinos han estado en desventaja con relación a Chile que ingresa en numerosos mercados sin pagar aranceles, esta distorsión queda eliminada en Europa.
Más allá de los desaguisados políticos de unos y otros, algunos hechos, como éste, abren esperanzas de mejoras, ya que a la producción agropecuaria se van sumando la energía y la minería concluyendo con un largo ciclo de escasez de divisas iniciado en 1949. Se trata ahora de saberlo aprovechar y no repiten los disparates de los primeros años de este siglo.
* El autor es presidente de la Academia Argentina de la Historia.