Milei, los periodistas y la democracia

El cierre de la sala de Periodistas de la Casa Rosada se produce en el contexto de una serie de publicaciones que derivaron en causas judiciales contra el jefe de Gabinete, Manuel Adorni.

La decisión del presidente, Javier Milei, de prohibir el ingreso de los periodistas acreditados a la Casa Rosada -que rige desde el jueves 23 de abril- carece de antecedentes desde el retorno de la democracia e, incluso, durante la última dictadura.

“Se decidió eliminar las huellas dactilares a los periodistas acreditados de manera preventiva por el espionaje ilegal” explicó ese día a diario Clarín una alta fuente del Ejecutivo nacional. Ya el lunes 20 la Casa Militar, que se encarga de la seguridad del presidente, había denunciado a los periodistas Luciana Geuna e Ignacio Salerno por difundir el domingo anterior en el programa “¿Y mañana qué?" del canal de noticias TN filmaciones hechas en pasillos internos de la Rosada con anteojos inteligentes que tienen cámaras incorporadas.

Quizás sea la mayor originalidad de la peripecia del actual gobierno en su relación con la prensa. Se trata, en todo caso, de un hecho que nos obliga a reflexionar sobre ciertos rasgos que, al menos provisoriamente, definiremos como preocupantes.

Aunque la relación entre el periodismo y el poder político ha sido habitualmente tensa, la actual situación implica una escalada que abre interrogantes respecto de hasta dónde podría llegar.

La primera originalidad de la gestión Milei en su relación con los medios fue la eliminación casi total, desde el inicio mismo del mandato, de los gastos en propaganda y publicidad oficial, que sólo se mantuvieron para empresas estatales y para algunos organismos como la Anses, la AFIP o el PAMI.

En este caso, lo distintivo radica en la generalización de la medida ya que durante la gestión de Cristina Kirchner la restricción se aplicó casi con exclusividad a los medios del Grupo Clarín -entre ellos, en ese momento, diario Los Andes- mientras se destinaban sumas millonarias a sostener medios afines al kirchnerismo y se impulsaba la creación de medios “alternativos” como los de universidades nacionales.

Milei adjudica a este recorte lo que entiende como un ensañamiento de la prensa con su gestión. Perspectiva que se agudizó el año pasado con las publicaciones sobre audios que revelan supuestos ilícitos en la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis) e involucran a su extitular, Diego Spagnuolo; a la hermana del presidente, Karina Milei; y a su círculo político más estrecho, Martín Menem (presidente de la Cámara de Diputados de la Nación) y su primo Eduardo “Lule” Menem.

El cierre de la sala de Periodistas de la Casa Rosada, en tanto, se produce en el contexto de una serie de publicaciones que derivaron en causas judiciales contra el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, por comprar inmuebles financiándose con hipotecas privadas a nombre de jubiladas y por realizar viajes VIP al exterior.

El silencio parece ser la nueva estrategia oficial. Adorni dio su última conferencia de prensa -casi diaria en sus épocas de vocero y habitual en sus inicios como jefe de ministros- el 25 de marzo, hace más de un mes. Sin periodistas cerca se impone el “silenzio stampa”.

Esta semana el presidente Milei compartió en su cuenta de X mensajes de otros usuarios que señalaban que “los argentinos no necesitan una sala de prensa en la Casa Rosada” y que proponían que, en adelante, el Gobierno debería “comunicar hechos y/o detalles de su agenda únicamente a través de su cuenta de X”.

Un rasgo particular de la relación del presidente con los medios es que, fundamentalmente, ataca a los periodistas. Cristina Kirchner, por caso, apuntaba especialmente contra las empresas periodísticas, aunque no con exclusividad. Son famosas las convocatorias de sus militantes a escupir afiches de periodistas a los que vinculaba con la dictadura o identificaba como opositores.

Milei exacerba su violencia verbal. Considera que 95% de los periodistas son malparidos, basuras humanas, ensobrados, pauteros, mentirosos. Por eso, acuñó una suerte de acrónimo, NOLSALP, a partir de su consigna No Odiamos Lo Suficiente A Los Periodistas que, en las últimas versiones, mutó a NOL$ALP, cambiando la S por el signo pesos.

El asunto tiene especial relevancia. La libertad de prensa es considerada en la cultura occidental como uno de los pilares de la democracia. Pensadores como Yuval Noah Harari creen que los medios independientes son garantes de la verdad y que sin periodismo independiente se pone en riesgo el propio sistema.

Advierte, además, contra el negocio del odio y las teorías conspirativas que, según su visión, difunden los algoritmos de las plataformas que son parte del nuevo ecosistema de medios. Para Harari, atravesamos una “nueva revolución en la información” que incorpora una “avalancha de voces” a la conversación pública pero que “no hay garantía” de que las democracias superen esta prueba “sin destruir el orden social”.

¿Exagera? El informe 2026 del Instituto V-Dem de la universidad de Gotemburgo que mide el estado de la democracia en el mundo señala un creciente deterioro ya que 74% de la población mundial vive bajo regímenes autocráticos. Según sus autores estamos ante una nueva era de autocratización.

En paralelo, el informe de Freedom House señala que la libertad disminuyó por décimo año consecutivo durante 2025. Ese retroceso se verificó en 54 países y ambos trabajos incluyen a la Argentina entre los lugares donde la calidad democrática ha disminuido.

Así, según V-Dem, la democracia ya no puede ser entendida como el horizonte natural de la modernidad política ni como el punto de llegada inevitable del desarrollo.

La pregunta es si las sociedades contemporáneas defenderán las instituciones de la democracia o si vamos hacia un nuevo contrato social con mayor tolerancia de prácticas autoritarias.

* El autor es periodista. [email protected]

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