La política argentina está en un proceso de reconfiguración caótico. El estallido de las coaliciones que dominaron la última década, tras el derrumbe de los partidos políticos tradicionales, no encuentra un rumbo cierto y las ambiciones de poder se dibujan en escenarios tan frágiles como el humor de la sociedad.
A más de un año de las próximas elecciones presidenciales la dirigencia de todos los pelajes se dedica a engullir encuestas que le muestren una luz, un resquicio hacia donde enfocar una propuesta que convenza. Pero, sobre todo, a encontrar una figura a la que encumbrar ante las desventuras de las que protagonizaron estos años.
Una encuesta nacional de mediados de marzo es reveladora al respecto: la evaluación de los principales dirigentes tiene saldo negativo para todos. Desde Sergio Massa, Daniel Scioli y Mauricio Macri, que están sobre el 30%; hasta Axel Kicillof y Cristina Kirchner que rondan el 20%.
Los niveles de aceptación, en tanto, muestran un ranking que depara sorpresas. Lo lidera Patricia Bullrich (39,9%), seguida por Javier Milei (39,4%), Cristina (39,1%) y Miriam Bregman (36,8%).
También se advierte el desgaste de la administración Milei. El rechazo que alcanza su hermana Karina supera 35%; el de la vicepresidente, Victoria Villarruel está en 25,3% y el del propio presidente llega a 21,1%. No obstante, podría decirse que el respaldo se mantiene alto dada la profundidad del ajuste aplicado (la motosierra) y el impacto del plan económico en tarifas, empleo y salarios.
La llegada al poder de Javier Milei, sorpresiva desde el punto de vista del análisis y la construcción política tradicional, parece ser el camino que, por estos días, explora el resto de las fuerzas políticas. Milei es considerado un outsider, entonces…
¿Y si el próximo presidente es Pedro Rosemblat? El creador del canal de streaming Gelatina, pareja de Lali Espósito y militante kirchnerista, comienza a aparecer en algunos sondeos nacionales cuando se pregunta quién es el principal líder de la oposición a Milei. Aunque muy lejos de Cristina o Kicillof, el modesto 1% que alcanza lo equipara con figuras de trayectoria como Máximo Kirchner y Ofelia Fernández. Como mínimo, ya lo impulsan para una candidatura en la ciudad de Buenos Aires.
¿Y si el próximo presidente es Dante Gebel? El pastor evangélico de la River Church, vinculado al mundo del espectáculo, que factura millones y desde hace más de una década está básicamente radicado en California ya tiene un armado con proyección nacional detrás del objetivo “Dante Gebel 2027”. Su task force está integrada principalmente por sindicalistas e, incluso, se lo liga a Mario Pergolini, con quien el año pasado realizó un late night show desde Los Ángeles en Canal 13.
¿Y si el próximo presidente es Jorge Brito? El empresario, dueño del Banco Macro y expresidente de River Plate, es visto como una alternativa liberal moderada y de centro por algunos políticos y empresarios. Brito asegura no estar dispuesto a dar ese paso pero desde el peronismo no kirchnerista que imagina una mega interna opositora para enfrentar a Milei e, incluso, en sectores del macrismo aparecen tentándolo.
¿Y si el próximo presidente es Carlos Melconian? El economista ya admitió públicamente estar “trabajando para tener un programa” y que evalúa la posibilidad de lanzarse por alguna candidatura. Antes de las presidenciales del 2023 impulsó un plan económico que diseñó con los equipos de la Fundación Mediterránea y presentó a buena parte de los candidatos, con la excepción de Milei y de la izquierda, que terminó siendo adoptado por Patricia Bullrich.
Como en el laboratorio todo es posible, DC Consultores se hizo cargo de esta tendencia y salió a preguntar por figuras públicas que deberían meterse en política. Así, el dueño de Mercado Libre, Marcos Galperín, encabezó las preferencias con 30,1%; seguido por Pergolini (18,4%); el cineasta devenido en opinólogo libertario Diego Recalde (17,1%); el mileista de la Fundación Faro, Agustín Laje (15,7%); el streamer y militante filokirchnerista Tomás Rebord (10,2%); y el propio Gebel (8,5%).
El trabajo destaca que, a diferencia de otros momentos, con la fama no alcanza. Ahora también la demanda incluye trayectoria en el sector privado, gestiones exitosas en ese ámbito y “construcción de audiencias”. Acaso un fenómeno de tiempos en los que la conversación política cedió espacio y se desplazó hacia los extremos del arco ideológico.
Los argentinos tenemos la fantasía de que como individuos o sociedad hemos tenido poco o nada que ver con el resultado de las decisiones de los gobiernos que hemos elegido desde 1983. Es más cómodo, más tranquilizador, claro.
Como si esos gobernantes y nuestros representantes en los concejos deliberantes municipales, las legislaturas provinciales y en el Congreso de la Nación no hubieran surgido de entre nosotros y alcanzado esos lugares por nuestras decisiones en el cuarto oscuro.
En cualquier caso, habrá que ver si como sociedad estamos preparados para seguir experimentando y cómo impactará esto en lo que algunos sociólogos ya denominan como una “desilusión democrática”.
Más allá de focus group, la caracterización surge de lo que sucedió en las últimas elecciones legislativas, cuando se produjo un ausentismo que a nivel nacional promedió 34 %, uno de los más altos desde el retorno de la democracia. El dato relevante es que entre los votantes jóvenes (de 18 a 30 años) ese faltazo a las urnas casi duplicó al de los adultos.
¿Será esta la hora de los outsiders? La gran duda, en todo caso, es si se trata de outsiders genuinos o, apenas, una suerte de testaferros de la vieja y denostada casta.
* El autor es periodista. [email protected]