"Como todos los hombres de la Biblioteca, he viajado en mi juventud; he peregrinado en busca de un libro, acaso del catálogo de catálogos". Jorge Luis Borges. La biblioteca de Babel
Nuestro presidente posee un estilo de liderazgo, caracterizado por una fuerte convicción mesiánica y el uso de referencias religiosas. Actúa en consecuencia, como un profeta, apelando a la fe de sus seguidores, para lograr su cometido.
"Como todos los hombres de la Biblioteca, he viajado en mi juventud; he peregrinado en busca de un libro, acaso del catálogo de catálogos". Jorge Luis Borges. La biblioteca de Babel
Jorge Luis Borges en su célebre cuento “La biblioteca de Babel “ asemeja el universo, a una biblioteca, en cuyo contenido infinito, “no había problema personal o mundial cuya elocuente solución no existiera”.
Todos los hombres van en busca de sus libros, tratando de encontrar respuestas a sus interrogantes y también al decir borgiano, “urgidos por el vano propósito de encontrar su Vindicación”.
Existe un primer propósito místico, que es encontrar el Libro Circular, de lomo continuo, cíclico, en cuyas hojas está contenido el conocimiento absoluto. Es Dios.
Una superstición, es encontrar al bibliotecario -análogo a un dios- conocido como el Hombre del Libro, que ha accedido al Catálogo de los Catálogos, donde está contenido todo el Orden de la biblioteca. Encontrar este libro equivale a encontrar la mente de Dios: quien lo posea comprendería el orden oculto del cosmos y se volvería omnipotente.
Nuestro presidente posee un estilo de liderazgo, caracterizado por una fuerte convicción mesiánica y el uso de referencias religiosas. Actúa en consecuencia, como un profeta, apelando a la fe de sus seguidores, para lograr su cometido.
Su liderazgo, autocrático, exento de la búsqueda de consensos, pretende a través de lo que él denomina “revolución cultural” producir los cambios profundos que nuestro país demanda.
Actúa en los hechos, como si fuese justamente ese Bibliotecario ansiosamente buscado en el cuento de Borges, que tiene acceso ilimitado al saber de los saberes. Y, en consecuencia, no admite ninguna opinión adversa a sus supuesto Saber, por el contrario, descalifica con su lenguaje procaz a todos aquellos que se atreven a disentir con él.
Enfrenta –luego de casi 3 años– un Proceso de Destrucción Creativa en lo económico. Un proceso que como lo bien lo define el Premio Nobel Philippe Aghion en su libro "El Poder de la Destrucción Creativa", es un proceso “en el cual emergen continuamente nuevas innovaciones convirtiendo en obsoletas las tecnologías existentes”. Ingresan al mercado nuevas empresas con actividades diferentes, para atender los mercados existentes y las nuevas oportunidades que se presentan.
Los sectores de minería gas y petróleo, aparecen con fuerza como nunca antes había ocurrido en el escenario económico. Pronosticando ingresos futuros de dólares de gran magnitud, sustentados en un proceso de inversión real –altamente positivo- necesario e imprescindible para alcanzar el nivel de operaciones deseado.
Los sectores del agro y la Industria del conocimiento aparecen también ahora con posibilidades de un nuevo up grade. Y a ellos se le van sumando las nuevas generaciones empresarias, que buscan incorporarse a este Proceso de Destrucción Creativa,
Un Proceso que implica a su vez un concepto algebraico con aspectos positivos y negativos. Con sus más y sus menos. Y a los cuales hay que atender. Las cifras de empleo formal, los niveles de consumo y actividad económica y la ausencia de inversiones en infraestructura, están indicando que lo nuevo no alcanza a sustituir a lo viejo, de manera positiva.
Al decir de Aghion, el Proceso per se “genera riesgos y turbulencia que deben ser administrados” y para ello es preciso crear lo que él denomina “redes de seguridad “, fortaleciendo el entorno institucional del proceso, para mitigar la ansiedad y la falta de protección y perspectivas futuras que el proceso genera.
Nada de eso está ocurriendo. Y es preciso que se piense en ello. Porque el Proceso de Destrucción Creativa es necesario. “Es la fuerza conductora del capitalismo, asegurando su renovación y reproducción permanente”. (Aghion dixit).
La red de seguridad implica la existencia de un Estado inteligente y con fibra muscular, inmiscuido en ello. Y en alerta constante. Independiente de la conducción política de turno. Porque trasciende a ello. Porque en pleno siglo XXI, el trabajo estará en un estado de mutación permanente. Cuyos alcances desconocemos.
¿Es el Estado al que Milei apunta? No, porque el sostiene que es “el topo que ha venido a destruir el Estado”.
¿Podrá entonces lograrse, nuestro crecimiento y desarrollo en estas condiciones?
Sus economistas, devenidos expertos en caligrafía, sostuvieron que el crecimiento asumiría la forma de V, luego de U, siguiendo posteriormente con la pipa de Nike, para finalmente sostener que estamos en presencia de una K, donde el brazo superior es lo positivo que anula las negatividades del proceso, marcado por el brazo inferior.
Un debate abierto en el seno de nuestra sociedad. Y con ausencia –solo por ahora- de líderes y propuestas que sostengan modelos alternativos.
Milei, nuestro presidente, más allá de sus conductas y lenguaje – denotan un hilo delgado entre la omnipotencia y la impotencia- ya conoce la respuesta. Está justamente en los libros a los que él accede. Mas precisamente en uno de ellos: El Evangelio de Mateo 7:16-20, donde se encuentra reflejado cómo distinguir a los buenos de los falsos profetas, cuando señala de manera muy simple pero profunda: “por sus frutos los conoceréis”.
* El autor es economista.