Las perspectivas inflacionarias para el corriente año se presentan bastante por encima de los cálculos efectuados por el gobierno nacional, situación que de ningún modo puede hacer suponer un fracaso de la política encarada, sino, en todo caso, un detalle a observar si se valoran los vaivenes que procesos similares produjeron en otras economías.
Del 10,1% que se fijó en el presupuesto nacional para este año se pasa a una cifra muy superior, cercana al 30%, de acuerdo con las estimaciones de economistas que ponderan la actual política, pero reconocen que los resultados no pueden ser previstos como de aplicación automática.
Si de antecedentes se trata se ponen como ejemplo dos casos de países vecinos que pueden servir como referencia. Uno es el de Uruguay, que tras una feroz crisis económica de fines del siglo pasado y comienzos del actual, en base al ajuste y al equilibrio fiscal obtuvo un descenso lento pero seguro de una inflación que había trepado a porcentajes altísimos.
En cuanto a Chile, que viene llevando a cabo una política económica bastante respetada a pesar de los cambios de orientación política, la utilización de bandas cambiarias o flotación en el plano cambiario, la prudencia fiscal y la apertura de la economía le permitieron al país trasandino lograr la estabilidad que hoy muestra.
Volviendo a la Argentina, un detalle que sobresale es el aumento del desempleo, en especial en zonas altamente pobladas y con niveles socioeconómicos generalmente bajos. Se apunta al respecto que la transformación productiva suele afectar más empleo del que crea y eso se traduce, si se observa el plano socioeconómico, en mayor malhumor social y descreimiento en los procesos encarados por las autoridades.
Por ello es pertinente observar qué incidencia tienen la apertura económica y el mantenimiento de impuestos distorsivos en el humor de la población de cara al día a día de la economía doméstica.
Analistas calificados y coincidentes con el rumbo encarado, coinciden en que la economía se encuentra atravesando una etapa de transición que deriva en caída del empleo en zonas densamente pobladas, lo que significa un riesgo para el gobierno en cuanto a la consideración de su gestión y eventual repercusión en el próximo proceso electoral.
Una de las lecturas de tal situación es la mayor pérdida de puestos de trabajo en comparación con la creación de empleo que los sectores que más se benefician con la actual realidad económica producen. Es decir, la apertura laboral en sectores de alto crecimiento en el actual contexto, como la energía y el agro llamado nacional, no logra compensar la destrucción de puestos que sí se observa en otras áreas que requieren de mayor mano de obra.
Claroscuros de la economía que las autoridades no deberían desatender.