30 de octubre de 2012 - 23:00

Vigilar y controlar

Los argentinos no sólo debemos estar indignados, sino también hartos y ahora también dispuestos a reclamar por nuestras libertades ciudadanas, sostiene la autora.

El 11 de octubre de 2.010, Los Andes publicó mi nota sobre el "Estado de excepción". Ante el avance de las acciones que allí se denunciaban y la gravedad del contexto político , volvió a publicarse el 23 de febrero de 2.012. Estos relatos se complementaban con las notas: "Reflexiones sobre la Miedocracia y la Mediocracia" y "Los argentinos no solo debemos estar indignados , sino también hartos".

Hoy, con un profundo estado de estupor y vergüenza, vengo, no sólo a confirmar y hacerme cargo, de todo los que dije en esas oportunidades, sino a reclamar por nuestras libertades ciudadanas.

Salvo, los que pertenecen al sistema K, los ciudadanos comunes nos sentimos enjaulados en el panóptico, tan bien descripto por el filósofo Foulcault, en "Vigilar y Castigar". El panóptico es un espacio cerrado, recortado y vigilado, en el que los individuos se hallan controlados, en el que todos los acontecimientos se hallan registrados, con un trabajo ininterrumpido de centro a la periferia, en el que el poder se ejerce por entero, de acuerdo con una figura jerárquica continua, en el que cada individuo está constantemente localizado, examinado, vigilado y disciplinado.

El modelo chavista nos debe hacer reflexionar sobre qué futuro próximo nos espera a los argentinos: vigilancia, control, discriminación, persecución, mentiras, corrupción, inseguridad, acoso moral, pensamiento único y pérdida de nuestros derechos.

Nos mienten con la inflación, nos mienten con la seguridad, con los planes de educación, con el cuidado de la salud, con los sistemas jubilatorios, con los impuestos, con el manejo de los medios de comunicación.

Nos avergüenzan en Harvard, pretenden embrutecernos con el fútbol y sus propagandas políticas, con los discursos de Cristina y los presuntos filósofos de Carta Abierta, con la obsecuencia y corrupción de los nuevos habitantes de Puerto Madero, con la impunidad de los enriquecimientos ilícitos y los negocios sucios de los testaferros de turnos y de los que aprovechan las oportunidades de llenar sus bolsillos (Vila, Manzano, Alperovich, Moneta, etc.).

Nos avergüenzan con el lenguaje y el sentido de los personajes con los que el gobierno se rodea, como "Vatayón militante" o "Negros de mierda" (vemos a Filmus recibiendo un diploma que lo acredita como tal), los exabruptos de los jóvenes y no tan jóvenes de La Cámpora, el "ejército"" jujeño de Milagros Sala, las agrupaciones de Alicia (no en el país de las maravillas sino de la violencia institucional), los anillos "alquilados" del juez Oyarbide, la designación de la Coca como embajadora cultural con rango de subsecretaria, la injustificable manipulación de la justicia,etc, etc.

Y ahora, en nuestra provincia, que por fin contará con un Centro Cultural, al que se honra con el nombre de Julio Le Parc (para mi gusto debió llamarse Luis Quesada, Sarelli, Delhez o tantos otros artistas que nos llenan de orgullo), se comete el atropello de convertir la Feria del libro en un comité de divulgación de los relatos K.

Me pregunto: ¿quién es el coordinador de la feria para dirigirse despectivamente a esos "tipos" como Tomás Abraham, Lanata o la prestigiosa Beatriz Sarlo? ¿Cuál será su concepto de "coherencia intelectual"?

Es que los que no nos encolumnamos obsecuentemente tras el pensamiento único de los K somos "enemigos". ¿De quiénes? ¿Quién lo decide? ¿Qué ejemplo de pluralismo, tolerancia, jerarquía intelectual estaremos dando a los jóvenes y niños que visiten la muestra? ¿Cómo explicarán la notable ausencia de escritores, pensadores, artistas no invitados?

Esto es muy grave, estamos a punto de naufragar y perder nuestro sistema democrático: división de poderes, federalismo, educación pública, respeto por las libertades individuales, conciencia y responsabilidad cívica, valores y, lo más grave, nuestra dignidad e identidad ciudadanas.

Manifiesto mi deseo incorruptible de vivir en una República, sin golpes de Estado, con continuidad de los mandatos constitucionales; pero, cuidado, al Pueblo se lo gobierna, no se lo manipula y menos se lo asfixia.

Las opiniones vertidas en este espacio, no necesariamente coinciden con la línea editorial de Diario Los Andes.

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