El año 2018 nos dejó varias enseñanzas y al estilo que nos gusta a los argentinos: a los golpes. Parece que nunca vamos a aprender y hay dudas de que lo hagamos en el futuro. Austeridad en el gasto público, apuntar al superávit fiscal en lugar de vivir en déficit, limitar la presión impositiva, terminar con el festival de subsidios, evitar endeudamientos innecesarios, son algunas de las premisas que no queremos asumir hasta que viene el golpazo. Muchos prefieren creer que es injusto, que hay una conspiración, que nuestros abusos son justos y buscan algún candidato que les mienta un futuro mejor sin trabajar.
