Las causas no económicas de la inflación mileista

En los hechos, Milei está haciendo un gobierno "liberal" -con sus luces y sus sombras- pero cada vez que algo le va mal (como ahora con la inflación) tiende a querer convertir su gobierno en "libertario". O sea, cambiar una teoría política razonable y muy exitosa en el mundo (el capitalismo liberal) por un dogma sectario que no se aplica en ninguna parte del mundo (el anarco libertarismo). Ese dogma lo expuso, disimulada pero plenamente en su discurso pronunciado en el AmCham Summit 2026, a fin de intentar justificar o echar la culpa a otros del crecimiento inflacionario.

El pasado martes, luego de conocerse los índices de la inflación de marzo, el presidente Javier Milei expuso en el AmCham Summit 2026, donde pronunció un discurso con amplias explicaciones económicas sobre el fenómeno y acerca de la situación general del país. Pero, en opinión de quien esto escribe, se trató más bien de una alocución donde, disfrazado con términos de teoría económica, lo que predominó es un enfoque ideológico, ideologista incluso, que en esta nota nos es muy útil para analizar las probables causas no económicas de la inflación en la era Milei.

Las causas de la inflación según kirchneristas y mileistas

El debate previo a la llegada a la presidencia de Javier Milei sobre las causas de la inflación nunca fue económico sino ideológico entre kirchneristas y mileistas. Profundamente dogmático.

Los K sostenían que la inflación era causada básicamente por la puja distributiva del ingreso. Para ellos la inflación bien manejada por un "gobierno popular" era una forma de repartir más recursos hacia los de abajo sacándoselos a los de arriba. Idea tan absurda que la hiper es, con esta lógica, su consecuencia inevitable, tal como ocurrió, porque la inflación siempre distribuye regresivamente, hasta que llega a un nivel que hace volar todo por los aires. No existe inflación "buena", como sostienen los K.

Milei, en cambio, sostenía que la inflación era un fenómeno pura y exclusivamente monetario y que, por lo tanto, si se eliminaban drásticamente, en un solo acto y para siempre, al déficit y la emisión, la inflación desaparecería también para siempre. Podría demorar unos pocos meses más o menos en morir por el desajuste anterior de precios, pero que morir moría definitivamente. Esto tampoco es una teoría económica, es otro dogma ideologista como el kirchnerista. Que, a dos años y medio de la presidencia de Milei, tampoco se está cumpliendo.

La inflación, lo dicen todos los especialistas serios, es un fenómeno multicausal y por eso hay que atacar muchas cosas a la vez para combatirla. El distribucionismo kirchnerista y el monetarismo mileista son unicausales. Por ende, falsos y erróneos.

Mientras Roberto Lavagna era ministro de Néstor Kirchner (heredado de la presidencia Duhalde), la inflación se mantenía a raya. Pero cuando fue cambiado por Felisa Miceli, la nueva ministra dijo la frase fatal: "un poquito de inflación nunca viene mal para reactivar la economía". Desde entonces, y hasta ahora, la inflación no se pudo doblegar nunca más. Como no se puede curar a un alcohólico casi terminal al cual al quitarle la bebida se deprime un poco, entonces le dan un vasito de vino para calmarle la depresión. Sí, quizá se cure la depre, pero volverá a caer en el vicio y esta vez quizá de modo terminal. Kirchner y Miceli abrieron las puertas del infierno y hasta ahora nadie las pudo cerrar del todo. A pesar de eso, Milei sigue teniendo su oportunidad, si abandona el dogmatismo y en vez de querer curar la inflación con ideología y dogmas, lo hace con políticas económicas adecuadas. Casi todos los países del mundo lo lograron.

Milei no es un economista, es un ideólogo

Javier Milei dice pertenecer a la escuela austríaca de economía, de tendencia ultraliberal, pero con muchos aportes importantes a la teoría económica general. Sin embargo, dentro de esa escuela, nuestro presidente adhiere a la tendencia anarcolibertaria. Pero el anarco libertarismo no es una teoría económica, sino una teoría normativa. De economía casi nada, de ideología casi todo.

Aunque los nombre y homenajee de tanto en tanto, los ídolos de Milei no son tanto los liberales clásicos como Alberdi, Adam Smith o incluso el "austríaco" Hayek, sino excéntricos personajes como Murray Rothbard, Walter Block o Jesús Huerta de Soto, tres predicadores de un evangelio laico que se disfrazan de economistas pero sus ideas son más bien fabulaciones místicas que se venden como científicas y además piden para sí mismos la exclusividad de la verdad, la eficiencia, la justicia, la ética y la moral. Cuando, en el mejor de los casos, se trata de una ideología más. Que no quiere un Estado más chico, sino la desaparición total del mismo. Y que, en nombre de la sagrada e irrenunciable libertad individual, sostiene -entre otras "delicias"- que cualquier persona tiene derecho a vender sus propios órganos o a someterse a la esclavitud voluntaria si lo necesita para pagar sus deudas, porque toda transacción económica que hace el mercado por sí solo es lícita e incluso moral.

La moral según Milei

En los libertarios, y en Milei en particular, hay una confusión absoluta entre ideología y moral. Según ellos, hay ideologías moralmente correctas e ideologías inmorales. El liberalismo es por definición ético, el socialismo (en todas sus versiones) es por definición inmoral. La moral es puramente ideológica: el socialismo genera todos los males y hace mala a la gente, el individualismo genera todos los bienes y hace buena a la gente. Ahora bien, creer que una ideología determina la moral de una persona es un error garrafal que no resiste el menor de los análisis. Hay liberales y libertarios honestos, como hay estatistas y comunistas honestos. Y viceversa. De eso se da cuenta hasta un niño. Solo el sectarismo, el dogmatismo y la fe absoluta en el delirio a que esas actitudes conducen, impiden ver lo obvio.

Según dice textualmente Milei: "El dilema entre eficiencia y justicia es falso. Esto es: los mercados no sólo son superiores desde lo productivo, sino que también son justos, y, por ende, las políticas públicas deben estar guiadas por la ética y no el utilitarismo, ya sea económico y/o político, que siempre deriva en soluciones injustas, populistas y empobrecedoras".

En todos sus discursos sostiene que: "Nuestros valores señalan que mentir está mal, que robar está mal". De acuerdo, pero los valores éticos de todas las ideologías y de todas las religiones señalan lo mismo. Nadie defiende, al menos en las palabras, el robo y la mentira. Ahora, del dicho al hecho, siempre se interponen, desde los bolsos del López hasta los viajes y propiedades de Adorni. Y, por supuesto, corrupciones mucho mayores.

La inflación según Milei

Milei no considera, ni a él ni a su gobierno, responsables de la inflación del 3,4% de marzo, ni de los diez meses de crecimiento consecutivo de la misma. En todo caso, la culpa es de la oposición, pero si lo apuran, es capaz de decir, como dijo esta semana, que lo que estamos viviendo no es inflación. O sea que la inflación, en su gobierno, no existe, aunque todo indicaría que sí.

En su discurso ante los empresarios habló de “dos shocks de características descomunales” a mediados del año pasado y recordó que la inflación en mayo del 2025 bajo hasta el 1,5% “luego de que Manuel (Adorni) hiciera esa extraordinaria elección en CABA”. Sin embargo, después todo se da vuelta, porque según el presidente: " a partir de ese momento comenzó un ataque feroz de la política, al corazón del modelo. El Congreso pasó más de 40 leyes intentando romper el equilibrio fiscal".

Eso es algo falso de toda falsedad. Nadie atacó a Milei, salvo los kirchneristas que lo hicieron desde el primer día y lo seguirán haciendo hasta el último, como actuaron con Macri. Sólo que en aquel entonces tenían poder para incidir y hoy carecen de ello. O sea que los "kukas" no son culpables en nada de la inflación en la era Milei, no porque no quieran sino porque no pueden. Y con respecto a las leyes que le votaron en contra o las opuestas que le propusieron, la culpa es toda de los hermanos Milei que rompieron la virtual y exitosa alianza con todos los gobernadores no K del primer año para intentar hacer en todo el país lo que hicieron con Adorni en Capital Federal: enfrentar electoralmente a todos los gobernadores en sus territorios. Estos reaccionaron y se le pusieron en contra, quebrando la alianza legislativa. O sea, nadie lo atacó a Milei, sólo él y su hermana se pusieron contra todos, y la reacción fue inevitable.

Sin embargo, viendo que ese recurso remanido de echarle la culpa a los demás de los errores propios ya no se lo cree nadie, Milei apeló esta semana otro recurso. esta vez sí por demás extrañísimo: el de que la inflación no es inflación. Así lo dijo textualmente este martes en el AmCham Summit 2026: "La política monetaria no cambió. Por lo tanto, esto no es inflación estrictamente. Es que pegó un salto el nivel de precios por cambios en los precios relativos, pero la inflación de largo converge en la internacional. Al equilibrio al que vamos no cambió".

Milei está diciendo que al tener la inflación causas exclusivamente monetarias como indica su dogma, y al no haber cambiado esta política económica, lo que tenemos no es inflación, sino otra cosa, que vaya a saber uno qué otra cosa es. Se trata nuevamente de apelar a la ideología para explicar la economía. Negando lo obvio, lo que todo el mundo ve. Si la realidad niega la teoría, de lo que se trata es de defender la teoría y criticar la realidad parece decirnos el anarco libertario.

La micro y la macro según Milei

Todos, incluso los mileistas (menos Javier y Karina) aceptan casi como una obviedad que en el gobierno actual han existido muchos aciertos macroeconómicos, pero que ninguno de ellos se ha trasladado a la microeconomía. Por lo que la cuestión es encontrar las políticas económicas para trasladarlas. A fin de que la gente común en su vida cotidiana mejore su situación.

Sin embargo, el presidente no cree en eso. Cuando se lo preguntó un periodista dio una respuesta por demás sugestiva: “¿Sabías que pretender meter al Estado en la ‘micro’ es pedir corrupción y desigualdad ante la ley?”.

O sea, no es que el gobierno no sepa bajar lo bueno de la macro a la micro, sino que no quiere porque la ideología a la que adhiere Milei le dice que eso es negativo.

Ahora lo dice claramente, pero más elípticamente lo sostuvo ya en enero en el foro de Davos cuando acusó a uno de los economistas históricos más respetados del liberalismo clásico, John Stuart Mill, de prácticamente ser un comunista: "la fantasmagórica idea de John Stuart Mill, que postulaba la independencia entre la producción y distribución, es una sordera académica que derivó en el socialismo".

En otras palabras, Stuart Mill propugnaba la necesidad de tener una política económica distributiva más allá de la productiva (en nuestro caso, bajar la macro a la micro con políticas económicas activas) mientras que Milei cree que el Estado solo debe ocuparse de la macro, puesto que el mercado por sí solo bajará lo logrado en la macro a la micro. Eso no es una idea ni una teoría económica, es ideología antiestatista pura. Es dogma, es fe, es religiosidad economicista. Que nadie espere entonces que Milei mejore la calidad de vida de las personas concretas, aunque el país crezca por arriba, porque él considera que eso no es cuestión suya ni de su gobierno. La espontaneidad del mercado lo hará por sí sola. Y si no lo hace, Milei no lo considera su problema.

El Estado y el Mercado según Milei

En la ideología anarcolibertaria, el Estado es una enfermedad en sí mismo y su reemplazo total por el Mercado es la cura definitiva.

El Estado es el mal por definición, no por su tamaño ni por cumplir tareas que no le competen. Ya que, "filosóficamente" hablando, no le compete ninguna tarea. Estratégicamente debe desaparecer. El Mercado puede reemplazarlo absolutamente en la totalidad de sus funciones. Esa es la utopía anarco libertaria. Esa es la utopía, no quizá de todos los mileistas, pero sí de Milei en persona, que cree en ella a pie juntillas.

¿Como se traduce tácticamente eso hoy en la Argentina desde la política real? ¿Cómo hace Milei para ser el conductor de un Estado al que quiere destruir?: Sosteniendo que el Estado, transitoriamente, porque se heredó un país totalmente deforme, tiene que ocuparse de reconstruir la macroeconomía, y nada más. El resto no le corresponde, y con el tiempo ni la macroeconomía le corresponderá.

En el anarco libertarismo, a diferencia del liberalismo en todas sus formas (desde la derecha liberal hasta la socialdemocracia) no se trata de encontrar un punto justo entre lo que le corresponde al Estado y lo que le corresponde al Mercado, ni siquiera se trata de achicar el Estado a lo mínimo. De lo que se trata es de que debe desaparecer el Estado porque el mal no está en su tamaño ni en su uso sino en su misma existencia.

Para Milei, sin el Estado, la competencia se vuelve perfecta y así lo dice textualmente: "Bajo las buenas intenciones de corregir los fallos de mercado, se dejan abiertas las puertas a la intervención estatal. Pero los fallos de mercado -desde mi punto de vista- no existen". He aquí el dogma en toda su plenitud: el mercado no puede fallar, no puede equivocarse. Ni aun cuando, dejado a su libre albedrío sin control alguno, tiende al monopolio y a la concentración, porque si a eso conduce la libre oferta y demanda, la existencia de los monopolios es positiva. En una oportunidad llegó a calificar de "heroico" a cualquier monopolio gestado desde el mercado libre de la interferencia estatal. Eso de defender a los monopolios como un elemento positivo de la economía (cosa que EE.UU. jamás hizo en toda su historia, por el contrario, los combatió siempre, aún con los presidentes más ultraliberales) no es una política ni una teoría económica, es pura ideología, de la más estricta cepa dogmática.

Si Milei en vez de ser dirigente político fuera dirigente de fútbol, la aplicación de su ideología lo conduciría inevitablemente a la concepción de que jugar un partido de fútbol es tarea exclusiva de los jugadores porque los directores técnicos son estatistas, los árbitros son reguladores, los reglamentos son regulaciones y las instituciones del fútbol son corporaciones. Se trata de eliminar todo lo que tenga que ver con estatismo, regulaciones y corporaciones para dejar que la competencia deportiva se equilibre a sí misma a través de la libre oferta y demanda del juego entre los jugadores. Ellos solos llegarán al equilibrio perfecto sin interferencias que limitan el juego, porque las fallas del mercado no existen.

Tanto en política como en todas las actividades de la vida, según el libertarismo, el mercado se regula solo, en realidad ni solamente se regula, se equilibra solo, haciendo que queden los mejores y desaparezcan los peores.

Esta ideología pseudo religiosa disfrazada de política económica confunde la saludable propuesta liberal de Estado que estimule la economía de mercado a través de la oferta y la demanda como mecanismo central de funcionamiento social, lo que es una idea del todo respetable, con la enfermiza propuesta de crear una sociedad donde la oferta y la demanda se auto equilibren a sí mismas quitando toda interferencia externa, haciendo desaparecer al Estado y todos los controles. Idea delirante e irrealizable solamente defendida por sectas minoritarias, que no tiene nada de respetable.

En los hechos, la aplicación a ultranza de esta religión ideológica no conduce a crear un capitalismo de mercado eficiente, sino un regreso hobbesiano donde el hombre inevitablemente vuelve a convertirse en lobo del hombre, compitiendo todos contra todos sin reglas porque la sociedad y el mercado libertarios se regulan por sí mismo. Una sociedad que no necesita distribución porque ella la hace el mercado por sí solo (el mercado es para los libertarios como el espíritu: sopla donde y cuando quiere), que no tiene que frenar los monopolios porque la libre oferta y demanda se ajusta a sí misma ya que por su propia naturaleza además de eficiente es justa y al ser justa es ética y moral porque sus valores son buenos, mientras que las demás ideologías, además de ineficientes e injustas son inmorales porque sus valores son malos.

La consecuencia de este pensamiento es que un libertario no puede robar ni mentir porque no existe en su naturaleza, mientras que un socialista o un estatista no puede dejar de robar ni de mentir porque esa es su naturaleza.

Y siguiendo con los ridículos, para un libertario todo lo que no es individualismo total es comunista, como para un troskista todo lo que no es colectivismo absoluto es individualismo neoliberal capitalista.

La sumisión absoluta al poder

Otra de las posibles causas de los errores que está cometiendo Milei es el riesgo de la personalización absoluta del poder que lo lleve a no escuchar a nadie más, salvo a su hermana, lo que empeora aún las cosas, porque se sectariza peor. En este esquema, todos los demás le deben pleitesía. Para muestra basta un botón: la totalidad de los ministros y funcionarios de Milei piensan que Adorni debería irse ya mismo del gobierno, unos porque lo creen culpable de todo lo que se lo acusa y otros porque al considerarlo políticamente muerto creen que deteriora horriblemente al gobierno. Pero por una razón u otra, todos quieren que se vaya. Sin embargo, son obligados a arrodillarse y a negar lo que creen, porque carecen absolutamente de poder para hacer otra cosa. Esa actitud de sumisión absoluta cierra los oídos del poderoso a cualquier consejo que disienta con sus convicciones y si el poderoso además es sectario, tanto por su personalidad como por su ideología, lo único que hará es seguir fortaleciendo el error.

En el colmo de los colmos, el más impresentable de todos los mileistas, el biógrafo que escribió una autobiografía autorizada de Milei, el escritor defensor de Videla y la dictadura militar sin tapujo alguno, Nicolás Márquez, en esta oportunidad dijo lo que todos piensan dentro del gobierno y nadie se atreve a decir: "La Libertad Avanza encarnó la mística de la honorabilidad. Que ella no se pierda por un sinvergüenza que se aferra al poder, ni por ministros indecorosos que lo avalan como muñecos de cera haciendo un bochornoso acto de presencia". El procesista Márquez se refiere a ese ignominioso momento en que los más prestigiosos ministros de Milei fueron llevados como ovejas al matadero para que se sentaran en primera fila a aplaudir, en modo claque, a Adorni en la última atroz conferencia de prensa que dio, donde no explicó nada y oscureció todo. Esa sumisión de los mejores, que los transforma en los peores, no ayuda a Milei, sino que lo perjudica, extraordinariamente. Lo ciega, le impide ver la realidad.

La personalización absoluta del poder

La relación con Donald Trump está llevando a Milei a otra cuestión peligrosa para sí mismo. Si bien hoy esa relación es extraordinariamente favorable para él (le permitió ganar una elección crucial que estaba casi perdida) e incluso para el país (permitió ganar un juicio multimillonario por YPF que estaba casi perdido), por la forma en que está construida, puede convertirse en lo contrario de un día para otro.

Porque la alianza de Milei no es con los Estados Unidos, sino solamente con Trump. No es una asociación entre países, es entre personas. Las dos más poderosas de cada nación, pero personas al fin. Mientras a Trump le vaya bien, a Milei le irá mejor, pero cuando a Trump le vaya mal, a Milei podría irle peor aún puesto que, por la personalidad de ambos presidentes, se trata de una relación sobreactuada. Beneficiosa hoy, pero riesgosísima si cambian las circunstancias. En este caso la ideología es más fuerte que la defensa de los intereses nacionales. Como lo es todo en Milei.

En fin, no estamos diciendo que Milei aplique su ideología libertaria en todo lo que hace, lo que decimos es que él explica todo lo que hace en base a esa ideología delirante. Y que, tal vez, en esa contradicción entre el decir y el hacer esté uno de los fundamentos principales de los errores que está cometiendo. Tanto en economía como en política. La mayoría de ellos innecesarios porque su gobierno aún tiene elementos de sobra para terminar como un buen gobierno, si el presidente se sacara de encima todos esos prejuicios ideológicos y conceptuales que no son más que anteojeras que le impiden ver la realidad tal cual es.

No podemos asegurarlo, pero es probable que un Milei con fórmulas liberales atacaría mucho mejor la inflación que un Milei con delirios anarcolibertarios.

* El autor es sociólogo y periodista. [email protected]

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