8 de noviembre de 2012 - 00:11

"Tu victoria también es nuestra”

El autor critica la implicancia de la Presidenta argentina Cristina Fernández en la re-reelección del venezolano Hugo Chávez, como se verifica en la frase que titula esta nota.

El neomarxismo de Gramsci o socialismo del siglo XXI de Hugo Chávez

Con las palabras del título de esta nota,  felicitó Cristina Fernández de Kirchner al dictador venezolano por su triunfo en las elecciones del 7 de octubre de 2012. Esta victoria implica que en el país caribeño Chávez completará 19 años como Presidente en 2019, con lo cual ha dejado de ser un sistema republicano, por no existir periodicidad en la función sino continuidad indefinida, con el solo límite de su vida.

El régimen es sin dudas una dictadura constitucional como la describí en mi trabajo reciente en Los Andes ("Temer a Dios y un poquito a mí", 26/09/12), con aparente funcionamiento de los tres órganos del Estado: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, pero estos últimos absolutamente subordinados al dictador.

El 5 de octubre último, los empleados públicos de Venezuela recibieron un bono a cancelar en diciembre próximo, alentándolos al triunfo de la revolución bolivariana, clara señal de la direccionalidad obligatoria del voto y fraude electoral indirecto. Tengo copia del documento entregado a los empleados, que circula por la red mundial.

 Jorge Lanata en su "Periodismo Para Todos" del domingo 14/10, mostró claramente en un video el acoso de los servicios secretos a él y a su equipo periodístico, con secuestro de material, privación temporaria de la libertad y demás exquisiteces del régimen, que son habituales en esta Venezuela sojuzgada. La prensa privada prácticamente no existe; es toda oficialista, con ausencia de libertad de expresión y peligro de la física. La "victoria" de Cristina pareciera ser la del "socialismo del siglo XXI" y su profundización, como lo pregona la dictadura caribeña.

En un trabajo en Revista del Foro on line del 20/09/12, Jorge Sarmiento García publicó "Algo más sobre el neomarxismo", donde explica con fundamentos de qué manera el "Manifiesto del Partido Comunista" de Marx y Engels fue aggiornado por Antonio Gramsci y adaptado a los siglos XX y XXI. En suma, el italiano instruye que no se debe intentar la toma del poder por la acción bélica revolucionaria, que pudo funcionar, agrego, en 1917 con la revolución bolchevique y en 1959 con la cubana de Fidel.

El neomarxismo es más sutil: la toma del poder debe serlo en forma pacífica, con apariencia democrática y con introducción cultural en todos los estamentos de la sociedad y del Estado. En verdad es lo que Marx enseña en la primera parte de su libro Manifiesto, etapa anterior a la revolución sangrienta que pregona al final, fracasada como experiencia mundial. Sin dudas, las teorías de Gramsci están aplicándose, especialmente en América Latina con Venezuela, Ecuador, Bolivia y en los movimientos culturales y universitarios de varios países de la región y de Europa.

Lo que antecede es sólo una síntesis estrecha de lo que me permito llamar "el huevo de la serpiente", cuyo objetivo es analizar el saludo de la Presidente a Chávez, título de este trabajo.

El saludo compromete al país en los asuntos internos venezolanos

Al sostener la Señora que la victoria de Chávez es "nuestra", confiesa la activa participación argentina en los resultados de las elecciones venezolanas. Cuando un Presidente dirige su discurso o su acción legítimamente hacia afuera del país, sin dudas debe hacerlo en nombre de su pueblo, o sea en el de cuarenta millones de argentinos en el caso. No se puede negar a los mandatarios presidenciales la facultad y aún hasta la obligación diplomática de felicitar a otros por sus triunfos electorales.

Pero afirmar que sus victorias son las "nuestras", excede con creces y peligrosamente los alcances de un saludo protocolar como debe serlo para respetar la individualidad y soberanía de cada Estado, incluido el del país felicitante. El sistema de gobierno y la ideología que lo sustenta es un tema exclusivo y excluyente de cada país, no estando permitido a las autoridades de los demás elogiar ni repudiar dicho sistema. En el mejor de los supuestos, convengamos que el saludo haciendo propio el triunfo, ha sido imprudente porque ha violado una de las reglas de oro de la diplomacia internacional: no intervenir en los asuntos internos de otro Estado.

Involucramiento en el saludo a "toda" la ciudadanía argentina

Es obvio que en la actualidad el segmento opositor del 50 o 60% o más de los ciudadanos -dada la caída estadística prima facie de Cristina y su gobierno- o aún el 46% de 2011, no participa, ni concuerda, ni se involucra con la dictadura, falta de republicanismo, de libertad personal, de prensa y de pensamiento, sojuzgamiento de los poderes del Estado y desconocimiento de las garantías constitucionales, como sucede en el régimen venezolano.
Cuando la Presidenta argentina expresa que su victoria es "nuestra", sin perjuicio de que no debería haberlo hecho según dije antes, puede y debe entenderse como una victoria propia, de sus funcionarios y sus partidarios, que ciertamente sí coinciden con los pensamientos y acciones gubernamentales de Chávez.
 
Ellos tienen derecho a pensar lo que les plazca aunque no concuerden para nada con los pensamientos de la oposición. Cristina suele decir desde el atril que gobierna en nombre de cuarenta millones y ojalá así fuera. Digo "ojalá" porque sus pensamientos y acciones autoritarias y populistas no son compartidos por lo menos por veinte millones de argentinos, un número considerable.

Sus voceros y en especial en los últimos tiempos: Juan Manuel Abal Medina, Dante Gullo, Miguel Pichetto, Aníbal Fernández, Edgardo Depetris, Luis D'Elía y otros, afirman que ellos han ganado las elecciones con el 54% de los votos y tienen derecho a imponer su praxis en el gobierno. Y agregan que cuando la oposición gane las elecciones, tendrá el mismo derecho.

Esto nuevamente es un sofisma. La mayoría del 54% de 2011, con seguridad no los votó para que fueran autoritarios ni violaran la Constitución y numerosas leyes, ni suprimieran de hecho las facultades legislativas ni sometieran a algunos jueces federales para que resolvieran las causas en su favor, especialmente las penales. Dentro de este porcentaje debe contarse una participación importante de clase media con voto no cautivo, que hoy rechaza al régimen y así lo demostró en el cacerolazo masivo, espontáneo y nacional del 13S.

Un Presidente debe velar por todo lo que hace al resguardo de los derechos y garantías constitucionales y legales de todos los habitantes y a los pilares de una democracia republicana pero no puede imponer sus pensamientos y menos obligar a los discrepantes a que piensen como él y sus partidarios. Existe al respecto una grosera confusión. Representar a todo un país no es lo mismo que imponer ideas o ideologías que no sólo no se comparten por todos los habitantes sino que expresamente se rechazan.

El pueblo vota la plataforma y el programa de gobierno, basados ambos en el bienestar general y el bien común que se promete, con las modalidades y tendencias propias del partido político que lo diferencian de los otros adversarios. Pero los ciudadanos no votan ni extienden un cheque en blanco y menos un bill de indemnidad para sus eventuales arbitrariedades o autoritarismos.

Y aquí reside la sabiduría de los gobernantes. Cuando proceden democráticamente, observando y haciendo observar la Constitución y las leyes, como rezan sus respectivos juramentos, se cubren de honor y dignidad y pasan a la historia como muy respetables demócratas cuidadosos de todas las ideas, propias y contrarias. Los autoritarismos y dictaduras no sólo no trascienden como ejemplos sino que sufren la condena de las generaciones presentes y futuras.

Las opiniones vertidas en este espacio, no necesariamente coinciden con la línea editorial de Diario Los Andes.

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