¿Puede un candidato estar alguna vez tan adelante por su propio bien?
¿Puede un candidato estar alguna vez tan adelante por su propio bien?
A medida que la contienda electoral de Israel empezó el martes pasado con una campaña relámpago de anuncios por televisión durante dos semanas, el primer ministro Benjamin Netanyahu está combatiendo un problema que, a primera vista, pudiera parecer envidiable: al parecer todos están seguros de que él ganará. Las elecciones serán el 22 de enero.
En el sistema de gobierno israelí de coalición multipartidista, ese supuesto ha llevado a muchos de los seguidores tradicionales de Netanyahu a coquetear con partidos de menor tamaño que atienden a intereses especiales.
Un asombroso 81% de los encuestados prevé que él sirva otro mandato, con base en una encuesta conducida por Dialog y publicada en el diario Haaretz. Sin embargo, desde esos días las encuestas han mostrado que el apoyo está bajando por la lista conjunta de candidatos que Netanyahu encabeza, de sus 42 actuales en el Parlamento, de 120 escaños, a tan solo 32.
"Ese es el peligro de ir a la cabeza: cuando todos dan por hecho que él va a ganar, sienten que tienen el lujo de votar por su verdadera ideología", dijo Gadi Wolfsfeld, catedrático de comunicación política en el Centro Interdisciplinario en Herzliya. "Irónicamente, lo que él está intentando hacer es probar que la izquierda realmente podría ganar. Si él puede socavar de alguna manera esa certeza de que va a ganar, entonces tiene una oportunidad realista de recuperar algunos votos, por supuesto".
Analistas políticos afirman que este desafío se ha vuelto más complejo debido a una campaña deslucida, pugnas internas y una serie de errores estratégicos que incluyen críticas a otros conservadores.
Si bien Netanyahu aún es el favorito para formar el siguiente gobierno, algunos pronostican que podría terminar con una mayoría relativamente baja en el Parlamento, en vez de una amplia coalición de unidad que le daría rienda más libre para fijar política y definir su legado.
"En algún punto entre desastroso y catastrófico", es como Sam Lehman-Wilzig, subdirector de la Facultad de Comunicación en la Universidad Bar-Ilan, describió la campaña del funcionario al frente hasta ahora. "Es puramente un emocional 'no queremos a la izquierda en el poder' y 'confíen en mí' y 'tengo experiencia y es por eso que ustedes deberían votar por mí'. No creo que eso vaya a entusiasmar a muchos".
Los detractores dicen que el primer error de consideración fue la decisión de fusionar el Partido Likud de Netanyahu con el ultranacionalista Yisrael Beiteinu. Eso, combinado con unas elecciones primarias del Likud que expulsaron a varios moderados populares, se ganó el rechazo de algunos electores centristas, destacaron los analistas. Después, a medida que integrantes de la derecha llegaron en tropel con Naftali Bennett, el carismático líder joven del nuevo partido Hogar Judío, Netanyahu lo atacó tanto a él como al ultra ortodoxo Partido Shas, por largo tiempo su socio político. Al parecer ambos ataques repercutieron negativamente.
Algunos analistas y gente del Likud-Beiteinu se quejan de que el primer ministro ha estado muy callado y reactivo, y que su reciente impulso sobre asentamientos judíos en el oriente de Jerusalén y Cisjordania ponían el conflicto palestino al centro de la campaña, obligando a la amenaza nuclear de Irán, con respecto a la cual él es más fuerte, a entrar a segundo plano.
En la mayoría de estos casos, "puedes ver las huellas digitales" del consultor político Arthur Finkelstein, estadounidense, dijo Gabriel Weimann, catedrático en la Universidad de Haifa que se especializa en comunicación política. Finkelstein fue llamado a Jerusalén la semana pasada a medida que la campaña se estaba viniendo abajo, en tanto varios analistas y gente enterada dice que ya pueden ver el comienzo de un cambio de estrategia.
De jean
Para empezar, los ataques dirigidos a Bennett han cesado. Además, todo parece indicar que el primer ministro se está volviendo menos rígido: hizo una gran demostración de vestir jeans para asistir a un evento de campaña de jóvenes profesionales por la noche del domingo, siendo cálido y afable en una entrevista para una transmisión por la noche del lunes, sentado en su hogar de infancia mientras recordaba haber jugado con la pelota y asar papas con sus hermanos.
Quizá un aspecto de mayor importancia, el primer ministro nuevamente está enfocado en oponentes a la izquierda. Durante el fin de semana que pasó, tres líderes de partidos de centro-izquierda hablaron de unirse para crear lo que llamaron una "coalición de bloqueo" para impedir que Netanyahu forme el siguiente gobierno. Si este esfuerzo de los tres se coagula en una creíble amenaza, pudiera asustar a los electores muy confiados en la reelección del primer ministro, que querían enviar un mensaje eligiendo a un partido más pequeño.
"El enfoque principal será, por supuesto, que podamos enfrentar a una coalición de esos tres partidos al día siguiente", dijo Silvan Shalom, prominente ministro del Likud, sobre el nuevo mensaje de la campaña. Reconociendo los tropiezos hasta la fecha, Shalom prometió: "Tenemos que empujar con más fuerza; tenemos que trabajar más arduamente; tenemos que explicar".
Las campañas israelíes son un sprint, en tanto analistas advierten que podría haber un importante movimiento antes de la votación, particularmente una vez que los comerciales de televisión sean dados a conocer. De hecho, el rostro de Netanyahu ya es ubicuo en vallas y pasos a desnivel en Tel Aviv, a la par del lema de la campaña: "Un primer ministro fuerte, un Israel fuerte".
El primer ministro hizo una breve aparición en un club de baile, pasando varios minutos extendiéndose fuera del escenario para tocar unas cuantas manos, con guardaespaldas cerca por tres lados. Habló durante menos tiempo, preguntando dónde estaban sus hijitos en la muchedumbre y bromeando después: "Todos ustedes son mis hijos".
"¿Quién quiere seguir protegiendo a Israel?" preguntó. "Existe una sola elección".
Cientos de personas entre 20 y 30 años de edad, en su mayoría varones, llenaron la pista de baile, aunque unos pocos bailaron pese a la música pulsante, más bien con la vista clavada en teléfonos inteligentes o agitando varitas de luz fluorescente.
"Una votación por un partido pequeño debilita a Israel", leían volantes de campaña distribuidos en el partido. "No desperdiciaré mi voto".
El problema del candidato a la cabeza estuvo claramente de manifiesto en varias entrevistas en el mitin. Richard Binstock, de 33 años de edad, inmigrante de Londres que trabaja en el campo de alta tecnología, dijo sobre Netanyahu: "Él representa a Israel y defiende a Israel y yo respeto eso".
Samuel Scott, de 32 años, quien trabaja en marketing y votó por Netanyahu en 2009, expresó una actitud similar. "Sí, admiro a Bibi personalmente, y soy miembro del Likud", dijo Scott, usando el apodo del primer ministro. "Pero, ellos quizá no obtengan mi voto en esta elección. Realmente odio sus tácticas de campaña. Pienso que es egoísta decir que un voto por cualquier otro partido es un voto desperdiciado".