El electrocardiograma de Venezuela no da tregua ni a los venezolanos que están tanto dentro como fuera del país, ni a los ojos expectantes de todo el mundo que observan azorados el sufrimiento del pueblo y la crisis humanitaria que impacta a toda una región.
Sin quedar muy lejos de la realidad puede parecer repetitivo hablar dedesabastecimiento alimenticio, eléctrico o de los productos básicos o de atropello a los derechos humanos, pero las imágenes que se vieron en todos los medios de tanquetas de las fuerzas armadas nacionales pasando por encima de los manifestantes y la fuerza bestial utilizada para mancillar las voces de reclamo nos dejan un nuevo hito de esta historia.
De estos hitos no podemos dejar de mencionar aquella proclamación del presidente encargado Juan Guaidó por la Asamblea Nacional, ni el bloqueo de los puentes de acceso a la ayuda humanitaria que hoy continúa recolectándose alrededor del continente. O el Venezuela Aid Live (o Música por Venezuela) del 22 de febrero pasado en el puente internacional Las Tienditas, en Cúcuta. O las continuadas manifestaciones del Grupo de Lima apoyando al líder investido, las diversas rupturas de relaciones diplomáticas tal sucedió con Estados Unidos, Colombia, Paraguay, entre otros.
El miércoles se vivió otra jornada dramática. La llamada Operación Libertad parece entrar en su fase final, tal como reivindican Guaidó y sus seguidores, y desde la madrugada del martes, con la liberación de Leopoldo López de la prisión domiciliaria que cumplimentaba a raíz de la condena en el año 2015 a casi 14 años de encierro, de la mano del presidente encargado Juan Guaidó y un grupo de militares bajo su orden.
Primero fue en la embajada de Chile, y por la tarde fue alojado en la residencia del embajador de España en la que se resguardó a López y a su familia.
El mensaje de ambos por los medios y en todas las redes, convocando una movilización y haciendo un llamado a que la gente tome las calles, y reiterando el llamado al cese de la usurpación por parte de Nicolás Maduro, tuvo una demorada respuesta de éste, quien se mostró junto al ministro de defensa, Vladimir Padrino, y al representante de la Asamblea Nacional constituyente, Diosdado Cabello, en cadena nacional. La receta repetida: negar y dirigir diferentes epítetos al gobierno de Estado Unidos.
Antes de ello, fueron los cruces discursivos entre Estados Unidos y Rusia los que evidenciaron sus posiciones conceptuales, libertad versus dictadura, revolución pacífica versus violencia estatal.
Quizás el diálogo mediático entre el secretario de Estado de Estados Unidos Mike Pompeo quien refirió que Nicolás Maduro tenía listo un avión para huir de Venezuela hacia Cuba y la posterior desmentida desde Rusia, acusando a Estados Unidos de lanzar “fake news”, corre el velo de lo que ocurre tras el telón. ¿Realmente no quiere Maduro dejar el poder, o no puede hacerlo?
¿Tiene Maduro asegurado su futuro de asilo en un eventual abandono de su cargo, o ha llegado ya a su punto de no retorno? ¿Cuál de estos intereses tiene al fin y al cabo más peso?