23 de abril de 2026 - 00:00

Homenaje al libro en su día

En Argentina, el 23 de abril de 2026 se celebra el Día Mundial del Libro. En la misma fecha se inicia la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, la que continua hasta el 11 de mayo y se realiza en el predio La Rural de Palermo.

Homenajear el día del libro, conlleva a la pregunta de por qué interesa el libro, por qué los que amamos los libros celebramos su existencia e indagar, mejor aún, qué es un libro.

En lo material, un libro contiene conocimiento. Años atrás el conocimiento comprendía, también, la textura, el olor, el color, la visión de la esencia del papel. En el ahora honorifica la era digital con páginas insertas en el espacio cibernético, lugar difícil de domesticar.

En otros órdenes, un libro es un amante fiel que nos espera cuando buscamos un dato, una historia o una frase que nos marcó de por vida. A veces una sola línea justifica un libro. Un libro es una maleta cerebral repleta de conceptos que nadie nos quita salvo que nos corten la cabeza; esa maleta viaja, convive y respira con nosotros. Un libro es diversión. Hay páginas célebres, como la escritas por Cervantes en su Quijote, que hacen llorar de risa, entonces, con la risa del libro el tiempo duele menos.

Un libro es revelación. La revelación de aquello que nunca creímos que podía suceder: lo que sucedió y que no entendimos; el relato de una vida semejante a la nuestra; el dato preciso para iniciar o terminar una investigación; la conciencia de un mundo que está más acá o más allá y que nos deslumbra o apabulla entre desilusiones, alegrías, horrores, tristezas, miedos, optimismos, advertencias, desolaciones, esperanzas. Es nuestro otro yo, el otro, el mismo.

Un libro, a veces, es sólo una hoja escrita que parece dedicada exclusivamente a nuestra sensibilidad; un lenguaje planetario que, desde el recóndito escritor que lo impulsó, llega para trasladarnos a un sitio de pura magia. Un libro es el que pesa en el corazón como bala de cañón, porque fue el que se escribió y nació como hijo sorpresivo después de un parto muy difícil; es ese que pega el knockout porque nunca se creyó que alguien lo leería; en humildad se piensa que no es el mejor y con simpleza se concluye que se aprendió y se intentó saber “el arte de hacer difícilmente versos fáciles”.

Un libro ayuda a tener la percepción de lo falso y la intuición de encontrar lo verdadero; es el que despeja la paja del trigo, la buena semilla que ofrece el mejor sembrador.

Un libro es la enumeración infinita de otros libros que pertenecen a la biblioteca infinita de un paraíso. Es la nominación de los amores, de los ideales inútiles o de las convicciones firmes. Es esa adoración a la remembranza permanente de lugares conocidos en la infancia, con dibujos de tigres, temores de espejos, relumbrones de cuchillos, brillos de caobas, templanzas de guitarras. Es la casa donde avanzan desconocidos que se temen, un lugar en el que se cierran las puertas, se tira la llave y se busca otro camino. Es la ciudad de los cines con películas a la tarde, confiterías familiares y más allá la pampa inmensa.

Un libro es otro idioma, una lengua ajena donde los valientes pelean a duelo de espada en un desafío que, en apariencia, nunca termina hasta que la razón escrita se impone por sólidas certezas. Un libro es “una presencia amistosa, aunque no se lo vea”.

Un libro es el mensaje claro de que la guerra parte huesos para dividir en sangre los arrepentimientos y que la lucha, suicida desde su comienzo, no sirve a ningún efecto: polvo del polvo nunca construye.

Un libro es el mensaje claro de que la paz tranquila embellece el mundo con actos luminosos de piedad. Ese libro es el que, ya leído, se relee.

El libro forma e informa, habla, dirige, ejemplifica, educa.

El libro importa. Si no importara, la Historia nunca hubiera contado su quema en la Biblioteca de Alejandría.

* La autora es abogada y Magister en Literatura.

LAS MAS LEIDAS