15 de enero de 2013 - 23:45

Vacaciones seguras y responsabilidad

Simples consejos para salir de vacaciones. Parecen verdades de Perogrullo, sin embargo ansiosos viajeros no las tienen en cuenta al iniciar el período de descanso.

Asegurarse el estado óptimo del vehículo tendría que constituir una práctica cotidiana, rigurosa, permanente, de todo conductor responsable. Este control no debería realizarse antes de las vacaciones -como sucede con frecuencia-  sino en cada oportunidad que corresponde, en el transcurso del año.

Una falla técnica puede provocar un siniestro y ello es factible que ocurra a pocas cuadras de casa o en medio de la ruta, durante el viaje de vacaciones. Revisaciones apuradas, uno o dos días antes de salir de viaje, plantean el riesgo de ítems sin examinar durante el control. Allí puede estar presente un futuro desperfecto o, peor aún, el germen de un potencial siniestro.

A último momento

No esperar hasta el último momento. Parecería que, ante la inminencia de un viaje importante, es habitual llevar a último momento el automóvil para su revisación.

Falta de tiempo, descuido, suelen determinar que no se realice el mantenimiento preventivo programado. Esto último implica, ni más ni menos que seguir las pautas establecidas por el fabricante controlando los ítems que se describen en el manual de uso del vehículo.

En época de vacaciones los talleres mecánicos suelen saturarse de trabajo. Por esta razón -y aunque lo deseen- los especialistas no siempre logran efectuar su labor con el rigor y la paciencia que exige una revisación exhaustiva.

Ésta debe incluir el control de la carrocería, neumáticos y componentes mecánicos y eléctricos. También se renuevan lubricantes, fluidos refrigerantes e hidráulicos. Los mencionados controles no pueden llevarse a cabo en cualquier momento sino cuando el vehículo ha recorrido el kilometraje -o transcurrido el tiempo- especificado en el manual.

Todo el año

Por lo expuesto, considero que mediante un correcto mantenimiento preventivo no sería necesario verificar nada en nuestro automóvil antes de cada viaje. En mi opinión, el vehículo tiene que funcionar perfectamente los 365 días del año, las 24 horas del día y no sólo al emprender las vacaciones.

Seguir las prescripciones del fabricante efectuando los controles preventivos que indica el manual de uso representa un hábito saludable. El fabricante es quien mejor conoce el producto por haberlo diseñado y construido. Por ello le interesa que el propietario disfrute su automotor en plenitud, con la mayor seguridad; sólo así ha de reiterar su confianza en el futuro adquiriendo productos de la marca.

Es lamentable la actitud de numerosos automovilistas que, al vender su unidad, no entregan el manual de uso al nuevo propietario. Parecería que lo conservan como souvenir del vehículo que no les pertenece. Nada más erróneo.

En su lugar deberían cederlo junto con las llaves. No obstante, los manuales de muchos modelos de vehículos en la actualidad pueden bajarse de sitios de internet en formato digital o solicitarlos prestados para su copiado. No hay excusas para prescindir de este auxiliar que brinda la información exacta del vehículo. Por ende, permite asegurarse el mejor cuidado de la unidad para funcionar en plenitud.

Una extensión

Para concluir, conviene recordar que todo vehículo es una extensión del cuerpo humano. Hace posible que los seres humanos se desplacen a una velocidad que ni en sueños podrían lograr sólo por sus propios medios. Un automotor es, a la par, un producto tecnológico que brinda extraordinario placer a quien lo conduce, siempre que se encuentre en óptimo estado de conservación.

Por ello, cada viaje ha de ser una oportunidad placentera, antes que motor de tensiones y amargura. El cuidado del vehículo durante todo el año, con un correcto mantenimiento preventivo, es la alternativa más económica y otorga la tranquilidad de viajar seguro en cualquier momento. Sólo es cuestión de hábito y responsabilidad.

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