Unitarios y federales en Mendoza: la batalla del Pilar - Por Teresa Alicia Giamportone

Unitarios y federales en Mendoza: la batalla del Pilar - Por Teresa Alicia Giamportone
Unitarios y federales en Mendoza: la batalla del Pilar - Por Teresa Alicia Giamportone

En la historia de Mendoza las décadas de 1820 a 1840 se caracterizaron por las luchas políticas y enfrentamientos armados entre unitarios y federales, que se suscitaron como consecuencia de las disputas por el poder y la imposición de una determinada facción política, sin posibilidad de convivencia con sus rivales.

Mendoza fue escenario de luchas violentas entre ambos bandos que competían no solamente por la ocupación del gobierno de la provincia sino también por la preponderancia sobre la región de Cuyo; esto lo confirma la presencia en Mendoza de Facundo Quiroga o Juan Lavalle, entre otros.  Esta situación derivó en gobiernos que tuvieron poca permanencia en el cargo y, en consecuencia, su desempeño al frente del Poder Ejecutivo fue breve o se limitó casi exclusivamente al ámbito militar y de defensa.

Durante estos años se produjeron combates, batallas, hostilidades y escaramuzas entre unitarios y federales, entre los que se destaca la batalla del Pilar (1829), estos enfrentamientos provocaron una alteración y ruptura en el orden institucional establecido y en la misma gobernabilidad. La penetración de las fuerzas de un sector ya sea unitario o federal no significaba el cierre de un ciclo para iniciar otro nuevo; por el contrario, sobrevenía un período de inestabilidad caracterizado por invasiones y combates para tomar el control del poder, así, luego de cada batalla, caía un gobierno y era sustituido por otro.

Con el avance unitario de las tropas del general Juan Lavalle sobre Buenos Aires, se unió a la marcha el general Paz sobre Córdoba, mientras que los unitarios dirigidos por Juan Agustín y Juan Cornelio Moyano se sublevaron en Mendoza, en el cuartel de Los Barriales en agosto de 1829, depusieron al gobernador federal Juan Corvalán y nombraron gobernador unitario al general Rudecindo Alvarado.

Ante la llegada inminente y amenazadora a Mendoza de las tropas federales, en agosto de 1829, la Legislatura le otorgó poderes absolutos al Gobernador, quien quedó a cargo del ejercicio de las facultades legislativas, mientras la provincia estuviera amenazada por una posible invasión de las tropas federales.  El gobernador publicó un bando por el cual “Declaraba la guerra a las fuerzas que venían desde la provincia de La Rioja, al mando del general Juan Facundo Quiroga con el propósito de invadir la provincia, además, a las tropas mendocinas disidentes que estaban bajo las órdenes del coronel José Félix Aldao, como también a todos aquellos que cooperaran o auxiliaran de algún modo a estas fuerzas”.

Los federales encabezados por el general José Félix Aldao y su hermano Francisco Aldao, el general Benito Villafañe y el coronel Manuel Quiroga Carril, entre otros, se unieron para salvar a la provincia de Mendoza. Sus tropas avanzaron y se situaron en la Plaza Mayor de la ciudad y desde allí, se dirigieron al gobernador proponiéndole que enviara una comisión para entrar en negociaciones o, de otro modo, se iniciarían las hostilidades y el conflicto sería mayor. Como respuesta a esta intimación, el Gobernador ordenó que, para defender a la población del avance de las tropas federales y quedar a salvo de un posible enfrentamiento se abrirían todos los templos para que las familias se refugiaran en su interior y convocó a todos los ciudadanos masculinos, que fueran capaces de tomar las armas a defenderse y ponerse bajo las órdenes de los jefes militares para reforzar la defensa de la ciudad.

Las fuerzas unitarias estaban integradas por el general Pedro León Zuluaga, general Rudecindo Alvarado, los sanjuaninos Francisco Narciso Laprida, que había sido el presidente del Congreso de Tucumán en 1816, y el joven Domingo Faustino Sarmiento, entre otros.

No hubo ningún tipo de acuerdo y ambos ejércitos se enfrentaron el 22 de setiembre de 1829 en los campos del Pilar, en el actual departamento de Godoy Cruz, sitio donde localiza el barrio Batalla del Pilar, en memoria de este hecho.

De las tropas federales que eran más numerosas salió Francisco Aldao y se dirigió al campo enemigo con la intención de llegar a un acuerdo y terminar la contienda, pero en ese momento fue asesinado, situación que desencadenó nuevamente el combate a sangre y fuego.

El resultado fue el triunfo de las tropas federales y numerosas muertes, entre las que se destacan la de Francisco Aldao por los federales y la de Francisco Narciso Laprida que fue asesinado después del combate, mientras que Domingo Faustino Sarmiento salvó por milagro su vida. Además, obligó al retiro inmediato del resto de los unitarios que habían quedado con vida.

Al día siguiente, Juan Corvalán fue repuesto al frente del gobierno de Mendoza y en uso de las facultades extraordinarias se dispuso a poner orden y terminar con las consecuencias que había dejado la batalla, se adjudicó funciones judiciales al crear una comisión encargada de juzgar y dictaminar las penas por robos, hurtos o violación que se cometieran en la provincia. Para prevenir desórdenes que se pudieran cometer por las noches, el gobierno ordenó igualmente que todos los vecinos iluminaran sus casas, prohibió la apertura de las pulperías y venta de vino a los soldados, quedando obligados los pulperos a mantener con luz sus faroles.

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