Elecciones en la UNCUYO: el recambio generacional refleja la brecha de identidades partidarias

En la actualidad los estudiantes prefieren construir identidades políticas muy alejadas de aquella estructura tradicional binaria entre peronistas y radicales para elegir a sus representantes. Esta divergencia de datos pone de manifiesto una brecha creciente en las ideas, los códigos y las identidades políticas entre jóvenes y adultos.

Las elecciones de la Universidad Nacional de Cuyo suelen funcionar como un muestrario del clima de época, reflejando tensiones que exceden los límites del campus y se proyectan sobre la realidad política provincial e incluso nacional. Indudablemente suelen funcionar como un termómetro que mide la temperatura social.

Está claro que quienes en esa institución educativa estudian, trabajan o se han graduado, pueden tener una lógica afinidad política. Hasta lo considero sano, y normal, pues creo férreamente en la política como la acción imperativa que procura el bienestar general. En ese sentido, mucho se habla de que tal candidato es bancado por el radicalismo u otra candidata es peronista, lo cierto es que siempre hubo este tipo de dicotomías. Ha habido rectores vinculados al radicalismo, como Luis Triviño, María Victoria Gómez de Erice o Daniel Pizzi y también al peronismo, como Francisco ‘Paco’ Martín o Armando Bertranou. Incluso los hubo ligados al kirchnerismo, como Arturo Somoza. Pero más allá de esa incidencia partidaria, el nuevo tiempo nos demuestra que, a pesar de una generalizada lejanía entre los sectores dirigentes y la sociedad, en la UNCUYO por el contrario esa injerencia política y partidaria afortunadamente ha trascendido las generaciones, siendo cabalmente reflejado en la notoria participación estudiantil, como terminó de demostrarnos la reciente elección universitaria pasada. Ha habido cambios en las formas de elegir, pero las “vinculaciones” continúan. Sin embargo, comienzan a verse algunas modificaciones llamativas.

Tras conocerse los resultados de la primera vuelta en la UNCUYO, la foto nos devuelve una certeza ineludible: los tiempos están cambiando y si bien el peronismo y el radicalismo siguen manteniendo incidencia, como también en algunas facultades se muestran otros sectores focalizados, está claro que al menos en los últimos años, el peronismo no es la mayoría que supo ser, sobre todo entre los jóvenes, donde su histórico arraigo juvenil parece estar diluyéndose.

Para comprender este fenómeno, es necesario mirar el comportamiento de los claustros de manera fragmentada. Si fijamos la vista en los votantes de más edad —particularmente en el claustro docente, donde se elige con más peso el rumbo del rectorado—, el mapa se mantiene bajo las coordenadas de un esquema binario. Con matices, fragmentaciones e internas lógicas de cualquier proceso democrático, desde lo grueso se percibe un escenario muy parecido al de hace cuatro años. Las candidaturas vinculadas al radicalismo (como las de Gabriel Fidel e Ismael Farrando), y al peronismo (referenciadas en Adriana García y Javier Ozollo) polarizan el tablero: los primeros sumaron el 52,52% de los votos frente al 47,47% de los segundos.

Esta paridad que parece ajustada, aunque no lo es, reafirma la lógica de una grieta tradicional que se resolverá en la segunda vuelta electoral del próximo 23 de junio.

Pero la persistencia de este bipartidismo de los adultos contrasta con lo que ocurre en los pasillos, los centros de estudiantes, los buffet, las asambleas y los patios.

En los jóvenes, el escenario es completamente distinto. Las elecciones de la Federación Universitaria de Cuyo (FUCUYO) expusieron la brutal caída de representación del PJ en las nuevas generaciones: hoy, el peronismo se desdibuja y apenas logra retener 1 de cada 4 votos. La presidenta electa, Mercedes Hadid, de la Franja Morada de Derecho, se alzó con el 52% de los votos, pero frente a otras tres agrupaciones, de las cuales solo una se presentó como justicialista.

A las claras, esto demuestra que en la actualidad los estudiantes prefieren construir identidades políticas muy alejadas de aquella estructura tradicional binaria para elegir a sus representantes.

Esta divergencia de datos pone de manifiesto una brecha creciente en las ideas, los códigos y las identidades políticas entre jóvenes y adultos. Aunque el distanciamiento generacional no es novedad, sus características se han modificado de raíz en contextos de socialización radicalmente distintos, fuertemente atravesados por la cultura digital, la inmediatez y narrativas muy distantes de las formas tradicionales de organizar y hacer política partidaria. Mientras las cúpulas adultas siguen jugando bajo las reglas de la polarización institucional, los estudiantes configuran agendas propias, desprovistas de las viejas lealtades doctrinarias.

Incluso las edades y trayectorias de quienes aspiran a conducir el rectorado parecen profundizar simbólicamente esta brecha. Por un lado, un modelo de gestión actual, referenciado en Gabriel Fidel, vicerrector en actividad, que busca darle un viraje hacia lo nuevo, hacia la innovación y a la vinculación real de la Universidad para obtener mayores beneficios, incluso económicos. Por el otro, una candidatura históricamente ligada a estructuras tradicionales de la UNCUYO que a la luz de los resultados estudiantiles parece hablarle a un sujeto político que ya no habita las aulas de la misma manera que ayer. El verdadero desafío para el futuro de la gestión institucional será descifrar el idioma de una juventud que ya decidió no mirar hacia atrás.

* El autor es politólogo y docente universitario.

LAS MAS LEIDAS