Dinámica de lo impensado, tanto en fútbol como en política

Terminó el Mundial. Empezó la campaña presidencial. Surge un modelo para armar, un rompecabezas de tres tercios que por ahora tiene completo solo un tercio. Pero la realidad política argentina suele ser, como del fútbol decía Dante Panzeri, la dinámica de lo impensado.

Teórica, muy teóricamente y/o potencialmente, la campaña presidencial del año próximo tiene tres casilleros a cubrir, cada uno con una cantidad similar de electores, tres tercios. El de los que están seguros de que se debe seguir adelante con el gobierno que tenemos, el de los que creen que hay que continuar lo esencial del rumbo actual, pero cambiar a los gobernantes que tenemos, y el de los que creen que hay que cambiar totalmente el rumbo, incluso a riesgo de volver todo atrás. El primer casillero está representado por el mileismo, el último por el peronismo. En cambio, el del medio carece de representación electoralmente significativa. Y los indicios de que se cubrirá siguen siendo bastante escasos, aunque paradójicamente, los que quisieran poner su voto en ese tercio sin candidatos, sean bastante más que los de los otros dos.

Por ahora, lo comprobable y verificable es que apenas terminó el Mundial (fenómeno deportivo que al gobierno le sirvió para sacudirse del brutal desgaste autoinfligido por el affaire Adorni y a la sociedad para olvidarse un poco de tanta mediocridad política, sea oficialista u opositora) el que picó en punta es el gobierno. Quizá sabedor de que, siendo hoy por hoy el favorito (más por carencia de alternativas que por méritos propios, los cuales también tiene) aun así no le sobra nada, por lo que deberá aprovechar todo lo que tiene a su favor sin dejar pasar ni un instante.

En tal sentido, el operativo reelección de Milei en apenas pocos días postmundialistas, ya ha dado una importante cantidad de pasos necesarios a fin de convocar lo que necesita para ganar en 2027.

Primero, la propuesta de alianza electoral con la mayor cantidad posible de gobernadores (salvo los manifiestamente kirchneristas, las puertas están abiertas para todos). Una especie de revival de Juntos por el Cambio para ahora liderado por La Libertad Avanza, que en la alianza inicial aún no existía. Esta liga de gobernadores unificados con el gobierno nacional es casi un calco de la que propuso Alfredo Cornejo apenas asumió Milei, pero en aquel entonces el presidente decidió primero intentar otros caminos más tendientes al unicato, a no compartir nadie con nadie o lo menos posible con los menos posibles. Ahora, tanto parece necesitar ayuda que la organizadora de la probable alianza es Karina, la misma que dinamitó en las elecciones legislativas de 2025 los acuerdos con casi todos los gobernadores (excepto tres, mientras que ahora aspiran a quince o dieciséis) en búsqueda de un delirante Partido Único Mileista.

Segundo, la reafirmación ya casi hasta el absurdo de su trumpismo, verificado con su viaje a Brasil y el conflicto innecesario con Lula, una sobreactuación para quedar bien con el emperador de Occidente, aunque quizá ni éste le haya pedido tanto. Apoyar a los Bolsonaro no es reprochable, pero lanzar todo tipo de insultos cloacales contra el presidente y otras autoridades del país hermano bordea el ridículo. Además de ser muy peligroso en el caso de que los Bolsonaro no ganaran en octubre y que Trump perdiera en noviembre. Pero quizá en Milei ni siquiera el cálculo político haya sido el motivador de sus agresiones, sino su propia personalidad, esa misma que a la cabra siempre al monte la tira.

Tercero, todo lo que expresa la reforma de carta orgánica del BCRA, que no es ni más ni menos que la institucionalización plena de su política macroeconómica. Algo parecido a lo que la convertibilidad significó para el menemismo. La emisión desaparece y el déficit es castigado hasta penalmente. Y quien no sigue las reglas, quiebra. Quemar las naves para impedir todo regreso al pasado.

Cuarto, una especie de viraje en su batalla cultural desde el liberalismo o el libertarismo al nacionalismo con tendencias xenófobas, partiendo de un toque demagógico, bien electoralista: colgarse de la bronca que nos dejó el Mundial por la denominada campaña anti argentina, que quizá no represente a tanta gente pero que armó inmenso revuelo en las redes y en cierto periodismo sensacionalista del exterior. Los decretos de cobro de aranceles a extranjeros para estudiar o curarse en la Argentina, y sobre todo el que castiga con la expulsión a quien, no siendo argentino, exprese "odio" hacia los argentinos o la Argentina, es el intento (con inspiración santiagocaputista) de colgarse de un discurso patriotero ante una sociedad que terminó indignada por cómo muchos trataron a una selección de fútbol y al país al que pertenece, pese al papel relevante y positivo que tuvo la Messi Scaloneta en el campeonato, más allá de mayores o menores merecimientos. Sin embargo, una cosa tiene poco que ver con la otra: esta selección expresó a la mejor Argentina, mientras que defenderla desde el odio al otro expresa a la peor Argentina. Pero para el político en busca de votos es una tentación mezclarlas.

Y estas cuatro políticas son apenas el comienzo. Seguramente vendrán varias más. En realidad, la sumatoria es creciente porque el gobierno tiene más dudas de ganar de lo que la sociedad en general tiene de que gane. ¿Y por qué teniendo tanto a favor -o si se quiere, tan pocos adversarios electorales en contra- el gobierno está poniendo toda la carne en el asador? Porque está muy preocupado por una sola gran carencia que popularmente se la caracteriza como la de “no poder bajar la macro a la micro”. Lo que se traduce en un malestar creciente de la mayoría de la población frente a un gobierno que afirma ser exitosísimo en materia económica pero cuyos éxitos los está disfrutando una parte muy minoritaria de la sociedad y el resto continúa casi igual o peor a cuando todo esto empezó, siendo que en prácticamente todos los procesos de ajustes intensos anteriores pasó exactamente al revés, porque los costos principales se pagaron al principio y de a poco se comenzaron a recibir en la vida cotidiana de las personas comunes, beneficios crecientes productos del enorme sufrimiento inicial padecido. Hoy eso no está ocurriendo u ocurre muy poco y, por lo tanto, es la única bomba de tiempo que podría obstaculizarle a Milei poder reelegirse.

Lo que queremos decir es que, si el gobierno nacional hubiera tenido mayor éxito en bajar la macro a la micro, reelegirse sería casi un trámite. Claro que aún está a tiempo, pero el tiempo vuela. Y, además, no parece tener la menor idea de cómo bajarla. Por eso están echando mano a todo recurso que tiene a mano para distraer la atención de esa deuda social incumplida.

Aun así, cuenta con algo más su favor, al menos todavía: que los votantes que generalmente deciden una elección de estas características (ni el tercio que lo vota como sea, ni el tercio que no lo votará nunca, sino el tercio flotante que decide en cada elección) siguen siendo más propensos a seguir bancándose la malaria si la única opción que le ofrecen es volver atrás.

El peronismo sabe los temores que tiene el gobierno y por eso esta semana empezó, a través de Cristina -quien sigue siendo su líder de hecho- el intento de la reconstrucción de la unidad perdida. Olió sangre y actúa en consecuencia. Vislumbra una lejana posibilidad que hasta ahora no veía de poder pasar por el medio entre los que seguirán votando a Milei sin dudar y los que tienen dudas de votarlo nuevamente. Sin embargo, aún tienen entre ellos una enorme contradicción: Cristina cree que ese intento sólo será posible si marchan todos juntos, mientras que Kicillof tiene fundados temores del “piantavotismo” de Cristina. No obstante, hasta ahora la experiencia histórica demuestra que, aunque sea meramente amontonados, al final los peronistas siempre la pelean juntos.

Sin embargo, por ahora el peligro que corre Milei está más en la economía que no baja sus beneficios a la mayoría de la gente, que en el peronismo. Porque esa imposibilidad de derrame conlleva otro riesgo político: que ese tercio moderado que lo votó antes pero que hoy vacila, construya o encuentre lo que hoy no tiene: una representatividad propia. Con lo cual, de lograrlo, quien fuera el candidato/a de este tercio podría devenir apenas en un instante (como ocurrió con Milei 2023) en el candidato mejor posicionado. Porque ofrecería una respuesta al malestar con Milei sin necesidad de volver atrás. O sea, continuar lo bueno corrigiendo lo malo.

Ahora bien, el problema es que no hay candidato para ese tercio. Los que lo intentaron en las legislativas de 2025 fallaron todos. Entre los gobernadores no aparece nadie. A un nuevo outsider no se lo ve. Un tercer partido no hay, aunque Macri y los pocos suyos quisieran ocupar ese lugar. Quizá (y esto parece ser lo más interesante con todo lo que de improbable hoy tiene) podría surgir de una deserción dentro del propio mileismo. Y para eso hay una candidata cantada: Patricia Bullrich, cuyo objetivo estratégico final es exactamente ese, pero no necesariamente para 2027. Así como Milei le quitó la presidencia que ya casi era de ella, ella aspira a hacerle lo mismo a él. Pero eso no depende de ella sino del destino, vale decir, de una oportunidad que hoy sigue estando muy verde, salvo que Milei cometa más errores de los imaginables. Aun así, como dijo esta semana la misma Patricia Bullrich, ella se siente representante de ese tercio que votó a Milei, pero al que no le gustan sus modos. Y si a ello se le suma el malestar económico, la oportunidad puede aparecer. Pero hoy no está.

Repasemos.

El peronismo tiene que resolver un grave problema que más bien es una enorme contradicción (sin unidad no gana, pero si Cristina está dentro de esa unidad le será muy difícil ganar). Y por si eso fuera poco, los peronistas no han hecho absolutamente nada de nada para, aun siendo implacables críticos de Milei, adaptar sus ideas a los nuevos tiempos o criticar al menos los graves errores propios. Querer echarle la culpa de todos los pecados a un pobre infeliz como Alberto Fernández no les alcanza. Y así como, en los viejos tiempos, una consigna como “Perón vuelve” era convocante y unificadora, la actual de “Cristina libre” es poco menos que un horror, en particular para las intenciones del peronismo de volver.

La otra tercera fuerza, ya lo dijimos, es teóricamente la más atractiva, pero no tiene candidato que puede ir construyéndose como alternativa desde ya, y no se sabe si lo tendrá.

Por lo tanto, el sentido común indica que (en una foto del momento actual, no en una película) la continuidad de Milei, si no ocurre ningún evento extraordinario, está más cerca de concretarse que la vuelta atrás o la continuidad mejorada.

Sin embargo, el mileismo es quien más temor tiene de que eso no se concrete y por eso lanzó con tanta fuerza y tan anticipadamente la campaña, o la operación reelección, que es lo mismo.

Y eso es porque Milei sabe que su discurso actual explicando loa motivos por los cuales según él ganó el año pasado las legislativas, es una suma de patrañas: el presidente dice que ganó porque derrotó siete intentos de juicio político y una intentona de golpe de estado. Y porque Karina armó un partido propio en todo el país.

Algo falso de toda falsedad. La realidad no tiene nada que ver con eso y -aunque digan lo contrario- los hermanos Milei lo saben: la verdad es que el año pasado, Karina, por su delirio de crear un partido propio (y si es posible único) en una sociedad donde ya no cuentan los partidos, hizo enfrentar al mileismo con todos los gobernadores. Que por ende todos los gobernadores le quitaron apoyo legislativo, por lo cual no salió una ley más. Y que, ante tal desastre político, la economía empezó a tambalear. La consecuencia de tal andanada de errores llevaba no solo a que Milei podría perder las legislativas, sino que si las perdía de ese modo corría peligro la gobernabilidad y hasta la finalización del mandato. Eso lo pensaban hasta los mismos mileistas. Sin embargo, ocurrió un hecho trascendental política y culturalmente hablando: el auxilio incondicional de Trump, en dólares y en símbolos, que fue realmente el gran elector de Milei, el que lo salvó de la derrota, como el mismo Trump afirma. Y aunque Milei minimice ese apoyo, para adjudicárselo principalmente a él y a su hermana, en su interior sabe que, sin Trump, hubiera estado muy complicado. Por eso ahora no quiere repetir aquella experiencia y entonces busca hacer todo lo contrario de lo que hizo en 2025: apoyarse en una liga de gobernadores y construir el mayor consenso posible. No un partido único, sino retener como sea la presidencia. El unicato vendrá después, si logra reelegirse.

En suma, estamos empezando a transitar un modelo para armar, un rompecabezas de tres tercios que por ahora tiene completo solo un tercio. Pero la realidad política argentina suele ser, como del fútbol decía Dante Panzeri, la dinámica de lo impensado. Si no, ¿quién se imaginaba que un títere -además fallido- de Cristina le ganaría a Macri en 2019 o que un outsider insultador surgido de la tevé basura le ganaría a Patricia en 2023? O más delirante aún, que Trump, actuando como lo hiciera Braden en 1945 lograría el resultado absolutamente contrario al de aquel embajador a quien derrotó Perón, ganando las elecciones legislativas argentinas de 2025.

* El autor es sociólogo y periodista. [email protected]

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