Mientras el gobierno nacional propone derogar la ley del libro poniendo en riesgo la sobrevivencia de librerías y editoriales, la bibliodiversidad, la circulación de ideas, la cultura y el trabajo de quienes vigorizan el ecosistema editorial, los mesones de las librerías siguen luciendo novedades de la historia nacional. Algunas tienen como protagonistas a figuras centrales del siglo XIX o personajes menos conocidos; otros priorizan procesos o períodos históricos con la idea de facilitar lecturas de mediano y largo plazo sobre los grandes temas políticos o económicos argentinos; también figuran libros que ofrecen historias distintas porque hacen hincapié en gente común con el propósito de comprender cómo se hicieron cargo de sus vidas y de sus familias en el siglo XX. Esa es la enseñanza que deja la lectura del libro Abuelas, editado por las historiadoras María Berg e Inés Pérez. Un libro que pone en escena seis vidas de mujeres corrientes, y próximas a la vez, con el fin de entrelazar derroteros comunes y distintos de mujeres y familias de clases populares y clases medias en medio de los cambios operados en la economía, la política y la cultura a lo largo del siglo XX.
El horizonte de interrogación incluye problemas historiográficos clásicos: el impacto de la inmigración europea y la diversificación social en áreas pampeanas, el proceso de urbanización en ciudades principales e intermedias, la interconexión de pueblos rurales a través del ferrocarril, la irrupción de los partidos de masas y de sus líderes, la inserción en el mercado de trabajo formal e informal, la emigración interna como estrategia de subsistencia y crianza de la prole, el papel de la alfabetización, y de la explosión de revistas femeninas en las prácticas de lectura rurales y urbanas, el peso relativo del modelo de familia convencional y el entramado de relaciones de parentesco y amistad en la organización doméstica y comunitaria, la ampliación de la oferta universitaria como resorte de movilidad geográfica, social e intrafamiliar, las decisiones para romper el contrato matrimonial o para fundar familias en contra de la moral familiar o social, y aristas de subjetividades femeninas ligadas a sociabilidades trashumantes entre las grandes metrópolis culturales y centros urbanos periféricos, o por la espiral de violencia que volcó a las mujeres al espacio público en reclamo por la vida de sus hijos detenidos, secuestrados o desaparecidos por la maquinaria represiva estatal antes y después del golpe militar de 1976.
Bjerg y Pérez precisan en la introducción la insatisfacción de narrativas capaces de interpelar esa abigarrada experiencia colectiva por lo que convocaron a un elenco de colegas dispuestas a narrar las vidas de sus abuelas con el fin de conectarlas con el microcosmos familiar y las sociedades en movimiento de las que fueron artífices y testigos. Lo hicieron a través de la caja de herramientas de la historia social, y de los afectos o emociones, y provistas de los recaudos necesarios para escrutar evidencias esquivas por la naturaleza fragmentaria y selectiva de memorias y archivos disponibles. Con esas destrezas intelectuales se sumergieron en sus propios recuerdos, interpretaron fotografías, realizaron entrevistas a parientes o amigas y recolectaron testimonios en el ambiente familiar, o en archivos parcos e incompletos, a los efectos de ofrecer una mirada general e íntima a la vez de la manera en que sus abuelas tramitaron su propio pasaje en la Argentina del siglo XX. Pero ante todo el libro destaca, la secuencia cronológica de los cambios operados en las condiciones de vida de familias de clases populares y medias en ambientes rurales y urbanos de la región pampeana, el litoral y pueblos de Santiago del Estero, hoy desmantelados. En ese escenario, las abuelas aparecen como piezas de un tablero en el que opera el horizonte de prosperidad y el carácter igualitarista o de la sociedad móvil distintiva de aquel país, sin perder de vista la profundización de desigualdades regionales, experiencias de clase y diferencias de género.
El libro consta de seis capítulos que aparecen encabezados con los nombres de las abuelas, sin apellidos, y con fotografías guardadas en cajas sujetas al registro de lectura escogido por sus autoras: a veces, se trata del propio recuerdo; otras dependen de la documentación disponible y el conocimiento del contexto en el que fueron capturadas. A su vez, cada historia o biografía bascula entre la reposición del trayecto familiar e individual, o se organiza en torno a decisiones de las que no fueron testigos, aunque permanecían alojadas en la memoria familiar como marcas de identidad de sus abuelas. Se trata de estrategias narrativas de ningún modo ocasionales o emocionales en cuanto se fundamentan en las convenciones de la “ego-historia”, formalizadas por los historiadores Pierre Nora y Enzo Traverso, quienes destacaron la pertinencia del registro autobiográfico como enfoque apropiado de las formas de hacer historia que ganó terreno con la crisis de modelos macro explicativos, los usos de la biografía, las historias de los sectores subalternos, los estudios de género o la explosión memorial. Con ese bagaje a cuestas, las autoras ofrecen biografías reveladoras de gente corriente, sin estatus ni marcas de distinción evidentes, que componen de manera eficaz, retazos narrativos comunes o contrapuestos con capacidad de interpelar a lectores expertos como al gran público.
En suma, las historias mínimas de las seis abuelas permiten identificar modelajes múltiples de vidas de mujeres y de familias que por ser corrientes reponen las intersecciones entre lo individual y lo social, la eficacia de la ego-historia para hilvanar recuerdos y testimonios sobre tramos específicos y procesos históricos generales, y la refrescante revitalización de la narrativa para cruzar el umbral de la academia y capturar la curiosidad de lectores inquietos por conocer pliegues secretos, invisibles y conmovedores del pasado argentino o de una sociedad que ya se fue.
* La autora es historiadora del CONICET.