Comienzo por saludar fraternalmente a todos los escritores y a instarlos a que sigan escribiendo, ya que hoy por hoy hacerlo es responder con trabajo a la anticultura que gesta el gobierno de Milei.
El 13 de junio (1874) nació Leopoldo Lugones. Por eso se celebra el Día del Escritor. En nuestro país no se lo lee y se cuestiona su obra por razones políticas. Los que denigran al autor de "La guerra gaucha" son muchos y pocos quienes se atreven a la comprensión integral de un alma intensa, de un poeta enorme que amó tanto al país como para creer que debía cantar y enumerar las esencias del desafío, del riesgo y de la apuesta de una Argentina que comenzaba a derrumbarse.
Comienzo por saludar fraternalmente a todos los escritores y a instarlos a que sigan escribiendo, ya que hoy por hoy hacerlo es responder con trabajo a la anticultura que gesta el gobierno de Milei.
Casi todas las profesiones tienen su día y sus operarios son liberados, en la ocasión, de trabajar. ¿Quién le dará sus 24 horas de descanso a los escritores si como tales son los desocupados de siempre?
Se los considera artífices de historias non sanctas, librepensadores cuentapropistas y hasta no hace mucho, una suerte de parásitos o de desgracia familiar. Por otra parte, resultan muy interesantes si ganan dinero; son una especie de trofeo si se los invita a foros internacionales y prestigian al país, y se los teme si tienen influencia política.
Hay estados, como el mexicano, que alientan y ayudan a los escritores, aun cuando son adversarios políticos. Si hablan bien, los gobernantes agradecidos; si hablan mal, es una muestra de democracia y pluralismo. Así lo manifestó Elena Poniatowska en una Feria del Libro. En Cuba, la Literatura está subvencionada. En nuestro país es a la inversa de México. Si hablan bien, son chupamedias interesados que gozan de alguna canonjía; si hablan mal, están buscando un subsidio o un puesto en la administración.
Para el escritor mendocino es muy difícil por los costos. Editoriales e imprentas locales cobran la edición y no distribuyen. Quien ha venido a socorrernos es Alejandro Frías con su editorial LEO, ya que se cobra con la preventa. ¿Qué hace el autor con cien o doscientos ejemplares? Los coloca en las librerías, que casi nunca le liquidan su parte, salvo librería García Santos, regala a los amigos, envía a bibliotecas y suplementos culturales (que ya no hay) y el resto se queda juntando polvo en su casa.
Si edita en Buenos Aires, tampoco tiene distribución ni marketing, a menos que lo pague. La excepción es que le guste a una editorial y el caso más emblemático ¡aleluya! fue el de Liliana Bodoc. En Buenos Aires, hace años, eran bienvenidas las novelas y siempre que le gustaran al editor. Los cuentos son mal mirados y del ensayo y la poesía, ni hablar.
La posibilidad está en acceder al premio de un certamen. En España hay más de quinientos importantes, mientras que entre nosotros se cuentan con los dedos.
El 13 de junio (1874) nació Leopoldo Lugones. Por eso se celebra el Día del Escritor. En nuestro país no se lo lee y se cuestiona su obra por razones políticas. Porque se alejó del socialismo y en 1924, en Lima, en conmemoración del centenario de la batalla de Ayacucho, dijo: "Ha sonado otra vez para bien del mundo la hora de la espada" (el general Justo estaba en la primera fila de la platea).
Porque fue cómplice del golpe de 1930. Porque su hijo Polo introdujo la picana eléctrica en la Sección Especial. Y porque se suicidó con cianuro, entre otros varios motivos extraliterarios.
Es la misma estupidez de aquellos que no leen a Borges porque denigraba al régimen de Perón y dijo que los peronistas no son ni buenos ni malos, sino incorregibles. No olvidemos que en la Argentina hemos padecido censura y quema de libros y durante el Proceso, un milico retardado pretendió prohibir la música de Tchaikowsky porque era ruso. Ergo, comunista, como la vacuna Sputnik V.
Mientras el ruido faccioso cunde entre nosotros, en el palacio de Bellas Artes de México, por ejemplo (hace como cuarenta años), el gran poeta Carlos Pellicer dijo en una conferencia: "He venido a mostrarles quién era Leopoldo Lugones" y durante una hora y media leyó los "Romances del Río Seco".
Cuenta Hellen Ferro que al hablar en 1971 en San José de Costa Rica sobre "El modernismo en Lugones y Borges", quedó sorprendida por el amplio conocimiento de la audiencia sobre el poeta cordobés y añade que el rector de esa universidad dijo: "Es que Lugones, con Mallea y Borges, formaron a mi generación".
Lugones dejó escrito antes de matarse: "No puedo concluir la Historia de Roca. Basta. Pido que me sepulten en la tierra sin cajón y sin ningún signo ni nombre que me recuerde. Prohíbo que se dé mi nombre a ningún sitio público. Nada reprocho a nadie. El único responsable soy yo de todos mis actos".
Su hijo lo hizo enterrar con misa y honores en la Recoleta, de donde fue trasladado años después a Santa María del Río Seco, donde nació y el gobierno peronista dio su nombre a una avenida.
Pero la ironía mayor, trágica ironía, ocurrió durante el Proceso Militar en 1976. “Piri” Lugones, su nieta favorita, fue "chupada" y compartió la prisión con una sobreviviente de "la noche de los lápices", a quien le dijo: "Soy nieta de un poeta suicida e hija de un torturador".
Los que denigran al autor de "La guerra gaucha" son muchos y pocos quienes se atreven a la comprensión integral de un alma intensa, de un poeta enorme que amó tanto al país como para creer que debía cantar y enumerar las esencias del desafío, del riesgo y de la apuesta de una Argentina que comenzaba a derrumbarse.
Sería bueno, a propósito de esta fecha, aunque nadie nos dé el día de descanso, que repensemos a Lugones. No pretendamos que un escritor, además de excelente en lo suyo, sea un político esclarecido, un líder de las reivindicaciones sociales, un modelo de ciudadano, de padre y de esposo y un héroe nacional. Lugones, aun a costa de la pedrería barroca de sus versos, ayuda a entender muchas cosas de nuestro pasado con sus ensayos, sigue asombrando con sus cuentos fantásticos y torna a deslumbrar con su poesía, a pesar de la rima a ultranza.
* El autor es periodista y escritor.