Francisco Pérez podrá pisar satisfecho suelo mendocino cuando regrese de su segundo viaje a China porque, en su ausencia, los sectores internos que hace poco más de un mes anunciaron que transitarían legislativamente por caminos separados, ayer volvieron a unirse. Una reunificación que se esperaba porque no todos estaban convencidos de esa estrategia de confrontación que derivaría en una disputa interna en las urnas.
Si bien lo que se anunció es la reunificación de los bloques en la Legislatura, en la práctica sería el primer paso para un entendimiento más amplio, es decir, con respecto a las listas de candidatos para las elecciones de este año, más allá de que por ahora los sectores dominantes no dispongan el archivo del armamento dispuesto para la confrontación. Todo indica que la dirigencia oficialista se encamina hacia la constitución de una mesa de negociación en tal sentido.
Una constante del peronismo
"En el peronismo siempre hay disputa por el poder pero cuando existe riesgo rápidamente se va a la unificación", comentaba ayer un dirigente ajeno a la pelea entre sectores pero con mucha experiencia ya en esto de internas y acuerdos.
En realidad, dicen en el oficialismo que aquella medición de fuerzas que significó el acto de fines de marzo en Talleres, donde La Corriente liderada por Ciurca, Abraham y Miranda juntó a 14.000 adictos, puso punto final anticipado a la pelea interna. Incluso, desde el sector azul siempre hubo expectativa por un acercamiento más allá del acuerdo al que habían arribado con la línea que lideran los hermanos Félix en San Rafael.
Hay otro dato. Aunque nadie lo admita públicamente, pero sí por lo bajo, la movilización del jueves de alguna manera convenció a la dirigencia oficialista provincial de la necesidad de no perder tiempo en disputas que pueden resultar negativas a medida que avance el año electoral.
Un legislador nacional comentó ayer a un allegado al peronismo local que si bien el reclamo cacerolero es para toda la dirigencia política, el más perjudicado es el kirchnerismo nacional y, por extensión, el peronismo de las provincias.
El temor es que esta tendencia de movilizaciones termine teniendo lo que ya muchos de sus participantes comenzaron a reclamar: una oposición unida que ejerza un claro liderazgo sobre esa mayoritaria clase media que protesta en las calles.
Es que muchos temen que esto comience a marcar un fin de ciclo. Cacerolazos unificados y conducidos políticamente desde la oposición pueden pasar a ser muy peligrosos para la estrategia de aferrarse al poder que posee el kirchnerismo.
La fuerza territorial
Por todo lo acontecido, los intendentes de los distintos bandos del PJ mendocino tuvieron una opinión decisiva a la hora de encarar la reunificación de los bloques legislativos, posiblemente influidos, a su vez, por algún acuerdo de altos mandos (ver página 6).
Es que la tradicional vocación de poder del justicialismo se potencia cuando el partido se encuentra en el gobierno. De ahí el gesto de retomar la unidad para dar solidez a la gestión de Pérez. Curiosamente, este viaje del Gobernador, al que casualmente otra vez un "cacerolazo" en el país lo sorprendió en China, sirvió para que todo volviera a su cauce natural en el oficialismo.
Por el momento nadie quiere dar a conocer detalles de las encuestas que se realizan periódicamente, pero está claro que en el justicialismo están recibiendo indicadores que no sugieren otra cosa que encarar, en un marco de unidad, al rival a vencer, que es el radicalismo como partido y Julio Cobos como figura dominante en estos momentos.
Un ojo en la interna radical
La interna del domingo pasado en el radicalismo arrojó en la ciudad de Mendoza un resultado desfavorable para el intendente Fayad, un jefe departamental muy funcional al justicialismo tanto durante la gestión de Jaque como en la actual. Aunque con una gran paridad, esta contienda dio una satisfacción a Alfredo Cornejo, obstáculo insalvable para el PJ desde la conducción del radicalismo para la reforma constitucional encarada por el Ejecutivo.
En alianza estratégica con Cobos, Cornejo viene consolidando el andamiaje electoral con el que la UCR local pretende colocar nuevamente en el escenario nacional al ex gobernador y ex vicepresidente y comenzar a transitar un camino que permita al ahora principal partido de la oposición competir con posibilidades en 2015.
Lo que ocurra políticamente a Fayad es también de interés para el justicialismo, porque el siempre contestatario intendente de la Capital es actualmente socio de aventuras con Roberto Iglesias que, por ahora, está llamado a ser una opción radical que puede quitar votos en octubre al eje Cornejo-Cobos.
En la semana, dos legisladoras iglesistas volvieron a ser funcionales con el PJ al aportar votos para la media sanción de un proyecto de ley con el que el Ejecutivo busca neutralizar la ola de paros de los gremios de la salud como consecuencia de la irresuelta discusión paritaria del sector.
Así como decíamos antes que, respondiendo a su tradicional afán de poder, el peronismo siempre termina recomponiéndose internamente ante la adversidad, los dirigentes radicales tienen, por el contrario, una eterna estadística de desencuentros que terminan socavando sus propias bases, tanto como opositores con aspiraciones como en pleno ejercicio del gobierno. Por eso hay que observar la embestida cornejista en la Capital, capaz de poner límites al hegemonismo de Fayad y, a la vez, atemperar esas diferencias que debilitan la unidad partidaria.
