En el panorama actual de músicos de autor de la península española, el barcelonés de 49 años Daniel Cros esquiva fácilmente comparaciones desde varios frentes.
En el panorama actual de músicos de autor de la península española, el barcelonés de 49 años Daniel Cros esquiva fácilmente comparaciones desde varios frentes.
Su cancionero se resbala del modo Serrat, Sabina o Luis Pastor. Tampoco intenta construir una épica generacional como la de Ismael Serrano o Pedro Guerra, ni mucho menos reflejarse en las dislocaciones de Javier Ruibal o Daniel Sánchez García y de otros contemporáneos a él. Lo suyo, es suyo y derrocha originalidad.
Mimado por la crítica especializada, Daniel Cros ha edificado su propia identidad sonora, una identidad que ha quedado encastrada perfectamente en ese molde de independencia creativa en que ha tomado forma su última placa, la séptima de su trayectoria, "Aquello era entonces, esto es ahora", para muchos, el mejor ejemplo hasta la fecha de la habilidad de Cros para resumirse a sí mismo, para amalgamar poesías, influencias, territorios andados y géneros.
Camaleón y después
“Aquello era entonces, esto es ahora” puede interpretarse ciertamente como una declaración de principios que tiene al tiempo y sus conjugaciones verbales como un cronómetro metafórico y existencialista con el que ha venido midiendo su gusto por lo camaleónico en estas tres décadas: sus comienzos en el rock (fue cantante y guitarrista de la banda pop-rock de los 80, Brighton' 64) ; sus intercambios con Cuba, su trabajo como docente, su fascinación por el jazz, los ritmos latinos y afroamericanos, sin dejar de lado la propia rumba catalana o el pasodoble.
Estas formas estructurales sólo son envases flexibles donde guardar tanto rimas con sentido del humor como ironías inconformistas, lo que convierte a su repertorio en un zootropo de emociones: “Fortuna de haberte conocido”, es como una tragedia italiana fiestera relatada desde el punto de vista de un muerto asesinado en un juego de apuestas ; la conceptual “Nunca nada volvera? a ser lo mismo” habla de un “presente intransigente” y de un “pretérito pluscuamperfecto”. Por otro lado, la balada jazzera “Dejar la piel”, “Palante”, con sus juegos de rimas y optimismo desbordado y “Sangre del sur”, dedicada a un inmigrante, Pepe, su abuelo quien hizo la “introducción del Martini con dos cervezas”, equilibran este hábitat de sonidos trasatlánticos y eclécticos.
De viaje por el sur
El inquieto Cros viene de tocar el mes pasado del Taewha River Spring Jazz Festival en Ulsan (Corea del Sur) y de cerrar con anterioridad una mini gira de conciertos junto a la cantautora brasileña Sylvia Patricia por varias ciudades españolas.
Sylvia y Daniel se conocen desde 2009 y desde entonces han cruzado puertos – evidente en esa joya que grabaron a dúo “De vuelta”, con el grupo rumbero carioca Ai Ai Ai y la exquisita canción en portugués “Meus olhos” -.
Pero el plan ahora es estrenarse en escenarios argentinos y chilenos con un tour de al menos diez shows por Rosario, Capital Federal y La Plata. Y antes de cruzarse la cordillera, actuará dos veces en Mendoza (hoy en Tupungato, en el 12avo encuentro de música popular y mañana en Le Parc, ambos conciertos con entrada libre y gratuita), acompañado por los notables Sebastián Guillén y Marcelino Azaguate.
Daniel, además de cantautor es propietario desde hace una década de un sello, Rosazul Discos, cuyo atractivo catálogo incluye artistas de los más diversos como Orishas, Omar Sosa, Ibrahim Ferrer, Omara Portuondo, Paco Ibáñez, Totó la Momposina, María del Mar Bonet, Kepa Junkera, Sidonie, Martirio y Marta Gómez y más.
- ¿Cuáles son tus expectativas de tu primera visita al país?
Daniel Cros: Poder presentar mis canciones ante el público de diferentes ciudades argentinas y poder sintonizar con él. Esta primera visita ha sido posible gracias a los cancionistas con los que he colaborado en todos estos años: Pablo Grinjot y Javier Maldonado en Buenos Aires; Lautaro Barceló en La Plata; Pedro Reñé en Rosario; Walter Ulloa, Sebastián Guillén y Marcelino Azaguate en Mendoza, y Hernán Zuluaga y Cecilia Concha Laborde, en Santiago de Chile.
-¿Conocés algunos estilos o autores argentinos?
Escucho música argentina, me gustan mucho los clásicos del tango, también el folclore tradicional, autores como Atahualpa Yupanqui; algo menos de rock, pero por supuesto Andrés Calamaro, Fito Páez y Litto Nebbia, y músicos como Lisandro Aristimuño y Jorge Fandermole, que he conocido por recomendación.
- Hace diez años fundaste Rosazul. ¿Cómo ves ahora esta transición entre lo análogo y lo digital y de su propagación por internet?
La creación de Rosazul significó para mí un paso crucial. Lo primero, el reto de ganarme la vida con mi productora, paralelo a mi trabajo como músico. También significó un compromiso, incómodo, de tener que sacrificar buena parte del tiempo dedicado a lo creativo para dedicarlo a la gestión, a la organización, que nada tiene que ver con el trabajo musical, pero que a la larga también disfruto haciendo. Y también ha supuesto la gran suerte de poder trabajar de cerca con artistas como Paco Ibáñez, Totó la Momposina, Ibrahim Ferrer o Miguel Poveda, que han grabado en mi estudio.
Y con el tema de internet…el cambio de paradigma fue algo mágico al principio, recuerdo la emoción de recibir un correo desde Japón de alguien que había escuchado mi música en mp3. Qué poco sospechábamos por aquel entonces que podía multiplicarse la comunicación de esta manera.
- Contame de tu primera impresión de la música cubana cuando visitaste la isla por primera vez. ¿Te interesa indagar en otros géneros latinoamericanos?
- Yo me marché a La Habana con el propósito de aprender los ritmos afrocubanos: el yambú, la columbia y el guaguancó, y allí estudié entre congas, claves y sartenes. Tiempo después incorporé esos ritmos a algunas de mis canciones. Detrás de esa curiosidad estaba mi fascinación por experiencias como “Graceland” de Paul Simon o “Rei Momo” de David Byrne. Por supuesto, me interesan otros géneros latinoamericanos y estar descubriendo ritmos nuevos constantemente, cualquier cosa nueva que pueda enriquecer mi lenguaje musical.
- "Aquello era entonces, esto es ahora" el título parece una declaración de principios. ¿Cómo lo describirías en temáticas y estilos?
Es un título que de una parte buscaba retratar la situación actual de mi país, pero que a la vez sirve para contrastar cualquier cambio que sucede en la vida; es un confrontar el después con el antes. De hecho, la temática del tiempo está en el centro de muchas de las canciones: “pretérito pluscuamperfecto”, “presente impertinente”, “futuro duro de roer”.
- ¿Cómo va a ser el repertorio de tus conciertos en Mendoza?
El centro del repertorio es el último disco, pero también estoy estrenando temas nuevos y haré alguna versión como “Proverbios y Cantares”, de Machado-Paco Ibáñez. Además, en cada concierto hay un espacio para intercambiar temas con cancionistas de cada ciudad que visito.
- ¿La definición "World Music" es adecuada? ¿No será una etiqueta demasiado abarcativa?
La “world music” es una etiqueta que inventaron las multinacionales para revender la música folclórica. Mete en el mismo autobús a Ricky Martin, a Los del Río, a Violeta Parra y a Los Lobos. ¿Tiene sentido? Son maneras de clasificar, igual sirve para una estantería de discos pero no deja de ser un envoltorio para vender caramelos. El valor está en el caramelo.
Para no perderse un show:
Concierto 1
Día: miércoles 1.
Hora: 21.
En: 12vo Encuentro de Música Popular, Edificio Escuela Artística (Pasaje España s/n, Barrio Los Nogales, Tupungato).
Concierto 2
Día: Jueves 2 de octubre.
Hora: 21 hs.
En: Espacio Cultural Julio Le Parc (Mitre y Godoy Cruz).
Invitados: Juan Sebastián Garay y Marcelino Azaguate.
Ambos conciertos con entrada libre y gratuita.